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Public money and private investment in unlisted firms: The within-firm evidence

Utilizando un conjunto de datos exhaustivo de empresas italianas no cotizadas de 2015 a 2024, este artículo demuestra que las contribuciones públicas sustituyen parcialmente la inversión privada en lugar de desplazarla por completo, con efectos impulsados principalmente por la magnitud de la financiación más que por el mero hecho de recibir apoyo.

Autores originales: ANGELO LEOGRANDE

Publicado 2026-09-10
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: ANGELO LEOGRANDE

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los gobiernos de todo el mundo reparten dinero regularmente a las pequeñas empresas, con la esperanza de estimular el crecimiento, crear empleos o fomentar la innovación. Pero una pregunta persistente atormenta a economistas y responsables políticos: cuando una empresa recibe una subvención, ¿realmente gasta ese dinero en nuevos equipos, fábricas o investigación? ¿O simplemente utiliza los fondos públicos para liquidar deudas antiguas o cubrir gastos diarios, dejando que el propio efectivo de la empresa realice el trabajo pesado de la inversión? Este dilema se conoce como el problema de la "adicionalidad". Si el dinero del gobierno es verdaderamente adicional, debería hacer que la empresa construya más de lo que habría hecho por su cuenta. Si el dinero es fungible —es decir, intercambiable con las propias ganancias de la empresa—, la subvención podría simplemente reemplazar lo que la firma habría gastado de todos modos, lo que resultaría en una ganancia neta nula para la economía. Durante décadas, los investigadores han intentado responder a esto observando si las empresas que solicitan subvenciones crecen más rápido que las que no lo hacen, pero este enfoque a menudo pasa por alto la mecánica específica de cómo se utiliza realmente el efectivo.

Un investigador en Italia decidió abordar el problema de una manera diferente. En lugar de preguntar si una empresa está en una lista gubernamental, preguntó qué le sucede al dinero mismo una vez que llega. Recopiló un conjunto masivo de datos de casi diez mil empresas italianas no cotizadas, rastreando sus registros financieros de 2015 a 2024. En Italia, las empresas están obligadas a presentar cuentas anuales detalladas que enumeran explícitamente cualquier contribución gubernamental recibida como parte de sus ingresos operativos. Esto proporcionó al investigador una visión directa y poco común del flujo de caja: podía ver exactamente cuántos euros recibió una empresa del Estado y comparar esa cifra lado a lado con cuánto efectivo generó la empresa a partir de sus propias operaciones comerciales. Al colocar estas dos fuentes de dinero una junto a la otra en una sola ecuación, el investigador pudo observar cómo la inversión de una empresa en activos fijos —como maquinaria y edificios— reaccionaba ante un euro de dinero público frente a un euro de sus propios ingresos.

Los resultados desafiaron una suposición común en el campo. Cuando el investigador analizó primero los datos utilizando ratios contables estándar, parecía que el dinero público era mucho más poderoso que el dinero privado. Por cada euro de subvención gubernamental, los datos sugerían un salto en la inversión mucho mayor que por cada euro del propio efectivo de la empresa. Sin embargo, el investigador se dio cuenta de que esto era una ilusión creada por la forma en que se calculan los ratios financieros. Cuando se divide tanto la subvención gubernamental como el efectivo propio de la empresa por el tamaño de los activos existentes de la empresa, las matemáticas pueden distorsionar la imagen, haciendo que las pequeñas subvenciones parezcan enormes en relación con el denominador. Una vez que el investigador eliminó estos ratios y observó los números brutos —comparando los euros reales recibidos con los euros reales gastados—, la historia cambió por completo. Encontró que un euro de dinero público movía la inversión aproximadamente en la misma cantidad que un euro del efectivo de la propia empresa. Las dos clases de dinero eran tratadas como idénticas por las firmas; ninguna se gastaba de forma más agresiva que la otra.

Este hallazgo de "fungibilidad" se mantuvo incluso cuando el investigador desglosó los datos en diferentes tipos de empresas, desde jóvenes empresas emergentes hasta firmas maduras. La única vez que el patrón se rompió fue para un grupo específico de empresas emergentes con dificultades y con gran necesidad de capital que no tenían efectivo interno restante para gastar. Para estas firmas, que estaban efectivamente sin su propio dinero, la subvención gubernamental era lo único que les permitía comprar nuevo equipo. En todos los demás casos, el dinero era fungible. El estudio también reveló que el mero hecho de ser receptor de una subvención significaba muy poco. Un indicador simple de que una empresa recibió algún dinero mostró casi ningún efecto en la inversión. El verdadero motor era la cantidad recibida. Esto sugiere que los estudios que simplemente cuentan cuántas empresas están en una lista gubernamental están perdiendo el punto; están midiendo la participación en lugar del impacto económico real de los fondos.

El investigador también probó si la relación entre el dinero y la inversión era una línea recta simple o algo más complejo. Utilizó herramientas avanzadas de aprendizaje computacional para ver si el efecto de una subvención cambiaba dependiendo del tamaño o la edad de la empresa. Encontró que los modelos lineales estándar utilizados en economía eran en realidad bastante buenos para describir la realidad, capturando aproximadamente el ochenta por ciento del patrón. La complejidad restante se debía principalmente a cómo reaccionaban las empresas con un flujo de caja muy alto, no a las subvenciones gubernamentales en sí mismas. Esto confirmó que la comparación simple de efectivo público frente a privado era una forma robusta de entender el problema.

En última instancia, el estudio concluye que el dinero público no es una varita mágica que obliga a las empresas a construir más de lo que tenían planeado. En cambio, actúa como un alivio general para el presupuesto de la empresa. Cuando una firma recibe una subvención, trata ese dinero exactamente como trataría sus propios ingresos, asignándolo a donde sea más necesario o rentable en ese momento. Si el objetivo de un programa gubernamental es forzar la nueva inversión, dar una subvención operativa puede no ser la herramienta más directa, ya que la firma probablemente utilizará los fondos para estabilizar sus operaciones primero. La investigación destaca que para comprender verdaderamente el impacto del apoyo público, uno debe mirar los euros específicos que fluyen a través de las cuentas, no solo el estatus de las empresas que los reciben. La evidencia sugiere que, si bien los fondos públicos sí llegan a la cuenta de capital, lo hacen a una tasa similar a los fondos privados, y no poseen una "prima" especial que los haga más efectivos para impulsar el crecimiento que el dinero que las empresas ganan por sí mismas.

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