Value as semiotic representation or abstract wealth? Revisiting Turner’s Marxist theory
Este artículo critica la teoría marxista de Terence Turner por malinterpretar el valor como un marco transcultural de valoración en lugar de una forma históricamente específica de riqueza abstracta, argumentando en su lugar que el trabajo ritual entre los Mebêngôkre produce un equivalente sociocultural de la riqueza abstracta, revelando así la belleza como una categoría burguesa en lugar de una forma universal de valor.
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En el estudio de las culturas humanas, los antropólogos han buscado durante mucho tiempo un lenguaje común para comprender por qué las personas hacen lo que hacen. Buscan las reglas invisibles que guían cómo las comunidades comparten la comida, construyen hogares, crían niños y organizan sus vidas. Un concepto central en esta búsqueda es el "valor". En la vida cotidiana, solemos pensar en el valor como una etiqueta de precio, una medida de cuánto dinero vale algo. Pero para muchas personas alrededor del mundo, el valor no se trata de dinero; se trata de lo que hace que la vida sea significativa, de lo que conecta a una persona con su familia y de lo que le da a una comunidad su sentido de orden. Durante décadas, los académicos han debatido cómo comparar estos diferentes tipos de valía. Algunos argumentan que cada sociedad tiene su propio sistema único de valores, como un conjunto único de reglas morales. Otros, basándose en las ideas del economista Karl Marx, sugieren que existe una estructura más profunda y universal sobre cómo las sociedades producen y distribuyen la riqueza, incluso cuando no hay dinero de por medio. La pregunta en el corazón de este debate es si podemos encontrar un marco único que explique tanto el precio de una hogaza de pan como la importancia sagrada de un nombre familiar.
Este artículo revisita la obra de Terence Turner, un prominente antropólogo que dedicó gran parte de su carrera al estudio de los Mebêngôkre del Amazonas brasileño. Turner fue famoso por intentar aplicar las ideas de Marx a las sociedades no capitalistas. Argumentaba que cada sociedad organiza su trabajo en torno a un "valor" central que actúa como una brújula, guiando cómo las personas trabajan y cómo se tratan entre sí. Para los Mebêngôkre, Turner identificó dos valores principales: el "poder", que se relaciona con la autoridad y la jerarquía, y la "belleza", que se relaciona con la armonía, el ritual y el prestigio social. Turner creía que estos valores eran esencialmente formas de representación: símbolos o ideas que la comunidad utilizaba para dar sentido a su trabajo y a sus relaciones. Veía las ceremonias rituales, donde las personas intercambiaban nombres y realizaban danzas, como la forma principal en que estos valores se creaban y compartían. En su visión, los Mebêngôkre producían constantemente "valor social" a través de sus vidas diarias y ceremonias, de la misma manera que una fábrica produce bienes.
Sin embargo, el autor de este nuevo artículo, Ignacio S. Marmolejo, sostiene que Turner pasó por alto una parte crucial de la teoría de Marx. Marmolejo sugiere que Turner trató el valor demasiado como un símbolo o un signo, una forma de pensar sobre el mundo. En cambio, Marmolejo propone que el verdadero valor, en el sentido marxista, es un tipo específico de "riqueza abstracta". Esto no es solo un sentimiento o una creencia; es una fuerza tangible que puede comandar las acciones de las personas, incluso cuando estas no comprenden plenamente por qué lo están haciendo. En las sociedades capitalistas, esta fuerza es el dinero. Es un objeto que parece tener vida propia, capaz de hacer que las personas trabajen más duro o cambien sus vidas solo para obtener más de él. Marmolejo argumenta que Turner no vio que los Mebêngôkre también producen una forma de esta riqueza abstracta, pero identificó erróneamente qué era. Al centrarse demasiado en la "belleza" de los rituales como un símbolo, Turner pasó por alto el arduo trabajo productivo que realmente crea el poder para controlar a la comunidad.
El artículo analiza más de cerca las ceremonias más importantes de los Mebêngôkre, específicamente los rituales donde los "Grandes Nombres" se transmiten de los ancianos a los miembros más jóvenes. Turner describió estos eventos como una forma de que la comunidad expresara sus valores compartidos y uniera a todos. Veía los nombres y las danzas como hermosos significantes que representaban la unidad del grupo. Pero Marmolejo señala que estos rituales implican una enorme cantidad de labor física. La gente debe preparar comida, construir estructuras, ensayar canciones durante días y realizar danzas agotadoras. Esto no es solo una actuación; es trabajo. El autor argumenta que este trabajo ritual es lo más cercano que tienen los Mebêngôkre al tipo de "trabajo productivo" que crea valor en un sistema capitalista. Así como un trabajador de una fábrica crea una mercancía que puede ser vendida, los Mebêngôkre crean "nêkrêjx"—un término para los nombres, canciones y derechos rituales valiosos que se transmiten. Estos elementos no son solo símbolos bellos; son una forma de riqueza que posee un poder real.
La diferencia clave radica en cómo funciona esta riqueza. En un sistema capitalista, el dinero es una forma de "riqueza abstracta" que puede usarse para comprar cualquier cosa y comandar el trabajo de cualquiera. Es una fuerza que existe independientemente de la persona que la creó. Marmolejo sugiere que los Mebêngôkre crean una fuerza similar a través de sus rituales. Los "nêkrêjx" que producen no son meras representaciones de belleza; son objetos que contienen una especie de energía o potencial. Cuando un anciano pasa un nombre a una persona más joven, no está simplemente entregando un regalo; está transfiriendo una pieza de esta riqueza abstracta que le permite al receptor comandar respeto y organizar a la comunidad. El artículo sostiene que Turner perdió esto de vista porque se centró en la "belleza" del evento en lugar del "trabajo" que lo creó. Él vio el ritual como una forma de realizar un valor que ya existía en las mentes de las personas, pero Marmolejo muestra que el ritual es, en realidad, la fábrica donde este valor es manufacturado.
Esta distinción cambia nuestra comprensión de la estructura social de los Mebêngôkre. Turner describió un sistema donde todos ascienden y descienden en una jerarquía basada en la edad, donde las personas mayores tienen más poder. Él veía esto como un sistema natural, casi justo, donde las personas eventualmente tienen su turno para liderar. Pero Marmolejo sugiere que este sistema es más complejo y quizás más desigual de lo que Turner comprendió. Los ancianos que controlan los rituales son quienes capturan la "energía" del trabajo de la comunidad. Ellos deciden quién recibe los nombres y quién no. Al controlar el flujo de esta riqueza abstracta, mantienen su poder sobre la generación más joven. El artículo argumenta que esto es una forma de explotación, similar a cómo un jefe en una fábrica controla el trabajo de los empleados, pero ocurre a través del control del ritual y la belleza en lugar de los salarios. Las personas "bellas", que poseen los nombres y los derechos, son las que deciden cómo se utiliza la energía de la comunidad.
El autor también desafía la idea de que los Mebêngôkre simplemente "eligen" participar en estos rituales por amor a su cultura. Si bien la comunidad se reúne voluntariamente, el artículo sugiere que el sistema crea una presión para participar que es difícil de evitar. La labor requerida para producir estos nombres valiosos es inmensa, y las personas que realizan el trabajo son a menudo las mismas que están siendo controladas por los ancianos. El artículo señala que los Mebêngôkre creen que el poder para crear estos nombres proviene de fuentes externas, de los espíritus o del cosmos, en lugar de provenir de las personas mismas. Esta creencia ayuda a ocultar el hecho de que los ancianos son quienes realmente capturan y distribuyen este poder. Es un sistema donde los trabajadores creen que están sirviendo a un poder superior, mientras que los controladores de ese poder son quienes se benefician más.
Al final, el artículo ofrece una nueva forma de mirar cómo se organizan las diferentes sociedades. Sugiere que no deberíamos buscar los "valores" solo como ideas o creencias que las personas comparten. En su lugar, deberíamos buscar las formas específicas de "riqueza abstracta" que las sociedades crean: objetos o sistemas que tienen el poder de hacer que las personas actúen de ciertas maneras. Para los Mebêngôkre, esta riqueza se encuentra en los nombres y derechos rituales que se producen mediante el trabajo duro. Para las sociedades capitalistas, es el dinero. Ambos son formas de riqueza que pueden comandar la actividad humana, incluso cuando las personas involucradas no comprenden plenamente la mecánica detrás de ellas. El artículo concluye que, al comprender esto, podemos ver las estructuras ocultas de poder en todas las sociedades, no solo en aquellas que utilizan dinero. Nos invita a ver que la lucha por el valor no es solo sobre lo que la gente considera bueno o bello, sino sobre quién obtiene el control de la energía que mantiene en funcionamiento a la sociedad.
Este análisis no pretende haber resuelto todos los misterios del pueblo Mebêngôkre, ni sugiere que su sociedad sea exactamente igual a una capitalista. El autor es cuidadoso al notar que las formas específicas en las que esta riqueza abstracta se crea y se usa son únicas de los Mebêngôkre. Los rituales, los nombres y las creencias están profundamente arraigados en su cultura específica. Sin embargo, el artículo argumenta que el mecanismo subyacente —la creación de una forma de riqueza que comanda el trabajo— es una característica universal de la organización social humana que ha sido pasada por alto por estudiosos previos. Al cambiar el enfoque de "el valor como un símbolo" a "el valor como una forma de riqueza", el artículo abre nuevas preguntas sobre cómo funciona el poder en las sociedades que no utilizan dinero. Sugiere que la lucha por el control de estas formas de riqueza es una parte fundamental de la historia humana, una que continúa moldeando nuestras vidas hoy, ya sea que estemos en la selva amazónica o en una ciudad moderna. El trabajo de Turner fue un paso vital para entender estas sociedades, pero esta nueva perspectiva sugiere que todavía hay mucho por aprender sobre los motores ocultos de la vida social.
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