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Immersive virtual reality familiarisation with the operating theatre versus verbal flip-chart education for preoperative anxiety before third molar surgery under general anesthesia: a randomized controlled trial

Este ensayo controlado aleatorizado encontró que, si bien una breve familiarización mediante realidad virtual de 360 grados redujo significativamente la ansiedad preoperatoria autoinformada dentro del grupo de intervención, no fue superior a la educación convencional con rotafolio, y ninguno de los métodos alteró los marcadores de estrés fisiológico o los signos vitales en adultos sometidos a cirugía de tercer molar bajo anestesia general.

Autores originales: Saptiadi Oktora, Harmas Yazid Yusuf, Eriska Riyanti, Firdaus Hariri

Publicado 2026-10-22
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Saptiadi Oktora, Harmas Yazid Yusuf, Eriska Riyanti, Firdaus Hariri

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Antes de una cirugía importante, muchas personas sienten un nudo de preocupación en el estómago. Esto no es solo nerviosismo por el dolor o el procedimiento en sí; para muchos, es el miedo a lo desconocido. Nunca han visto el lugar donde serán anestesiados y no conocen la secuencia de eventos que ocurrirán desde el momento en que crucen la puerta hasta que pierdan la conciencia. Esta falta de familiaridad puede desencadenar una respuesta de estrés físico, elevando la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que puede dificultar la cirugía real y ralentizar la recuperación. Los médicos han sabido durante mucho tiempo que brindar información clara ayuda a calmar estos temores, pero la pregunta sigue siendo: ¿funciona tan bien el simple hecho de hablar sobre el proceso como el dejar que los pacientes lo experimenten?

En años recientes, la tecnología ha ofrecido una nueva forma de cerrar esta brecha. La realidad virtual permite a una persona entrar en una versión digital de un lugar, viendo y escuchando todo como si estuviera realmente allí. En el mundo de la medicina, los investigadores han comenzado a probar si esta experiencia inmersiva puede reducir la ansiedad de manera más efectiva que los métodos tradicionales. El objetivo es encontrar una forma de preparar a los pacientes para que, cuando lleguen a su operación, se sientan menos como extraños en una tierra extraña y más como personas que saben exactamente qué esperar.

Un equipo de investigadores en Indonesia se propuso probar esta idea con un grupo específico de pacientes: adultos jóvenes programados para la extracción de las muelas del juicio bajo anestesia general. Para muchos de estos individuos sanos, esta sería su primera vez entrando en un quirófano. Los investigadores querían ver si un recorrido virtual por el teatro quirúrgico los calmaba mejor que una conversación estándar con un médico utilizando un cuadro de imágenes. Reclutaron a treinta y dos adultos, todos entre los dieciocho y los cuarenta años, que estaban programados para la extracción de al menos dos muelas del juicio impactadas. Ninguno de ellos se había sometido antes a anestesia general.

El estudio fue diseñado como una comparación directa. El día antes de su cirugía, los pacientes fueron divididos en dos grupos. Un grupo se sentó en una habitación silenciosa y vio un video de 360 grados del quirófano. Usando un visor que cubría sus ojos y oídos, experimentaron un viaje en primera persona desde el momento en que entraron a la suite del quirófano, pasando por la sala de preparación, subiéndose a la mesa de operaciones y, finalmente, al momento en que son puestos a dormir. El video mostraba exactamente lo que verían y escucharían, narrado en su lengua materna, y duró quince minutos. El otro grupo recibió la misma información, pero de una manera tradicional. Se sentaron con un investigador que les mostró un rotafolio con fotografías de las mismas habitaciones y les explicó la misma secuencia de eventos, tomando también quince minutos.

Para medir qué tan bien funcionaron estos métodos, los investigadores buscaron dos tipos diferentes de evidencia. Primero, pidieron a los pacientes que calificaran sus propios sentimientos de ansiedad utilizando un cuestionario estándar que preguntaba sobre sus preocupaciones respecto a la anestesia y la cirugía. Segundo, buscaron signos físicos de estrés. Recolectaron muestras de saliva para medir los niveles de hormonas del estrés, específicamente la alfa-amilasa y el cortisol, que son sustancias químicas que el cuerpo libera cuando está bajo presión. También controlaron su presión arterial, pulso y frecuencia respiratoria. Estas mediciones se tomaron antes de la intervención, inmediatamente después, y quince minutos más tarde.

Los resultados mostraron que ambos grupos se sintieron mejor después de su sesión. En el grupo que vio el video de realidad virtual, la puntuación promedio de ansiedad bajó de casi diecinueve a aproximadamente dieciséis. En el grupo que miró el rotafolio, la puntuación también bajó, de veinte a aproximadamente dieciséis. Si bien el grupo de realidad virtual mostró una caída estadísticamente significativa en su propia ansiedad reportada, el grupo que utilizó el rotafolio mostró una mejora similar, aunque un poco menos constante. Cuando los investigadores compararon directamente a los dos grupos, no encontraron una diferencia significativa entre ellos. La experiencia de realidad virtual no calmó a los pacientes más que la simple conversación con imágenes.

Quizás lo más sorprendente fue la falta de cambio en la respuesta física del cuerpo. A pesar de la disminución en cómo los pacientes dijeron sentirse, sus hormonas del estrés no cambiaron. Los niveles de cortisol y alfa-amilasa en su saliva permanecieron iguales, y su frecuencia cardíaca, presión arterial y patrones de respiración se mantuvieron dentro de los rang возможно rangos normales. Esto sugiere que, si bien los pacientes se sintieron más tranquilos mentalmente, sus cuerpos no registraron un cambio significativo de estrés. Los investigadores señalaron que este desencuentro entre lo que las personas sienten y cómo reaccionan sus cuerpos es un fenómeno conocido, pero resalta que sentirse tranquilo no siempre significa que el cuerpo haya dejado de reaccionar ante la amenaza de la cirugía.

El estudio también confirmó que el método de realidad virtual era seguro y factible. Nadie experimentó mareos, náuseas u otros efectos secundarios por usar el visor, y las medidas de control de infecciones, como el uso de mascarillas desechables debajo del dispositivo, funcionaron bien. Sin embargo, los investigadores fueron cuidadosos al señalar que su estudio era pequeño, involucrando solo a dieciséis personas en cada grupo. Debido a este tamaño reducido, no pudieron probar definitivamente que la realidad virtual sea inferior al rotafolio, solo que no encontraron una diferencia en este grupo específico. También señalaron que las mediciones se tomaron solo quince minutos después de la sesión, lo que podría haber sido demasiado pronto para captar cualquier cambio retardado en las hormonas del estrés.

En última instancia, el estudio sugiere que la realidad virtual es una herramienta útil que puede añadirse a la preparación estándar para la cirugía, pero no es un reemplazo mágico para hablar con un paciente. Para los adultos jóvenes que enfrentan su primera anestesia general, una explicación simple y clara usando imágenes funciona tan bien como un recorrido digital inmersivo para reducir la ansiedad reportada. Los investigadores concluyeron que, si bien la tecnología es prometedora y factible, se necesitan estudios más grandes para ver si estos métodos pueden mejorar los resultados físicos reales de la cirugía, como la estabilidad durante la operación o la velocidad de recuperación. Por ahora, el mejor enfoque parece ser utilizar el método que haga que el paciente se sienta más informado y cómodo, ya sea un visor de alta tecnología o un libro de imágenes bien organizado.

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