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Beyond the Weather: Urban Form and Active Mobility. The case of eight Indian cities

Este artículo cuestiona la noción de que el clima es una barrera principal para la movilidad activa en las ciudades indias, argumentando en su lugar que la forma urbana y la infraestructura inadecuada son los verdaderos determinantes de las tasas de transporte no motorizado, planteando así la inversión en infraestructura de transporte no motorizado sensible al clima como un imperativo crítico para la equidad y la seguridad.

Autores originales: Ronika Postaria, Sushma Modi, Paritosh Singh Rana

Publicado 2026-10-05
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Ronika Postaria, Sushma Modi, Paritosh Singh Rana

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En las bulliciosas calles de la India, una revolución silenciosa ya está en marcha, aunque a menudo pasa desapercibida para los planificadores urbanos. Millones de personas caminan y montan en bicicleta cada día, no porque hayan elegido un estilo de vida saludable o un transporte ecológico, sino porque no tienen otra opción. Este movimiento diario, conocido como viaje activo, constituye la columna vertebral de la vida urbana para los residentes de bajos ingresos del país, que no pueden permitirse coches ni un transporte público fiable. Durante décadas, una creencia común ha sostenido que el clima extremo de la India —calor abrasador, fuertes lluvias monzónicas y alta humedad— es la razón principal por la cual la infraestructura para caminar y andar en bicicleta sigue siendo tan deficiente. El argumento sostiene que el clima es simplemente demasiado duro para que la gente camine cómodamente, por lo que las ciudades centran sus limitados recursos en la construcción de carreteras para vehículos. Esta perspectiva trata al clima como una fuerza inalterable de la naturaleza que dicta cómo se desplaza la gente, sugiriendo que hasta que el clima se enfríe, la inversión en aceras y carriles bici es una pérdida de tiempo.

Sin embargo, un nuevo estudio desafía esta creencia largamente sostenida, sugiriendo que el clima no es la barrera que la gente piensa que es. La investigación se centra en la forma física de una ciudad: cómo se disponen los edificios, qué tan cerca están las viviendas de las tiendas y los empleos, y qué tan conectadas están las calles. Estos factores, denominados colectivamente forma urbana, suelen pasarse por alto en favor de culpar al clima. El estudio plantea una pregunta simple pero profunda: si la gente ya camina en las ciudades más calurosas y lluviosas, ¿qué es lo que realmente les impide caminar más? Al analizar datos de ocho importantes ciudades indias, los investigadores se propusieron ver si el clima realmente dicta cuánta gente camina, o si el diseño de la ciudad es el verdadero motor.

Los investigadores examinaron ocho diversas ciudades indias, que van desde las llanuras áridas y calurosas de Ahmedabad hasta las costas tropicales y lluviosas de Mumbai y Kochi. Recopilaron datos sobre cuántas personas en cada ciudad caminan o montan en bicicleta para ir al trabajo, y compararon estas cifras con dos conjuntos principales de factores. Primero, analizaron el clima, rastreando la temperatura promedio y la cantidad de lluvia que recibió cada ciudad durante diez años. Segundo, analizaron el entorno construido, midiendo qué parte del área de la calle estaba cubierta por edificios y carreteras frente a qué parte estaba cubierta por árboles. Utilizaron imágenes satelitales para contar la copa verde sobre las calles y para mapear la densidad de los edificios, creando una imagen clara de cómo lucraba cada ciudad desde arriba.

Los resultados fueron sorprendentes y revirtieron la narrativa habitual. El estudio encontró que no existe un vínculo significativo entre el clima y cuánta gente caminaba o montaba en bicicleta. Las ciudades con temperaturas templadas y mucha lluvia no tenían necesariamente tasas de caminata más altas, ni las ciudades más calurosas y secas tenían las tasas más bajas. De hecho, los datos mostraron que la temperatura y las precipitaciones tenían casi ninguna relación con el número de personas que elegían caminar. En cambio, el factor más fuerte fue la densidad del entorno construido. Las ciudades donde los edificios, tiendas y hogares estaban agrupados estrechamente, creando distancias cortas entre los destinos diarios, tenían las tasas más altas de caminata y ciclismo. Los investigadores descubrieron que en estas áreas densas, la gente caminaba simplemente porque sus destinos estaban cerca, independientemente de si el sol brillaba intensamente o la lluvia caía a cántaros.

Para entender esto, uno puede observar los casos específicos que el estudio destacó. Ahmedabad, una ciudad conocida por su calor extremo de verano que a menudo supera los 40 grados Celsius, sigue viendo que el 36 por ciento de sus viajes se realizan a pie o en bicicleta. A pesar del clima intenso, su disposición densa y sus barrios de uso mixto significan que los mercados, escuelas y lugares de trabajo están cerca de donde la gente vive, haciendo que caminar sea la única opción práctica para muchos. Del mismo modo, Mumbai, que enfrenta inundaciones por monzones y alta humedad, mantiene una cuota de viaje activo del 33 por ciento. Su alta densidad y su extenso sistema de transporte público obligan a millones de trabajadores a caminar el tramo final de su trayecto, una necesidad que el clima no puede contrarrestar fácilmente.

En contraste, la ciudad de Chandigarh ofrece una historia diferente. Es famosa por sus amplias avenidas arboladas y un clima suave y agradable, con la mayor cantidad de cobertura arbórea entre las ciudades estudiadas. Por todos los cánones tradicionales, debería ser un paraíso para los peatones. Sin embargo, tiene la tasa de caminata más baja de todas, de apenas un 13 por ciento. La razón reside en su diseño: Chandigarh fue construida sobre una cuadrícula de grandes sectores separados donde las viviendas, oficinas y mercados suelen estar lejos entre sí. La ciudad fue diseñada para separar los coches de los peatones, pero al hacerlo, hizo que caminar fuera poco práctico para la mayoría de los viajes diarios. Incluso con sombra y aire fresco, las largas distancias entre destinos significan que la gente debe conducir, demostrando que un clima agradable no puede compensar un diseño urbano que obliga a realizar trayectos largos.

El estudio también analizó a Kochi, una ciudad costera con fuertes lluvias y alta cobertura arbórea, que sorprendentemente tuvo una baja tasa de caminata. Los investigadores descubrieron que la geografía de la ciudad, fragmentada por cuerpos de agua e islas, dificultaba la creación de redes peatonales continuas. Esto reforzó la idea de que la estructura física de la ciudad —qué tan conectada está y qué tan cerca están las cosas unas de otras— importa mucho más que el clima. La presencia de árboles, aunque beneficiosa para la comodidad, no condujo automáticamente a más caminatas si la red de calles subyacente estaba desconectada o si los destinos estaban demasiado lejos.

Los autores argumentan que el enfoque en el clima ha sido una distracción, una forma para que los planificadores eviten el trabajo más difícil de rediseñar las ciudades. Sugieren que la decisión de caminar no es una cuestión de comodidad, sino de necesidad y oportunidad. Para los millones de trabajadores de bajos ingresos, mujeres y empleados informales que caminan todos los días, la falta de aceras seguras, sombreadas y continuas es una cuestión de salud y seguridad, no solo de conveniencia. El estudio señala que en ciudades como Singapur, que tiene un clima cálido y húmedo similar al de Mumbai, los planificadores han construido con éxito cientos de kilómetros de pasarelas cubiertas, tratando el techo sobre la acera como infraestructura esencial. Esto demuestra que el clima extremo puede ser gestionado mediante la ingeniería si existe la voluntad política y la intención de diseño.

En última instancia, el documento concluye que la barrera para el viaje activo en las ciudades indias no es el clima, sino la forma urbana. Las altas tasas de caminata que ya existen son impulsadas por la densidad de la ciudad y la proximidad de las necesidades diarias, no por una elección de ser saludable o ecológico. Los investigadores instan a los planificadores urbanos a dejar de preguntar si la gente caminará en el calor y empezar a preguntar cómo diseñar ciudades donde caminar sea la opción racional, segura y fácil para todos. Al cambiar el enfoque de culpar al clima hacia la reparación de las calles, las ciudades pueden crear entornos donde los millones de personas que ya caminan sean apoyadas, en lugar de verse obligadas a navegar condiciones hostiles. La solución no radica en esperar a que el clima cambie, sino en construir las redes que hagan posible el caminar para las personas que más lo necesitan.

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