``Bye Bye Cascada:'' Replacing Turnover Taxes with Subnational VAT in Argentina. An Interregional Input-Output Analysis.
Utilizando un modelo de insumo-producto multirregional, este artículo cuantifica la carga en cascada del impuesto sobre los ingresos brutos de las provincias de Argentina, revelando que su tasa efectiva es casi el doble del promedio estatutario y proponiendo tasas de IVA subnacionales equivalentes en términos de ingresos y bienestar para guiar una reforma que cambie de un sistema de tributación basado en el origen a uno basado en el destino.
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En la compleja maquinaria de una economía moderna, los impuestos son los engranajes invisibles que mantienen en funcionamiento al gobierno, pero también pueden trabar el mecanismo si están mal diseñados. Un tipo específico de impuesto, conocido como impuesto sobre los ingresos brutos, se aplica sobre el valor total de una venta en cada uno de los pasos que da un producto desde la materia prima hasta el consumidor final. Imagine un trozo de pan: si se cobra un impuesto al agricultor de trigo, luego de nuevo al molinero que muele el trigo, otra vez al panadero que elabora la masa y finalmente al tendero que vende el pan, el impuesto se acumula sobre sí mismo. Esta acumulación crea una "cascada", donde el precio final que paga el consumidor incluye no solo el impuesto sobre el pan en sí, sino una acumulación oculta de impuestos pagados por todos los que lo tocaron anteriormente. Esta estructura distorsiona la economía, fomentando que las empresas se fusionen verticalmente para evitar pagar el impuesto en cada etapa, y dificultando que los productores locales compitan con los bienes extranjeros que no conllevan esta carga oculta.
Argentina ha dependido durante mucho tiempo de un sistema como este para sus gobiernos provinciales, utilizando un impuesto llamado Ingresos Brutos. Si bien este impuesto proporciona ingresos esenciales para las veinticuatro provincias, su naturaleza en cascada se ha convertido en una barrera significativa para el comercio y la eficiencia. Mientras el país considera una reforma importante para reemplazar este sistema con un moderno impuesto al valor agregado —uno que solo grava la venta final y acredita los impuestos pagados a lo largo del camino—, los responsables de las políticas públicas se enfrentan a una pregunta difícil: ¿qué tasa debería tener el nuevo impuesto para reemplazar al antiguo sin causar una crisis fiscal? La respuesta no es un número simple encontrado en un libro contable, porque el impuesto antiguo está incrustado en la economía de formas complejas e invisibles. Para encontrar la respuesta, un equipo de investigadores construyó un mapa digital detallado de toda la economía argentina, rastreando cómo fluyen el dinero y los bienes entre cinco regiones principales y veinte industrias diferentes.
Los investigadores, Gabriel Michelena, Pedro Elosegui y Marcos Herrera-Gómez, utilizaron este mapa para rastrear el costo real del antiguo sistema de impuestos. Calcularon que, si bien la tasa impositiva oficial es de poco menos del 3 por ciento, la carga real oculta en el precio final de los bienes es casi el doble, es decir, un 5,4 por ciento. Esta brecha existe porque el impuesto se acumula a medida que los bienes se mueven a través de las cadenas de suministro. Para algunas industrias, particularmente la agricultura y la minería, el efecto es aún más dramático. Una tasa estatutaria de menos del 1 por ciento puede convertirse efectivamente en una carga del 6 por ciento para cuando el producto llega al consumidor, simplemente porque los insumos utilizados para fabricarlo fueron gravados en cada etapa anterior. El estudio revela que este impuesto oculto actúa como una penalización sobre las exportaciones, ya que los compradores extranjeros no pagarán el costo adicional que los productores argentinos no pueden trasladarles.
Para resolver el rompecabezas del reemplazo, el equipo calculó dos tasas diferentes para un nuevo sistema de impuestos más justo. La primera tasa, que llaman la tasa "equivalente en bienestar", mide la carga impositiva que realmente sienten las familias locales al comprar bienes para sus hogares. En todo el país, esta tasa es aproximadamente del 6,2 por ciento. Sin embargo, este número no cuenta la historia completa. La segunda tasa, la tasa "equivalente en ingresos", se pregunta cuánto impuesto se necesita para reemplazar todo el dinero que el gobierno recauda actualmente, incluyendo los impuestos ocultos en los bienes comprados para inversión, proyectos gubernamentales y exportaciones. Debido a que el nuevo sistema dejaría de gravar las exportaciones (para ayudar a que compitan globalmente) y no capturaría los mismos ingresos de las transacciones entre empresas, el gobierno necesitaría una tasa más alta para compensar la diferencia. Los investigadores encontraron que, para mantener equilibrado el presupuesto del gobierno, la nueva tasa de impuestos tendría que ser del 8,7 por ciento.
El estudio también destaca una realidad geográfica. La región central del país, conocida como Pampeana, genera casi el 78 por ciento de todos los ingresos fiscales bajo el sistema actual. Esto no es solo porque la región sea rica, sino porque las reglas fiscales actuales favorecen al lugar donde se fabrican los bienes en lugar de donde se consumen. Si Argentina cambia a un sistema donde el impuesto va al lugar donde reside el cliente final, el flujo de dinero cambiaría. Los investigadores encontraron que cada una de las regiones del país recauda actualmente más impuestos de lo que su propio consumo local generaría bajo las nuevas reglas. Esto significa que un cambio simple dejaría un enorme agujero en el presupuesto —unos 318.800 millones de pesos a nivel nacional— a menos que el gobierno amplíe la base imponible para incluir más tipos de gasto o cree un sistema para transferir dinero entre regiones para suavizar la transición.
El análisis también tiene en cuenta la realidad de que no todos pagan impuestos. En la economía informal, donde las transacciones ocurren fuera de los libros, el impuesto no se recauda. Los investigadores estimaron que, si ajustan por esta economía oculta, la tasa impositiva requerida para mantener los niveles de ingresos actuales aumentaría aún más, alcanzando potencialmente entre el 11 y el 12 por ciento dependiendo de cuánta actividad informal exista. Esto sugiere que la brecha entre el sistema actual y uno justo y eficiente es más amplia de lo que parece en el papel. El estudio concluye que, si bien reemplazar el impuesto en cascada es necesario para desbloquear la economía y ayudar a las exportaciones, es una operación delicada. La nueva tasa impositiva debe ser lo suficientemente alta para financiar al gobierno, pero lo suficientemente baja para no aplastar a los consumidores, y la transición debe gestionarse cuidadosamente para asegurar que ninguna región se quede sin los fondos que necesita para funcionar. Los investigadores han proporcionado los números precisos necesarios para diseñar esta transición, convirtiendo un complejo problema económico en un conjunto claro de parámetros para la próxima generación de política fiscal.
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