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Giant Uterine Leiomyoma Mimicking a 28-Week Gravid Uterus in a Young Nulliparous Woman: A Case Report of Fertility-Preserving Myomectomy

Este reporte de caso describe la exitosa miomectomía abdominal para la preservación de la fertilidad de una mujer nulípara de 27 años con un leiomioma uterino gigante que simulaba un embarazo de 28 semanas, el cual se complicó con anemia que requirió transfusión pero resultó en un diagnóstico histopatológico benigno y una buena recuperación postoperatoria.

Autores originales: Sujata Thapa

Publicado 2026-09-10
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Sujata Thapa

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el panorama de la salud de la mujer, el útero es un órgano resiliente, pero es propenso a desarrollar crecimientos benignos conocidos como leiomiomas o miomas. Estos son tumores no cancerosos compuestos de músculo y tejido conectivo que se forman dentro de la pared uterina. Aunque la mayoría permanecen pequeños y pasan desapercibidos, unos pocos casos raros crecen hasta alcanzar tamaños extraordinarios, convirtiéndose en lo que los médicos llaman miomas "gigantes". Cuando estas masas alcanzan tales dimensiones, pueden deformar el abdomen de tal manera que imitan la apariencia de un embarazo de última etapa, creando un complejo rompecabezas diagnóstico. El desafío para los médicos no es solo extraer la masa de forma segura, sino hacerlo de una manera que preserve la capacidad de la paciente para tener hijos en el futuro, un objetivo que se vuelve especialmente crítico para mujeres jóvenes que nunca han dado a luz. Otra capa de complejidad surge cuando los análisis de sangre muestran niveles elevados de una sustancia llamada CA-125, un marcador a menudo asociado con el cáncer de ovario. En presencia de un mioma gigante, esta elevación puede ser engañosa, causando un temor innecesario de malignidad cuando la causa es en realidad benigna.

Este reporte de caso detalla el trayecto de una mujer de veintisiete años que llegó a un hospital a finales de 2021 con un bulto grande y duro en la parte inferior de su abdomen. No estaba casada y nunca había estado embarazada. Durante dos meses, había sentido una sensación de arrastre pesado en su vientre y, apenas una semana antes de su visita, notó un bulto distintivo. A pesar del tamaño de la masa, que los médicos estimaron del tamaño de un útero de veintiocho semanas de embarazo, no presentaba dolor y sus ciclos menstruales eran normales. Había ganado un poco de peso rápidamente y sufría de estreñimiento, probablemente debido a la presión que la masa ejercía sobre sus órganos internos. Su historial médico era en gran medida irrelevante, salvo por un diagnóstico previo de deficiencia de vitamina D.

Cuando el equipo médico la examinó, la evidencia física fue impactante. Un bulto visible ocupaba la parte inferior de su abdomen, extendiéndose hasta su ombligo. La masa se sentía firme y nodular, se movía de lado a lado pero no de arriba abajo, y estaba claramente adherida al útero en lugar de flotar libremente como lo haría un quiste ovárico. Para confirmar la naturaleza del crecimiento, el equipo realizó una ecografía. Las imágenes revelaron un útero notablemente agrandado, dominado por un único tumor masivo que medía 17.7 por 16.9 por 13.6 centímetros ubicado en la parte posterior del útero, junto con un segundo tumor más pequeño en la parte anterior. El escaneo también mostró un pequeño quiste simple en su ovario izquierdo, que parecía benigno, y no había líquido libre en la cavidad pélvica.

Un punto de preocupación significativa para los médicos fue un resultado de un análisis de sangre que mostraba un nivel de CA-125 de 68 unidades por mililitro. El umbral estándar para este marcador es de 35 unidades por mililitro, y los niveles por encima de esto suelen levantar sospechas de cáncer de ovario. Sin embargo, el equipo médico reconoció que los miomas grandes pueden causar un aumento modesto de este marcador debido al tamaño masivo del tumor y la irritación que este causa en el revestimiento del abdomen. Sopesaron la posibilidad de un tumor ovárico maligno frente a la fuerte evidencia que apuntaba a un mioma benigno. El hecho de que la masa se moviera en unísono con el cuello uterino durante el examen y que la ecografía mostrara un origen claro en el músculo uterino los llevó a concluir que se trataba de un mioma gigante, no de cáncer.

Se tomó la decisión de realizar una cirugía para extirpar los miomas preservando el útero, un procedimiento conocido como miomectomía. Antes de la operación, la paciente y su familia fueron asesorados minuciosamente. Se les dijo que, si bien la cirugía ofrecía una oportunidad para un embarazo futuro, existían riesgos involucrados, incluyendo la posibilidad de necesitar una transfusión de sangre, la probabilidad de que los miomas volvieran a crecer y la pequeña pero real posibilidad de que la cirugía tuviera que convertirse en una histerectomía si surgían complicaciones. La paciente aceptó proceder con el enfoque de preservación de la fertilidad.

Durante la operación, los cirujanos encontraron que el útero era enorme, coincidiendo con el tamaño de veintiocho semanas predicho por el examen. Identificaron la gran masa posterior, que mostraba signos de degeneración, o descomposición del tejido, y una masa más pequeña cerca de la esquina superior izquierda. El equipo cortó cuidadosamente el gran tumor, detuvo el sangrado y reconstruyó la pared uterina utilizando una técnica de sutura específica diseñada para mantener el tejido unido de forma segura. Luego extrajeron el tumor más pequeño, teniendo gran cuidado de dejar intacto el tubo de Falopio cercano. Para manejar cualquier supuración de sangre restante, colocaron una esponja especial dentro del abdomen. La cirugía duró aproximadamente una hora y el tejido extraído fue enviado a un laboratorio para su análisis.

El periodo postoperatorio requirió un monitoreo cuidadoso. La presión arterial y la frecuencia cardíaca de la paciente se mantuvieron estables, pero su nivel de hemoglobina, una medida de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, cayó de 12.10 gramos por decilitro antes de la cirugía a 9.7 gramos por decilitro después de la misma. Esta caída era esperada dado el tamaño de la masa y la naturaleza de la cirugía. Recibió una transfusión de productos sanguíneos y suplementos de hierro para ayudar a su cuerpo a recuperarse. Su temperatura aumentó ligeramente el día de la cirugía pero fue controlada con medicación, y no desarrolló signos de infección. Al cuarto día después de la operación, se sentía bien, sus signos vitales habían vuelto a la normalidad y fue dada de alta del hospital.

La confirmación final llegó mediante el análisis de laboratorio del tejido extraído. El patólogo examinó las muestras bajo un microscopio y confirmó que ambos masas eran leiomiomas benignos, sin signos de cáncer. Este resultado validó la decisión del equipo de evitar una cirugía más radical y proceder con el enfoque de preservación de la fertilidad. El caso destaca que incluso cuando un mioma crece hasta un tamaño que imita un embarazo de término y hace que los marcadores sanguíneos parezcan sospechosos, es posible extirpar el tumor de forma segura y mantener el útero intacto. También sirve como recordatorio de que una elevación modesta de CA-125 no debería desencadenar automáticamente un diagnóstico de cáncer cuando hay un mioma grande presente, ya que el propio tumor puede causar este aumento. Para esta mujer joven, el resultado exitoso significó que su potencial reproductivo permaneció intacto, ofreciéndole un futuro donde podría buscar un embarazo si así lo decidiera.

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