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(Re)Framing Campus DEI: How Language and Ideology Shape Support Among Faculty, Staff, and Students

Este estudio demuestra que, si bien el replanteamiento de las iniciativas de equidad en el campus utilizando términos como "Pertenencia" o "Igualdad de Oportunidades" puede mitigar la resistencia entre individuos con una ideología de evasión racial y una orientación hacia la dominancia social elevadas, los compromisos ideológicos subyacentes siguen siendo el principal motor del apoyo, lo que sugiere que el lenguaje estratégico por sí solo no puede reemplazar la necesidad de abordar las creencias profundamente arraigadas.

Autores originales: Terrill Taylor, Royel Johnson

Publicado 2026-11-04
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Terrill Taylor, Royel Johnson

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el panorama de la educación superior estadounidense, ha surgido una lucha silenciosa pero intensa sobre cómo describir la labor de hacer que los campus sean más justos. Durante décadas, las universidades han utilizado términos específicos como "diversidad, equidad e inclusión" para describir sus esfuerzos por apoyar a estudiantes y personal de todos los orígenes. Sin embargo, a medida que los debates políticos se han intensificado, estas palabras se han convertido en puntos de fricción, con algunos críticos argumentando que son divisivas o poco estadounidenses. Esto ha obligado a los líderes universitarios a plantearse una pregunta difícil: si cambian las palabras que utilizan para describir los mismos objetivos, ¿estará la gente más dispuesta a apoyarlos? Para responder a esto, los investigadores se basan en un concepto conocido como encuadre (framing). En términos sencillos, el encuadre es la idea de que la etiqueta o el ángulo específico utilizado para describir un asunto puede cambiar cómo la gente se siente al respecto, de forma muy parecida a cómo una fotografía puede verse diferente dependiendo del ángulo desde el cual se tome. No obstante, otra fuerza poderosa está en juego: las creencias profundas que las personas mantienen sobre cómo debería organizarse la sociedad. Algunos individuos creen que la raza no debería importar en el mundo moderno, mientras que otros creen que las jerarquías sociales son naturales y deben mantenerse. La pregunta central para los científicos es si cambiar las palabras en una página puede superar estas creencias profundamente arraigadas, o si esas creencias actúan como un filtro que ningún cambio de redacción puede sortear.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Maryland y la Universidad del Sur de California se propuso probar esta dinámica en un experimento controlado. Reclutaron a 770 personas que actualmente trabajan o estudian en colegios y universidades en todo Estados Unidos, incluyendo profesores, personal y estudiantes. Los investigadores querían ver si el lenguaje utilizado para describir una iniciativa universitaria cambiaría el nivel de apoyo de estas personas. Para ello, crearon una historia breve y realista sobre un programa universitario diseñado para ayudar a que todos tengan éxito. La historia era exactamente la misma para cada participante, describiendo un plan para eliminar barreras y hacer que el campus fuera más acogedor. Lo único que cambiaba era la etiqueta asignada al programa. Un grupo leyó que la iniciativa trataba sobre "Diversidad, Equidad e Inclusión". Un segundo grupo leyó que trataba sobre "Pertenencia". Un tercer grupo leyó que trataba sobre "Igualdad de Oportunidades". Tras leer su versión asignada de la historia, cada participante calificó cuánto apoyaba la iniciativa en una escala de cero a cien.

Los resultados mostraron que las palabras sí importaban, pero no de la manera que uno esperaría para una solución completa. Los participantes que leyeron la versión etiquetada como "Diversidad, Equidad e Inclusión" reportaron un apoyo significativamente menor que los de las otras dos versiones. Aquellos que leyeron sobre "Pertenencia" dieron las puntuaciones medias más altas, seguidos de cerca por aquellos que leyeron sobre "Igualdad de Oportunidades". La diferencia fue clara: el lenguaje directo y explícito de la equidad generó más resistencia que los términos más suaves y universales. Sin embargo, los investigadores encontraron que las palabras eran solo parte de la historia. También midieron las creencias subyacentes de los participantes mediante encuestas establecidas. Buscaron la "ideología de evasión racial", que es la creencia de que la raza no importa ni debe importar en la sociedad, y la "orientación a la dominancia social", que es la preferencia por que los grupos sociales estén dispuestos en una jerarquía donde algunos son superiores a otros.

Cuando los investigadores analizaron los datos, encontraron que estas creencias profundas eran en realidad predictores más fuertes del apoyo que las palabras utilizadas en la historia. Las personas que creían firmemente que la raza debería ignorarse o que las jerarquías sociales son naturales eran mucho menos propensas a apoyar la iniciativa, independientemente de la etiqueta utilizada. El estudio reveló una interacción crucial: el efecto negativo de estas creencias era más intenso cuando la iniciativa se etiquetaba como "Diversidad, Equidad e Inclusión". En otras palabras, el uso del término explícito desencadenaba la resistencia más fuerte en personas que sostenían estas visiones de mundo específicas. Cuando la iniciativa se etiquetaba como "Pertenencia" o "Igualdad de Oportunidades", la resistencia de estos mismos individuos seguía presente, pero era algo más débil. Esto sugiere que, si bien cambiar el lenguaje puede suavizar ligeramente el golpe para aquellos que son resistentes, no elimina su oposición fundamental. Las palabras actúan como un detonante, pero el sistema de creencias es el motor que impulsa la reacción.

El estudio también examinó si el papel de la persona importaba, verificando si los profesores y el personal reaccionaban de manera diferente a los estudiantes. Los investigadores no encontraron diferencias significativas entre estos grupos; un estudiante y un profesor con las mismas creencias subyacentes reaccionaban de la misma manera. Además, la ubicación de la universidad importó menos de lo esperado. Incluso para las personas que vivían en estados que habían aprobado leyes que restringían los programas de diversidad, su apoyo a la iniciativa no disminuyó simplemente por su ubicación. En cambio, sus compromisos ideológicos personales siguieron siendo el factor más consistente al determinar su apoyo. Los investigadores concluyeron que, si bien las universidades podrían ser capaces de utilizar términos como "pertenencia" para navegar la presión política y mantener sus programas en marcha, esta estrategia tiene límites. La resistencia al trabajo de equidad está arraigada en convicciones ideológicas profundas que no se solucionan fácilmente con un cambio de vocabulario. Los hallazgos sugieren que, para que las universidades logren un progreso duradero, deben abordar estas creencias subyacentes y las condiciones estructurales, en lugar de confiar únicamente en la esperanza de que un nuevo nombre cambie las mentes. El lenguaje utilizado puede moldear la conversación, pero no puede invalidar los valores que las personas ya poseen.

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