NAVIGATING THE POST-NEW PUBLIC MANAGEMENT ERA: Collaborative Governance, Citizen Participation, and Administrative Hybridity in Developing Contexts
Este estudio emplea una revisión sistemática de la literatura y un análisis bibliométrico para argumentar que, en contextos en desarrollo, la transición de la Nueva Gestión Pública hacia una era post-NGP requiere replantear la hibridez administrativa como un activo institucional, donde la participación ciudadana auténtica y la gobernanza colaborativa emergen únicamente al vincular intencionalmente los mandatos estatales con las prácticas relacionales indígenas.
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Durante décadas, la forma en que los gobiernos de todo el mundo intentaban lograr sus objetivos estuvo guiada por una idea única y poderosa. Esta idea, conocida como Nueva Gestión Pública, trataba al Estado como una gigantesca empresa. Partía del supuesto de que si las agencias gubernamentales actuaban más como empresas privadas —centrándose en presupuestos estrictos, competencia y tratando a los ciudadanos como clientes— se volverían más rápidas, económicas y eficientes. La lógica era que, al fragmentar las grandes burocracias y contratar a contratistas privados para gestionar los servicios, los complejos problemas de la vida pública podrían resolverse con contratos claros y metas de desempeño. Sin embargo, a medida que avanzaba el siglo XXI, este enfoque comenzó a mostrar sus grietas, especialmente en las naciones en desarrollo. En lugares donde el estado de derecho aún está echando raíces y las comunidades dependen fuertemente de los lazos familiares y las tradiciones locales, el modelo rígido y orientado al mercado a menudo fallaba. En ocasiones, agravaba las divisiones sociales, erosionaba la confianza entre las personas y el Estado, y dejaba a muchos ciudadanos sintiendo que el gobierno era una máquina distante y fría en lugar de un socio en su vida diaria.
Esta creciente frustración ha llevado a académicos y profesionales a buscar un nuevo camino hacia adelante, un cambio a menudo llamado la era de la post-Nueva Gestión Pública. En lugar de intentar dirigir el gobierno como una corporación, este nuevo enfoque pregunta cómo diferentes grupos pueden trabajar juntos para resolver problemas. Se centra en la colaboración, donde el gobierno trabaja codo a cwith la comunidades locales, grupos religiosos y organizaciones de la sociedad civil. También enfatiza que los ciudadanos no son solo clientes que compran un servicio, sino socios activos que ayudan a crear las soluciones que necesitan. La pregunta central para los investigadores hoy en día es cómo hacer que este tipo de trabajo en equipo funcione en lugares donde las reglas oficiales del gobierno son débiles y donde la gente ha dependido durante mucho tiempo de costumbres informales y no escritas para gestionar sus vidas.
En una revisión sistemática reciente publicada en septiembre de 2026, los investigadores Edio Mariano Piedade Soares y Santino Baros, de la Universitas Hasanuddin, se propusieron responder precisamente a esta pregunta. Querían entender cómo funcionan realmente la gobernanza colaborativa y la participación ciudadana en contextos en desarrollo, donde las leyes formales del Estado a menudo chocan con las formas informales y tradicionales en las que la gente ha vivido durante generaciones. Para lograrlo, no realizaron una nueva encuesta ni entrevistaron a una sola persona. En su lugar, actuaron como cuidadosos cartógrafos del conocimiento existente. Recopilaron y analizaron cuarenta y cuatro artículos de alta calidad y revisados por pares publicados entre 2016 y 2026. Estos artículos cubrían la compleja intersección entre el gobierno, la acción comunitaria y la mezcla de sistemas formales e informales. Utilizando un software especializado para mapear las conexiones entre las ideas de estos documentos, los autores construyeron una imagen clara de qué funciona, qué falla y por qué.
Los investigadores descubrieron que el éxito de cualquier esfuerzo gubernamental para trabajar con su gente depende enteramente de qué tan bien maneje la "hibridez administrativa". Este es un término que describe la realidad en muchas naciones en desarrollo, donde existen dos sistemas de reglas diferentes al mismo tiempo. Por un lado, está el Estado formal, con sus leyes escritas, oficinas oficiales y procedimientos burocráticos. Por el otro, están los sistemas locales e informales basados en el parentesco, la tradición y las costumbres comunitarias. Durante mucho tiempo, las teorías de la modernización trataron esta mezcla como un problema, una señal de que el país no estaba plenamente desarrollado. La visión estándar era que el gobierno necesitaba eliminar los sistemas informales y reemplazarlos con una burocracia pura y racional. Sin embargo, este artículo argumenta que esta visión es errónea. Los autores demuestran que esta mezcla no es un defecto que deba corregirse, sino una característica natural y a menudo útil de estas sociedades.
El estudio revela que cuando los gobiernos intentan imponer sus propias reglas rígidas de estilo occidental sin reconocer las tradiciones locales, los resultados suelen ser deficientes. Los esfuerzos de colaboración fracasan porque se sienten artificiales para las personas a las que pretenden ayudar. La investigación muestra que para que la participación ciudadana sea real y efectiva, debe cerrar la breces entre los mandatos oficiales del Estado y las prácticas relacionales locales que la gente realmente confía. Por ejemplo, en algunas partes del sudeste asiático y el Pacífico, las comunidades han utilizado durante mucho tiempo asambleas tradicionales y leyes consuetudinarias para gestionar recursos y resolver disputas. Cuando los programas gubernamentales ignoran estas estructuras existentes e intentan reemplazarlas con nuevas reuniones tecnocráticas o portales digitales, la gente suele desvincularse. Pero cuando los funcionarios integran intencionalmente estos sistemas tradicionales en sus propios planes, sucede algo poderoso. La participación pasa de ser una formalidad vacía, donde la gente solo asiste para marcar una casilla, a una asociación genuina donde las comunidades ayudan a diseñar y entregar los servicios que necesitan.
Los autores proponen tres ideas principales para explicar esta dinámica. Primero, sugieren que la capacidad de diferentes grupos para trabajar juntos depende directamente de qué tan bien el gobierno integre las redes informales en sus estructuras formales. Si una agencia gubernamental puede trabajar con líderes locales o de la comunidad, gana acceso a conocimientos y confianza que nunca podría construir por sí sola. Segundo, argumentan que la participación profunda y significativa solo ocurre cuando el sistema respeta la cultura local. Cuando las personas ven sus propias tradiciones reflejadas en la forma en que se toman las decisiones, pasan de ser receptores pasivos a cocreadores activos del valor público. Tercero, el artículo advierte que esta mezcla de sistemas no está exenta de riesgos. Si el gobierno no establece reglas claras y justas sobre cómo interactúan estos grupos formales e informales, el sistema puede ser secuestrado por élites locales que utilizan su poder para excluir a otros o apropiarse de los recursos.
El artículo concluye que el camino a seguir para las naciones en desarrollo no es tratar de borrar su historia o forzarlas a entrar en un molde único y uniforme. En su lugar, los gobiernos más resilientes y efectivos son aquellos que practican una especie de artesanía institucional. Aprenden a navegar la fricción entre la ley escrita y la costumbre no escrita, convirtiendo esa tensión en una fuente de fortaleza. Al tratar la mezcla de sistemas formales e informales como un activo valioso en lugar de un problema, estos gobiernos pueden construir redes que sean más adaptables y confiables para su gente. El estudio ofrece una hoja de ruta para que los responsables de la formulación de políticas dejen de intentar copiar modelos occidentales ciegamente y comiencen a diseñar sistemas que resuenen con la vida real de sus ciudadanos. Sugiere que el futuro de la administración pública en el mundo en desarrollo reside en la capacidad de armonizar el Estado moderno con el poder perdurable de la vida comunitaria local.
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