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Integrating the Sustainable Development Goals into Health Professions Education in Central Asia and the Post-Soviet Space: A Scoping Review

Esta revisión de alcance revela que, si bien los países de Asia Central y de la era postsoviética han realizado sólidas declaraciones institucionales respecto a la integración de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la educación de las profesiones de la salud, la evidencia empírica sigue siendo críticamente limitada debido a los persistentes legados pedagógicos postsoviéticos y las barreras de recursos, lo que requiere una hoja de ruta regional de cinco pilares para cerrar la brecha entre la política y la práctica.

Autores originales: Sevara Mirkhamidova

Publicado 2026-09-04
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Sevara Mirkhamidova

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada año, el mundo acuerda un conjunto de diecisiete objetivos diseñados para solucionar los mayores problemas de nuestro planeta, desde acabar con la pobreza hasta proteger el medio ambiente. Estos son los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Uno de estos objetivos trata específicamente sobre la salud, pero los otros dieciséis objetivos —como el agua limpia, la energía limpia y la acción climática— también afectan profundamente la salud de las personas. Durante décadas, las personas que forman a los futuros médicos y enfermeros se han centrado casi exclusivamente en tratar la enfermedad una vez que aparece. Sin embargo, un número creciente de expertos cree ahora que, para proteger realmente la salud, las facultades de medicina deben enseñar a los estudiantes a prevenir las enfermedades mediante la comprensión del entorno y la sociedad. Esto significa formar a un nuevo tipo de trabajador de la salud que sea capaz de ver cómo un clima cambiante o un río contaminado enferma a las personas, y que sepa cómo solucionar esas causas fundamentales.

Este cambio está ocurá en todo el mundo, pero se mueve a velocidades muy diferentes en distintos lugares. Una nueva revisión de la literatura se centra en una vasta región que rara vez ha sido estudiada en este contexto: los quince países que alguna vez formaron parte de la Unión Soviética. Esta zona se extiende desde el Mar Báltico en el norte hasta las montañas de Asia Central en el sur. Estas naciones comparten una historia común de formación médica que se construyó sobre un modelo específico: los profesores dictan lecciones, los estudiantes escuchan y el currículo se divide en materias estrictas y separadas. Los investigadores querían saber si este viejo sistema está cambiando para cumplir con los nuevos objetivos globales, o si la región se está quedando atrás mientras el resto del mundo se adapta.

Para hallar la respuesta, los investigadores, liderados por Sevara Mirkhamidova, no realizaron un experimento nuevo. En su lugar, actuaron como cartógrafos, mapeando cada pieza de evidencia escrita que pudieron encontrar sobre este tema en la región. Buscaron documentos publicados entre 2015 y 2025, buscando cualquier cosa, desde políticas gubernamentales oficiales e informes universitarios hasta estudios científicos. Lanzaron una red amplia, buscando tanto en inglés como en ruso para asegurar que no omitieran trabajos locales importantes. Buscaron cualquier mención de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el cambio climático o la salud ambiental dentro de la educación médica, de enfermería y de farmacia en todos los quince países postsoviéticos.

La búsqueda reveló un paisaje sorprendentemente vacío. De más de mil documentos encontrados, solo cuarenta y dos fueron lo suficientemente relevantes como para ser incluidos en el análisis final. El descubrimiento más sorprendente fue el tipo de información disponible. Solo cuatro de estas cuarenta y dos fuentes eran estudios científicos reales que midieran lo que los estudiantes sabían o qué tan bien podían aplicar nuevas habilidades. La gran mayoría de los documentos eran simplemente declaraciones de intención. Las universidades y los gobiernos habían redactado declaraciones diciendo que planeaban integrar estos objetivos, o habían publicado políticas prometiendo hacerlo. Pero cuando los investigadores buscaron pruebas de que estas promesas se habían convertido en cambios reales en el aula o de que los estudiantes realmente habían aprendido el material, la evidencia era casi totalmente inexistente.

Los pocos países que tenían algunos datos eran Rusia, Kazajistán y Uzbekistán. Juntos, estas tres naciones representaban más del setenta por ciento de toda la información encontrada. Los otros doce países, incluyendo algunos de los más vulnerables al cambio climático en la región, no tenían evidencia documentada de ninguna actividad educativa relacionada con estos objetivos. Esto creó lo que el autor llama un "desierto de evidencia". En nueve de los quince países, simplemente no había registro de ningún esfuerzo por enseñar a los futuros trabajadores de la salud sobre el vínculo entre el medio ambiente y la salud humana.

Incluso en los países donde se registró cierta actividad, los investigadores encontraron una profunda brecha entre lo que se dice y lo que se hace. Las universidades en Kazajistán y Uzbekistán habían lanzado programas con nombres como "Embajadores de los ODS", y algunas facultas de medicina rusas habían añadido nuevos cursos sobre salud global. Sin embargo, estas iniciativas eran a menudo pequeñas, opcionales o limitadas a unos pocos estudiantes. Más importante aún, los métodos de enseñanza utilizados en estos programas a menudo chocaban con los objetivos que intentaban enseñar. La educación médica de la región todavía se basa fuertemente en el antiguo modelo soviético, donde un profesor se para al frente de un gran salón y entrega información a estudiantes pasivos. Este estilo de aprendizaje es muy diferente de lo que se necesita para comprender problemas ambientales complejos, los cuales requieren que los estudiantes trabajen juntos, resuelvan acertijos del mundo real y piensen críticamente sobre sistemas.

La revisión identificó varios obstáculos importantes que están frenando el progreso. Primero, hay una escasez de profesores que sepan lo suficiente sobre el medio ambiente para enseñarlo. La mayoría de los actuales profesores de medicina fueron formados en el sistema antiguo y nunca han estudiado el cambio climático o la sostenibilidad por sí mismos. Segundo, el currículo médico existente ya está saturado de información sobre biología y enfermedades, dejando poco espacio para añadir nuevos temas. Tercero, muchas escuelas, especialmente en zonas rurales, carecen de la tecnología y los recursos básicos necesarios para un aprendizaje moderno e interactivo. Finalmente, no existen normas nacionales que obliguen a las facultades de medicina a incluir estos temas. Sin un requisito del gobierno, estos cambios siguen siendo opcionales y fácilmente ignorables.

A pesar de estos desafíos, los investigadores encontraron razones para la esperanza. En los pocos lugares donde se preguntó a los estudiantes sobre sus opiniones, estos expresaron un fuerte deseo de aprender más sobre estos temas. Son una generación que ya es consciente del cambio climático y quiere ser parte de la solución. La revisión también destacó algunos proyectos piloto exitosos, como una iniciativa de salud verde en Kazajistán y nuevos cursos electivos en universidades rusas, que demuestran que el cambio es posible.

El autor concluye que la región está en el puro comienzo de este viaje. Propone un plan de cinco pasos para avanzar. Este plan exige que los gobiernos hagan de la sostenibilidad una parte obligatoria de la formación médica, que las universidades capaciten a sus profesores en estos nuevos temas y que los estudiantes sean socios activos en el rediseño de su propia educación. También sugieren que estos países trabajen juntos para compartir investigaciones y se asocien con organizaciones internacionales para obtener los recursos que necesitan. La ventana de oportunidad está abierta, pero requerirá un cambio significativo en la forma en que estas naciones piensan sobre la formación de sus futuros sanadores. Sin este cambio, la próxima generación de médicos y enfermeras en Asia Central y el espacio postsoviético podría estar mal equipada para enfrentar los desafíos de salud de un mundo en calentamiento.

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