Experiences of frontline physiotherapists during the COVID-19 pandemic at two tertiary hospitals in Southern Malawi: A phenomenological qualitative study
Este estudio fenomenológico de 11 fisioterapeutas de primera línea en dos hospitales terciarios en el sur de Malaui revela que, si bien sus intervenciones fueron a menudo vitales y condujeron a un mayor reconocimiento profesional, enfrentaron simultáneamente desafíos significativos, incluyendo la escasez de personal, la insuficiencia de equipos y la falta de directrices específicas, lo que subraya la necesidad urgente de mejorar la colaboración interdisciplinaria, la capacitación y la asignación de recursos para fortalecer la preparación ante futuras pandemias.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
Cuando un virus se extiende por una población, la respuesta médica suele centrarse en la amenaza inmediata: detener la infección y mantener el corazón y los pulmones funcionando. En esta crisis, los médicos y enfermeros son la primera línea de defensa, pero hay otro grupo de especialistas que trabajan en la capacidad del cuerpo para recuperarse y moverse de nuevo. Estos son los fisioterapeutas. Su trabajo es ayudar a las personas a recuperar la fuerza, respirar con más facilidad y volver a sus vidas diarias después de que una enfermedad las haya dejado débiles. Durante una pandemia, cuando los hospitales están desbordados y los pacientes luchan por respirar, el papel de estos especialistas se vuelve crítico, aunque a menudo invisible. Trabajan junto al equipo médico para limpiar el líquido de los pulmones, enseñar a los pacientes cómo sentarse y moverse de forma segura, y evitar que el cuerpo se debilite excesivamente durante las largas estancias en cama. Comprender cómo estos profesionales navegan una crisis es esencial, no solo para los pacientes que tratan, sino también para preparar a todo el sistema de salud para la próxima emergencia.
En la región sur de Malaui, un equipo de investigadores se propuso escuchar las historias de los fisioterapeutas que trabajaron en las líneas de frente durante la pandemia de COVID-19. Se centraron en dos hospitales principales, el Hospital Central Queen Elizabeth y el Hospital Central de Zomba, donde se enviaban los pacientes más graves de la zona para recibir atención. Entre mayo y junio de 2024, los investigadores se sentaron con once fisioterapeutas que habían cuidado a pacientes con el virus. No utilizaron encuestas ni listas de verificación; en su lugar, mantuvieron conversaciones largas y abiertas, pidiendo a los terapeutas que describieran sus días, sus miedos y los momentos en que su trabajo marcó la diferencia. El objetivo era capturar la realidad completa de su experiencia, desde los triunfos de salvar una vida hasta las frustraciones de la falta de equipo.
Las historias que surgieron fueron una mezcla de éxito profundo y lucha intensa. Por el lado positivo, los terapeutas describieron cómo su trabajo ayudó directamente a que los pacientes se recuperaran más rápido. Al guiar a los pacientes a través de ejercicios de respiración y ayudarlos a moverse, acortaron el tiempo que los pacientes necesitaban permanecer en el hospital. Esto fue vital porque los hospitales estaban abarrotados, y cada cama liberada significaba espacio para otra persona necesitada. En algunos de los momentos más dramáticos, los terapeutas actuaron como salvadores de vidas cuando los suministros de oxígeno se agotaron. Un terapeuta recordó una vez en un centro de aislamiento temporal cuando los concentradores de oxígeno dejaron de funcionar. Sin cilindros para reemplazarlos, el equipo colocó a los pacientes sobre sus estómagos, una técnica que ayuda a que los pulmones se llenen de aire de manera más efectiva. Este simple ajuste mantuvo vivos a los pacientes hasta que llegó el nuevo oxígeno, demostrando que sus habilidades podían cerrar la brecha cuando los recursos fallaban.
A medida que la pandemia progresaba, el trabajo de estos terapeutas comenzó a cambiar la forma en que otros veían su profesión. Antes de la crisis, muchos médicos y enfermeros no comprendían plenamente qué hacían los fisioterapeutas o por qué eran necesarios en una sala respiratoria. Pero a medida que los terapeutas demostraron su capacidad para mejorar los resultados de los pacientes, las actitudes cambiaron. Los colegas comenzaron a verlos como socios esenciales en lugar de solo personal de apoyo. Este nuevo respeto incluso se extendió más allá de los hospitales públicos; las clínicas privadas comenzaron a enviar a sus pacientes específicamente a estos hospitales centrales para recibir cuidados de rehabilitación. La crisis había dado inadvertidamente a la profesión una nueva visibilidad y una voz más fuerte dentro de la comunidad médica.
Sin embargo, este reconocimiento llegó con costos y desafíos significativos. Los terapeutas a menudo se sentían como extraños en sus propios equipos. Describieron una falta de comunicación, donde los médicos y enfermeros celebraban sus propias reuniones sin incluir al personal de rehabilitación. Esta separación significaba que la información importante sobre la condición de un paciente no se compartía, y se perdían oportunidades para un tratamiento temprano. Muchos terapeutas sintieron que su papel era incomprendido, con algunos colegas cuestionando por qué debían entrar en las carpas de aislamiento de alto riesgo en absoluto. No siempre fueron incluidos en los planes iniciales del gobierno para contratar personal adicional para la pandemia, y cuando se entregaron medallas y premios a los héroes de la salud, los fisioterapeutas fueron frecuentemente excluidos de la ceremonia.
El entorno en el que trabajaban era a menudo peligroso y con pocos recursos. Frecuentemente carecían del equipo de protección personal necesario para mantenerse seguros del virus, lo que provocó huelgas solo para obtener equipo básico. No había suficientes terapeutas para todos; un profesional describió ser responsable de cuarenta pacientes que luchaban por respirar al mismo tiempo. También trabajaron sin guías claras o capacitación específica para el nuevo virus. La capacitación que recibieron era a menudo demasiado general, dejándolos resolver por su cuenta las mejores formas de tratar a los pacientes de COVID-19. La ausencia de un plan estándar significaba que cada terapeuta tenía que improvisar, creando inconsistencia en la atención que recibían los pacientes.
Los investigadores concluyeron que, si bien los fisioterapeutas en Malaui mostraron una increíble resiliencia y habilidad, el sistema que los apoyaba no estaba preparado para tal choque. El estudio sugiere que, para prepararse para futuros brotes, el sistema de salud necesita hacer más que solo contratar más personal. Debe crear programas de capacitación específicos para los profesionales de la rehabilitación, asegurar que tengan las herramientas y el equipo de seguridad adecuados, e incluirlos plenamente en el proceso de toma de decisiones desde el principio. Al reparar estas brechas, el país puede construir una red de atención más fuerte donde cada miembro del equipo, desde el cirujano hasta el fisioterapeuta, esté listo para trabajar juntos cuando llegue la próxima crisis.
¿Ahogado en artículos de tu campo?
Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.