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Coordination without commitment in aid alignment and the use of country systems in the health sector of Somalia from 2014 to 2026

A pesar de la continua coordinación institucional y la adopción de siete instrumentos de alineación de la ayuda entre 2014 y 2026, el sector de la salud de Somalia no logró alcanzar una alineación fiduciaria significativa ni compromisos vinculantes, dejando la gran mayoría del financiamiento externo fuera del presupuesto debido a desafíos no resueltos de acción colectiva y credibilidad.

Autores originales: Khalid Mohamed Mohamud

Publicado 2026-10-27
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Khalid Mohamed Mohamud

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo de la ayuda internacional, existe una esperanza de larga data de que, cuando las naciones ricas donan dinero para ayudar a los países más pobres a construir hospitales o formar médicos, ese dinero fluya a través del propio gobierno del país receptor. Esta idea se denomina "uso de los sistemas nacionales". La lógica es sencilla: si la ayuda evade al gobierno local y va directamente a agencias extranjeras u organizaciones no gubernamentales, el gobierno local nunca tiene la oportunidad de aprender cómo gestionar su propio presupuesto de salud. Así, permanece dependiente y los sistemas destinados a servir a su población siguen siendo débiles. Durante décadas, los acuerdos globales han prometido que los donantes desplazarían gradualmente su dinero hacia estos canales locales. Sin embargo, en lugares azotados por conflictos o inestabilidad, lograr este cambio ha sido increíblemente difícil. La pregunta central para los investigadores siempre ha sido si el problema es una falta de planificación o una falta de confianza.

Un nuevo estudio de Khalid Mohamed Mohamud, especialista en financiamiento de la salud en Somalia, examina precisamente esta lucha durante un periodo de doce años, de 2014 a 2026. Somalia presenta un caso único porque ha sido un laboratorio para estos experimentos de ayuda. El país ha visto un flujo continuo de documentos oficiales, hojas de ruta y acuerdos donde el gobierno y sus socios internacionales prometieron alinear sus esfuerzos. El estudio no analiza si el sistema de salud mejoró en un sentido general; en su lugar, realiza una auditoría detallada de las promesas mismas. Plantea una pregunta muy específica: ¿cambiaron realmente los documentos firmados el destino del dinero? El investigador recopiló todos los acuerdos principales realizados durante este tiempo, los leyó palabra por palabra para ver qué reglas creaban y luego comparó esas reglas contra el flujo real de dinero registrado en las bases de datos gubernamentales.

Los hallazgos revelan un marcado contraste entre el papeleo y la realidad. A lo largo de los años, la coordinación entre el Ministerio de Salud de Somalia y sus socios internacionales se volvió notablemente sofisticada. Construyeron una estructura permanente de comités, celebraron revisiones conjuntas periódicas y crearon un sistema gestionado por el gobierno para rastrear cada dólar gastado. Esta "arquitectura" de cooperación se profundizó continuamente. Sin embargo, la forma en que el dinero se movió realmente no siguió el mismo camino. A pesar de toda la planificación y los nuevos comités, la gran mayoría de la financiación externa de la salud continuó fluyendo fuera del presupuesto, el tesoro y los sistemas contables del gobierno. En el periodo de 2022 a 2026, el estudio encontró que, de casi 1.24 mil millones de dólares en valor de proyectos registrados, más del 82 por ciento permaneció totalmente fuera del presupuesto. Esto significa que el dinero nunca fue registrado en el presupuesto nacional, nunca fue aprobado por el parlamento y nunca pasó por la cuenta del banco central del gobierno.

El estudio explica que esto sucedió porque los acuerdos firmados a lo largo de los años fueron diseñados para coordinar, pero no para comprometerse. Los documentos crearon planes para la discusión y la presentación de informes, pero carecían de reglas vinculantes que obligaran a los donantes a introducir su dinero en el sistema gubernamental. No había consecuencias escritas en el texto para los socios que decidieran mantener sus fondos separados, ni informes publicados que hicieran responsables a donantes específicos por sus decisiones. El investigador sugiere que esto creó una situación en la que todos eran buenos hablando y planificando juntos, pero ningún donante se sintió obligado a asumir el riesgo de mover su dinero al sistema local primero. Los pocos casos en los que el dinero fluyó a través del gobierno provinieron casi en su totalidad de un grupo específico de donantes que ya contaban con sus propias reglas internas estrictas para confiar en los sistemas gubernamentales, en lugar de un cambio colectivo de comportamiento impulsado por los nuevos acuerdos.

La situación se volvió aún más compleja a medida que terminaba el periodo del estudio. En 2025 y 2026, el monto total de la financiación externa comprometida cayó drásticamente, con la ayuda humanitaria descendiendo más del 80 por ciento desde su punto máximo. En respuesta, el gobierno somalí aumentó significamente su propio presupuesto de salud, pero el fondo total de dinero se redujo. El estudio señala que cuando la cantidad total de dinero disminuye, el porcentaje de dinero que fluye a través del gobierno puede aumentar matemáticamente incluso si ningún donante cambia su comportamiento. Esta es una distincción crucial: los datos mostraron un aumento en el gasto presupuestario, pero el investigador no pudo probar que esto se debiera a un cambio de política exitoso, sino simplemente a un cambio en la mezcla de donantes. El estudio descarta explícitamente la idea de que el problema fuera resuelto por las hojas de ruta existentes, señalando que los documentos mismos no contenían ningún mecanismo para forzar el cambio.

Mirando hacia el futuro, el estudio señala una nueva propuesta para un fondo común, un mecanismo único donde múltiples donantes contribuirían dinero bajo un conjunto compartido de reglas. Esta propuesta, redactada en 2026, es la primera vez que los documentos incluyen condiciones específicas de entrada, reglas sobre cómo se gestiona el dinero y planes sobre qué sucede si un donante se retira. El investigador describe esto como una prueba de política en vivo. Es un intento de pasar de un sistema de coordinación voluntaria a uno de compromiso vinculante. El estudio concluye que, si bien Somalia ha construido con éxito la infraestructura para gestionar la ayuda, el siguiente paso requiere cambiar las reglas del juego para asegurar que el dinero realmente siga el plan. Hasta que los donantes acepten estar sujetos a estas nuevas reglas, es probable que la brecha entre la promesa de alineación y la realidad del gasto fuera de presupuesto persista.

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