Beyond Reciprocity: An Ecology of Couplings in University–Community Engagement at Chilean State Universities
Basándose en entrevistas con universidades estatales chilenas, este estudio sostiene que la bidireccionalidad en la vinculación universidad-comunidad funciona no como una propiedad recíproca estable, sino como una "ecología de acoplamientos" dinámica a través de zonas organizacionales, académicas y territoriales, explicando cómo las prácticas de vinculación pueden variar en su institucionalización y capacidad relacional.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
A menudo se imagina a las universidades como torres aisladas de conocimiento, donde los académicos producen ideas que luego se transmiten al resto de la sociedad. Sin embargo, en las últimas décadas, ha cobrado fuerza una visión diferente: la idea de que las universidades deben trabajar junto a sus comunidades locales, resolviendo problemas juntos en lugar de solo entregar soluciones. Este cambio se denomina a menudo "vinculación con el medio". En muchos lugares, incluido Chile, una expectativa específica se ha vuelto central para este trabajo: que la relación debe ser recíproca. Esto significa que el flujo de ayuda y aprendizaje debe ir en ambas direcciones, de modo que la comunidad influya en la universidad tanto como la universidad influye en la comunidad. El desafío para los investigadores es que, si bien todos están de acuerdo en que la reciprocidad suena bien, es increíblemente difícil comprender cómo funciona realmente dentro de una organización masiva y compleja como una universidad. Una cosa es decir que dos grupos están trabajando juntos; otra es entender cómo una universidad, con sus propias reglas, presupuestos y departamentos, hace realidad esa calle de doble sentido.
Un nuevo estudio de Diego Verdejo-Cariaga, investigador de la Universidad de Playa Ancha en Chile, profundiza precisamente en este problema. Analizó cómo las universidades estatales chilenas intentan poner en práctica la idea de "reciprocidad". En Chile, este concepto se llama oficialmente "bidireccionalidad". El investigador quería saber cómo esta idea abstracta viaja a través de la documentación de la universidad, sus sistemas de financiamiento, sus aulas y sus relaciones con los pueblos locales. No se limitó a preguntar a la gente qué entendía por reciprocidad; preguntó cómo utilizaban realmente la palabra para tomar decisiones, cómo registraban su trabajo y cómo mantenían los proyectos a lo largo del tiempo. Al entrevistar a veinticinco personas, incluyendo gestores universitarios y profesores de cuatro universidades regionales diferentes, descubrió una verdad sorprendente: la idea de un compromiso de "doble vía" no permanece igual a medida que se desplaza por la organización. En cambio, cambia de forma dependiendo de dónde se encuentre y quién la utilice.
El estudio comenzó con una observación simple. En los documentos y políticas oficiales de estas universidades, la "bidireccionalidad" es un estándar requerido. Para obtener acreditación o financiamiento, un proyecto universitario debe demostrar que no es solo una calle de un solo sentido donde la universidad enseña a la comunidad. Sin embargo, cuando el investigador habló con las personas que realizan el trabajo, encontró que no todos estaban de acuerdo en lo que significaba la palabra. Para un gestor universitario, el término puede ser un elemento de una lista de verificación, una forma de categorizar un proyecto para que pueda ser contabilizado en un informe para el gobierno. Para un profesor, puede significar cambiar un plan de estudios porque un miembro de la comunidad local sugirió un enfoque diferente. Para otro, puede significar simplemente escuchar las necesidades de una comunidad antes de diseñar un proyecto. El investigador descubrió que la palabra "bidireccionalidad" no es una regla fija que todos siguen de la misma manera. En cambio, es una herramienta flexible que diferentes personas utilizan para resolver diferentes problemas. A veces ayuda a una universidad a demostrar que está haciendo un buen trabajo; otras veces, ayuda a un profesor a ajustar un curso para que se ajuste a las realidades locales.
Para entender cómo funciona esto, el investigador observó tres áreas específicas donde estas relaciones se vuelven "densas" o se concentran. La primera área es el lado organizacional y de registro de datos. Aquí, la universidad utiliza formularios y bases de datos para rastrear lo que está sucediendo. Cuando un profesor completa un formulario para registrar un proyecto comunitario, el acto de escribirlo cambia el proyecto. Le obliga al profesor a definir el trabajo en categorías específicas que la universidad entiende, tales como "intercultural" o "impacto económico". Este proceso hace que el trabajo sea visible para la administración, pero también puede limitarlo. Si un proyecto es demasiado desordenado o impredecible para encajar en los cuadros del formulario, podría no ser registrado, incluso si es una gran alianza. El investigador descubrió que estos formularios no solo registran lo que sucedió; a menudo deciden qué puede suceder en el futuro, porque los profesores saben que tienen que ajustar su trabajo a estas categorías para obtener apoyo.
La segunda área es el lado académico y disciplinar, que ocurre dentro de las aulas y los laboratorios de investigación. Aquí es donde ocurre la enseñanza y el aprendizaje reales. En este espacio, la idea de reciprocidad se ve muy diferente. Un profesor puede tomar un problema planteado por una escuela local y convertirlo en una pregunta de investigación o en una tarea para los estudiantes. En este espacio, la relación tiene menos que ver con completar formularios y más con cambiar la forma en que se crea el conocimiento. Aquí, la naturaleza de "doble vía" del trabajo suele ser real y poderosa. Los estudiantes pueden cambiar sus instrumentos o métodos porque un miembro de la comunidad les dijo que su idea original era errónea. Sin embargo, el estudio mostró que estos cambios a menudo se quedan dentro del aula. Pueden mejorar el aprendizaje de los estudiantes, pero no siempre se registran en los sistemas oficiales de la universidad ni se reconocen como parte de la misión formal de la institución.
La tercera área es el lado territorial y relacional, que es la conexión real entre la universidad y la comunidad. Aquí es donde se construye la confianza a lo largo del tiempo. El investigador escuchó historias de profesores que decían que la confianza no se construye enviando un correo electrónico o realizando una única visita. Se construye presentándose una y otra vez, incluso cuando no hay un proyecto específico o financiamiento. Este tipo de relación es la más frágil a los ojos del sistema universitario. Depende de conexiones personales y de un compromiso a largo plazo, elementos que son difíciles de capturar en una hoja de cálculo. El estudio encontró que estas relaciones a menudo continúan incluso cuando el apoyo oficial de la universidad cesa o, por el contrario, que un proyecto puede parecer muy exitoso en el papel pero fracasar en la comunidad porque nunca hubo confianza.
El hallazgo más importante del estudio es que estas tres áreas no siempre trabajan juntas de manera fluida. El investigador lo llama una "ecología de acoplamientos". Imagine un sistema donde diferentes partes están conectadas, pero a veces tiran en direcciones opuestas. Un proyecto puede ser muy fuerte en la comunidad (el lado territorial) y muy fuerte en el aula (el lado académico), pero si no encaja en el sistema de registro de la universidad (el lado organizacional), podría no obtener el financiamiento o el tiempo que necesita para sobrevivir. El estudio mostró que un proyecto puede ser altamente visible para la administración universitaria pero débil en su relación real con la comunidad. O bien, un proyecto puede tener un impacto profundo y duradero en un pueblo pero permanecer invisible para la universidad porque nunca fue debidamente registrado. El éxito del trabajo depende de qué tan bien estén vinculadas estas diferentes partes. Si las conexiones se rompen, el proyecto puede fallar, no porque la idea fuera mala, sino porque las diferentes partes de la universidad no estaban trabajando juntas.
El investigador argumenta que debemos dejar de buscar una definición única y perfecta de la reciprocidad. En su lugar, debemos observar cómo se conectan estas diferentes partes de la universidad. El estudio sugiere que el problema no es que las universidades estén fallando en ser recíprocas. El problema es que los diferentes sistemas dentro de la universidad —cómo registran las cosas, cómo enseñan y cómo construyen relaciones— a menudo operan con diferentes calendarios y con diferentes reglas. Una fecha límite de financiamiento puede obligar a un profesor a apresurar un proyecto, lo que rompe la confianza necesaria para construir una relación real con una comunidad. Un formulario de registro puede obligar a un profesor a simplificar un problema complejo, lo que dificulta la enseñanza de cómo lidiar con el desorden del mundo real.
Esta investigación cambia nuestra forma de pensar sobre la vinculación universitaria. Sugiere que tener simplemente una política que diga "debemos ser recíprocos" no es suficiente. El verdadero trabajo ocurre en las conexiones entre las diferentes partes de la organización. Si una universidad quiere apoyar la vinculación con el medio, debe observar cómo encajan sus formularios, su financiamiento y sus calendarios de enseñanza. Debe asegurarse de que las cosas que suceden en el aula y en la comunidad sean reconocidas y apoyadas por la administración. El estudio no dice que el sistema actual esté roto, pero sí muestra que el sistema es complejo y que la idea de un compromiso de "doble vía" no es un interruptor simple que se pueda encender. Es algo vivo que crece o se reduce dependiendo de cómo las diferentes partes de la universidad lo apoyen.
Al final, el estudio ofrece una nueva forma de mirar la relación entre las universidades y la sociedad. Se aleja de preguntar "¿están siendo recíprocas?" y comienza a preguntar "¿cómo están conectadas las diferentes partes de la universidad?". La respuesta es que la fuerza de la relación depende de los vínculos entre el papeleo, el aula y la comunidad. Cuando estos vínculos son fuertes, la universidad puede trabajar verdaderamente con su comunidad. Cuando son débiles, la universidad puede parecer que está realizando un gran trabajo sobre el papel, mientras que las relaciones reales sobre el terreno luchan por sobrevivir. Esta perspectiva ayuda a explicar por qué algunos proyectos tienen éxito y otros fracasan, no por las personas involucradas, sino por cómo está compuesta la organización. Es un recordatorio de que, para que una universidad se vincule verdaderamente con su comunidad, primero debe aprender a vincularse consigo misma.
¿Ahogado en artículos de tu campo?
Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.