← Últimos artículos
📈 economics

Freezing One Front? Bilateral Ceasefires and the Composition of Armed Violence under Colombia's "Total Peace," 2018–2025

Este artículo utiliza datos a nivel de eventos y modelos de diferencias en diferencias para demostrar que las cesaciones al fuego bilaterales de Colombia con los principales grupos armados entre 2023 y 2025 redujeron con éxito la violencia estatal en un 86–94%. Los resultados indican que estas treguas no desencadenaron un desplazamiento detectable de ataques letales hacia grupos rivales; sin embargo, el efecto sobre la violencia contra civiles es inconcluso, ya que las estimaciones no permiten confirmar ni descartar un desplazamiento de la violencia hacia la población civil.

Autores originales: Alfredo Merlet

Publicado 2026-10-05✓ Author reviewed ⓘ
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Alfredo Merlet

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el estudio de los conflictos armados, la paz rara vez es un momento único y silencioso; a menudo es un arreglo frágil donde la lucha se detiene en un lugar mientras continúa en otro. Cuando los gobiernos y los grupos rebeldes firman una tregua, surge un temor común: que la pausa en la violencia sea simplemente un cambio táctico. La lógica sugiere que, si un grupo deja de luchar contra el Estado, podría simplemente dirigir sus armas hacia bandas rivales o civiles vulnerables para apoderarse de territorios o recursos. Esta idea, conocida como desplazamiento, implica que un alto al fuego no reduce la violencia en su conjunto, sino que simplemente la traslada a un frente diferente. Comprender si este cambio ocurre realmente es crucial para los responsables de la formulación de políticas que intentan poner fin a las guerras, porque si las treguas simplemente redirigen la sangre derramada en lugar de detenerla, la estrategia misma podría estar errada.

Esta cuestión constituye el núcleo de un análisis reciente sobre la política de "Paz Total" de Colombia, un experimento audaz lanzado en 2022, donde el gobierno intentó negociar ceses al fuego con casi todos los grupos armados del país simultáneamente. Entre 2023 y 2025, el gobierno emitió una serie de decretos que detuvieron temporalmente los combates con grupos que iban desde el Ejército de Liberación Nacional hasta diversas facciones de antiguos rebeldes y organizaciones criminales. Críticos y observadores señalaron rápidamente un patrón preocupante: mientras que los enfrentamientos entre el Estado y estos grupos específicos disminuyeron, la violencia entre diferentes grupos armados y los ataques contra civiles parecieron aumentar. La narrativa predominante era que los ceses al fuego habían fracasado, permitiendo que los grupos utilizaran su respiro para luchar entre sí por el control.

Sin embargo, un examen más detallado de los datos cuenta una historia diferente. El investigador detrás de este estudio, Alfredo Merlet, trató el conflicto colombiano como un experimento natural. Al utilizar registros detallados de eventos violentos y las fechas exactas de los decretos gubernamentales, pudo rastrear qué sucedió con grupos específicos durante sus treguas en comparación con lo que sucedió con los grupos que no estaban cubiertos por una tregua al mismo tiempo. El análisis se centró en tres tipos de violencia: combates entre el Estado y grupos armados, combates entre diferentes grupos armados y violencia dirigida contra civiles. El objetivo era ver si la reducción en la lucha contra el Estado se compensaba simplemente con un aumento en los otros dos tipos de violencia.

Los resultados fueron claros y sorprendentes. Cuando un grupo estaba bajo un alto al fuego, los enfrentamientos entre ese grupo y el Estado disminuyeron dramamente, aproximadamente entre un 86 y un 94 por ciento. Esto confirmó que las treguas eran efectivas para detener la violencia específica que pretendían detener. Pero, contrariamente a la creencia generalizada de que esta energía se redirigía hacia otro lugar, los datos no mostraron evidencia de que los grupos cubiertos aumentaran sus ataques contra rivales armados; de hecho, al observar a los grupos que formaban parte de la tregua, el número de eventos violentos en los que participaban contra otros grupos armados no aumentó; en algunos casos, incluso disminuyó. En cuanto a la violencia contra civiles, los resultados fueron inconclusos y no permitieron confirmar o descartar un posible desplazamiento hacia este tipo de ataques.

La confusión que llevó a la teoría del "desplazamiento" provino de observar al país como un todo sin separar a los grupos. En toda Colombia, la violencia entre diferentes bandas armadas aumentó drásticamente después de 2023. Sin embargo, este aumento estaba ocurriendo en todos, incluyendo a los grupos que no tenían ningún alto al fuego en absoluto. Debido a que la violencia general estaba aumentando, una simple comparación de "antes y después" hacía parecer que los grupos de la tregua eran los que causaban el repunte. Cuando el investigador comparó a los grupos de la tregua con los grupos sin tregua durante los mismos meses, la ilusión desapareció. Los grupos de la tregua no estaban luchando más que sus vecinos; simplemente eran parte de una escalada en todo el país que no tenía nada que ver con sus acuerdos específicos.

El estudio también analizó lo que sucedió después de que terminaran las treguas. Un temor común es que los grupos utilicen una pausa para rearmarse y luego regresen a la lucha con una intensidad aún mayor. Los datos tampoco respaldaron esto. En el año posterior al fin de una tregua, la violencia que involucraba a esos grupos se mantuvo más baja que antes de que comenzara el acuerdo. No volvió a un nivel superior al de la línea base. Esto sugiere que los grupos no utilizaron el tiempo para prepararse para un contraataque masivo, ni tampoco hubo evidencia clara de que cambiaran su enfoque hacia el terrorismo contra civiles para compensar su incapacidad de luchar contra el Estado.

Los hallazgos sugieren que el fracaso de la política de "Paz Total" en Colombia no se debió a que los ceses al fuego causaran que la violencia se moviera hacia un objetivo diferente en términos de combate entre grupos armados. En cambio, la política tuvo dificultades porque los otros frentes de la guerra estaban escalando por razones que las treguas individuales no podían detener. La violencia entre bandas rivales era impulsada por una competencia arraigada por el territorio y las ganancias ilegales, fuerzas que operaban independientemente de los acuerdos del gobierno con grupos específicos. Los ceses al fuego lograron congelar la línea del frente entre el Estado y los rebeldes, pero no pudieron detener la guerra que rugía entre los propios rebeldes.

Esta distinción es vital para comprender los límites de las negociaciones de paz. Las treguas hicieron lo que debían hacer: detuvieron los combates entre los firmantes y el gobierno. Sin embargo, no resolvieron el conflicto más amplio. El aumento de la violencia que observaron los observadores no fue un efecto secundario de los acuerdos de paz, sino una escalada paralela y separada que afectó a todos en el país. La lección es que, si bien los ceses al fuego bilaterales pueden pausar batallas específicas, no pueden resolver por sí solos una guerra compleja y de múltiples bandos donde los motores de la violencia están arraigados en la lucha por el control de la tierra y los recursos. Para reducir verdaderamente la violencia, los esfuerzos futuros deberán abordar directamente la competencia entre los grupos armados, en lugar de asumir que detener una pelea detendrá automáticamente las demás.

¿Ahogado en artículos de tu campo?

Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.

Probar Digest →