Knowledge, Attitudes and Practices Towards Onchocerciasis among Children and Adolescents in the Formerly Endemic Foci of Mexico: A Cross-Sectional Survey in the Post-Verification Period
Una encuesta transversal realizada en las regiones de Oaxaca y Chiapas, anteriormente endémicas de México, revela que, si bien los niños y adolescentes mantienen actitudes favorables hacia el control de la oncocercosis, su conocimiento específico sobre la enfermedad y su vector, la mosca negra, sigue siendo críticamente bajo, lo que destaca la necesidad urgente de una educación sanitaria sostenida para mantener los logros de la eliminación en el periodo de postverificación.
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En las tierras altas del sur de México, se declaró una victoria silenciosa sobre una enfermedad que alguna vez causó ceguera y graves afecciones cutáneas. Esta enfermedad, conocida como ceguera de los ríos o oncocercosis, es transmitida por una diminuta mosca negra que se reproduce en ríos de corrientes rápidas. Durante décadas, los trabajadores de la salud trataron a comunidades enteras con medicamentos para detener la propagación del parásito, y para 2015, la Organización Mundial de la Salud confirmó que la enfermedad ya no se transmitía en México. Sin embargo, detener la propagación de una enfermedad es solo el primer paso; mantenerla alejada requiere vigilancia constante. Si la enfermedad regresara, tal vez traída por un viajero de un lugar donde aún existe, la población local necesita saber qué buscar y cómo protegerse. Aquí es donde reside el desafío: los niños y adolescentes que crecen hoy en estas antiguas zonas de la enfermedad nacieron después de que terminaran las campañas de medicación. Nunca han visto la enfermedad, nunca han recibido los tratamientos y es posible que ni siquiera conozcan el nombre del insecto que alguna vez amenazó a sus vecinos.
Un equipo de investigadores viajó a los estados de Oaxaca y Chiapas para ver qué sabían estos jóvenes sobre la amenaza que había desaparecido de sus vidas. Hicieron a cientos de niños y adolescentes, de entre ocho y diecisiete años, preguntas sencillas sobre la enfermedad, cómo se propaga y qué harían si vieran señales de ella. El objetivo no era encontrar personas enfermas, sino comprender la memoria y la preparación de la comunidad. Los investigadores descubrieron que, si bien los jóvenes estaban generalmente dispuestos a ayudar si surgía un problema, su conocimiento real sobre la enfermedad era sorprendentemente bajo. En Oaxaca, solo alrededor del 36 por ciento de los jóvenes habían oído hablar de la ceguera de los ríos, y en Chiapas, esa cifra descendió al 20 por ciento. Menos aún pudieron identificar correctamente a la mosca negra como la culpable. Muchos supusieron que era una mosca genérica o culparon erróneamente al mosquito, el insecto famoso por transmitir la malaria. Solo el 9.3 por ciento de los encuestados en Oaxaca y el 4.3 por ciento en Chiapas nombraron correctamente a la mosca negra.
A pesar de esta falta de conocimiento específico, la actitud de la comunidad se mantuvo fuerte. Al preguntarles qué harían si notaran un bulto sospechoso bajo la piel o sintieran síntomas, la gran mayoría dijo que acudiría a un centro de salud. En Oaxaca, el 96.4 por ciento dijo que buscaría ayuda médica, y en Chiapas, el 86.3 por ciento estuvo de acuerdo. La mayoría también dijo que tomaría medicina si se le recetaba y que informaría sobre cualquier bulto extraño a las brigadas de salud. Esto sugiere que la confianza en el sistema de salud sigue siendo alta, incluso entre aquellos que no comprenden la historia de la enfermedad. Sin embargo, esta confianza no se ve reflejada en los hábitos de protección. El estudio reveló que muchos de estos jóvenes todavía pasan tiempo cerca de ríos y arroyos donde se reproducen las moscas negras. En Oaxaca, casi el 70 por ciento había visitado estas áreas, pero muy pocos usaban ropa protectora o repelente para evitar las picaduras. Aunque el uso de mangas largas era algo común en Oaxaca, era raro en Chiapas, y el uso de repelente de insectos fue bajo en ambos lugares.
Los investigadores también buscaron cualquier signo de que la enfermedad pudiera estar regresando. Preguntaron a los niños si él o algún miembro de su familia habían sido diagnosticados alguna vez con la enfermedad, o si habían visto a alguien con los signos característicos como nódulos en la piel o problemas de visión. Las respuestas fueron tranquilizadoramente negativas. Solo una pequeña fracción de los participantes informó haber tenido la enfermedad o haberla visto en su comunidad. Esta falta de casos recientes concuerda con el estatus oficial de México como país libre de la enfermedad. El estudio concluye que, si bien la comunidad está lista para cooperar con los funcionarios de salud, el desvanecimiento de la memoria de la enfermedad representa un riesgo. Si las moscas negras todavía están picando y la nueva generación no sabe qué es lo que están picando, la puerta podría quedar abierta para que la enfermedad regrese. Los hallazgos sugieren que, para que la victoria sea permanente, la educación en salud debe continuar, enseñando a la siguiente generación a reconocer a la mosca negra y los signos de la enfermedad, asegurando que el silencio del pasado no se convierta en la ignorancia del futuro.
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