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From Shelfmark to Platform: Provenance, Description, and Digital Access to Jawi Manuscripts in European Repositories

Este artículo analiza cómo los repositorios europeos median la procedencia, la descripción y el acceso digital de los manuscritos en jawi mediante un estudio netnográfico de las principales instituciones, argumentando a favor de un modelo de descripción recíproca que integre la terminología de la comunidad de origen y las historias de adquisición para transformar los sustitutos digitalizados en interfaces de archivo más equitativas.

Autores originales: Allif Syahputra Bania, Berlin Sibarani, Isli Iriani Indiah Pane

Publicado 2026-10-12
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Allif Syahputra Bania, Berlin Sibarani, Isli Iriani Indiah Pane

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina una vasta biblioteca donde los libros no son solo historias, sino objetos físicos que han viajado a través de océanos, han pasado de mano en mano muchas veces y han sido escritos en escrituras que pocas personas hoy en día pueden leer con facilidad. Estos son los manuscritos Jawi, documentos escritos en la lengua malaya utilizando una escritura adaptada de letras árabes. Durante siglos, han sido el registro de la ley, la religión, la poesía y la vida cotidiana a través de las islas del sudeste asiático. Hoy en día, muchos de estos preciosos textos no se encuentran en sus regiones de origen, sino que están en las grandes bibliotecas de Europa, como las de Londres, Cambridge, Leiden y París. Durante mucho tiempo, un investigador tenía que viajar a estas ciudades para verlos. Ahora, gracias a internet, existen imágenes de alta resolución de estas páginas disponibles en línea. Pero este cambio de un libro físico en un estante a una imagen digital en una pantalla no es simplemente una copia simple. Cambia nuestra forma de entender la historia del objeto, cómo lo encontramos y quién cuenta su historia.

La pregunta que se hacen los investigadores no es si estos manuscritos están seguros en las bibliotecas europeas, sino cómo los sistemas digitales utilizados para describirlos moldean nuestro conocimiento sobre ellos. Cuando una biblioteca pone un manuscrito en línea, debe decidir cómo llamarlo, de dónde proviene y en qué idioma está escrito. Estas decisiones son tomadas por catalogadores y diseñadores de software, a menudo basados en registros escritos hace décadas o incluso siglos. El problema es que estas descripciones digitales a veces pueden ocultar la vida rica y compleja del manuscrito antes de su llegada a Europa. Pueden decirnos exactamente quién compró el libro en 1842, pero decir muy poco sobre la aldea donde fue copiado, el escriba que lo escribió o la comunidad que lo utilizó durante generaciones. La interfaz digital, por lo tanto, se convierte en una especie de guardián, decidiendo qué partes de la historia son fáciles de ver y cuáles permanecen en las sombras.

Un equipo de investigadores se propuso examinar este control de acceso digital. No estudiaron los manuscritos físicos en sí, lo que requeriría viajar a las salas de lectura de estas instituciones europeas. En su lugar, estudiaron las huellas digitales dejadas por los manuscritos. Visitaron los sitios web públicos de cuatro bibliotecas importantes: la British Library, la Cambridge University Library, las Bibliotecas de la Universidad de Leiden y la Bibliothèque nationale de France. Observaron cómo estas instituciones describen sus colecciones de Jawi en línea. Revisaron las entradas de los catálogos, las herramientas de búsqueda, las imágenes digitalizadas y los ensayos escritos por los curadores para explicar las colecciones. Trataron estos sitios web no solo como herramientas para encontrar libros, sino como participantes activos en la creación de la historia. Al rastrear cómo un usuario se mueve desde un resultado de búsqueda hasta una descripción completa, pudieron ver dónde el sistema ayudaba y dónde bloqueaba la comprensión.

Lo que encontraron fue un panorama de éxito mixto. Por un lado, las bibliotecas están realizando un trabajo impresionante al rastrear la historia "custodial" de los manuscritos. Esto significa que a menudo pueden decirle exactamente cuándo se compró un libro, de quién y cómo entró en la colección de la biblioteca. Por ejemplo, un registro podría declarar claramente que un manuscrito específico fue comprado a un coleccionista llamado John Crawfurd en 1842. Esta es información valiosa que vincula el objeto con un momento específico de la historia colonial. Sin embargo, la historia suele detenerse ahí. La descripción rara vez retrocede para explicar dónde se hizo el manuscrito, quién lo escribió o cómo viajó a través de las comunidades locales antes de ser vendido a un coleccionista europeo. El registro digital se convierte en una historia unilateral que comienza con la llegada a Europa, borrando efectivamente la vida anterior del manuscrito.

Los investigadores también notaron que la forma en que estos manuscritos son nombrados y descritos es inconsistente. Una biblioteca podría listar un libro como estando en "malayo", mientras que otra lo llama "malayo-árabe", y una tercera podría simplemente decir "en escritura Jawi". Esta inconsistencia crea un problema real para cualquiera que intente encontrar estos materiales. Si un estudiante busca "Jawi", podría perderse un registro que solo esté etiquetado como "malayo" y "escritura árabe". Si busca un título en la escritura original, podría no encontrarlo si la biblioteca solo ha listado una versión romanizada. Las herramientas digitales no están hablando el mismo lenguaje, lo que significa que el mismo manuscrito puede estar oculto de diferentes maneras dependiendo de qué sitio web de la biblioteca se visite. Esto hace que sea mucho más difícil para los investigadores, especialmente para aquellos del sudeste asiático, descubrir materiales que sean relevantes para su propio patrimonio.

Otro hallazgo clave es que el simple hecho de escanear un libro y ponerlo en línea no garantiza automáticamente su accesibilidad. Los investigadores observaron que el acceso es estratificado. Un usuario puede ser capaz de ver una imagen de alta calidad de una página, pero si la descripción es demasiado escerta o los términos de búsqueda son confusos, no podrá comprender qué es lo que está mirando. Por el contrario, una biblioteca puede tener una descripción muy detallada pero no tener ninguna imagen. El verdadero acceso requiere que tanto la imagen como el contexto trabajen juntos. El estudio mostró que algunas bibliotecas están comenzando a cerrar esta brecha escribiendo ensayos narrativos más largos que explican la historia de un manuscrito en un lenguaje sencillo. Estos ensayos pueden revelar detalles sobre los escribas, los coleccionistas y el contexto histórico que una entrada de catálogo estándar omite. Sin embargo, estas historias ricas suelen estar separadas del catálogo principal, lo que significa que un usuario tiene que saber dónde buscar para encontrarlas.

Los investigadores también señalaron que la historia de estos manuscritos está dispersa en diferentes instituciones. Un solo texto puede existir en copias mantenidas en bibliotecas de Londres, Leiden y París, cada una con su propia historia y descripción única. El mundo digital facilita encontrar estas piezas dispersas, pero no las conecta automáticamente. Si un investigador encuentra un manuscrito en Londres, el sitio web podría no informarle que existe una copia relacionada en los Países Bajos. Esta fragmentación significa que la historia completa del viaje de un manuscrito a menudo se divide en piezas que son difíciles de volver a unir.

Para resolver estos problemas, los autores proponen una nueva forma de pensar sobre cómo deberían funcionar estos archivos digitales. Sugieren un modelo de "descripción recíproca". Esto significa que las bibliotecas deben mantener sus registros antiguos como una forma de preservar la historia, pero también deben añadir nuevas capas de información. Podrían incluir la escritura original junto al texto romanizado, añadir nombres de lugares y personas de las comunidades de origen, y mostrar claramente cómo ha cambiado la descripción a lo largo del tiempo. Lo más importante es que sugieren que las bibliotecas inviten a expertos de las comunidades donde se originaron estos manuscritos para ayudar a mejorar las descripciones. Esto no significaría ceder el control, sino crear una asociación donde el conocimiento local ayude a que los registros digitales sean más precisos y significativos.

El estudio concluye que la digitalización no es solo un proceso técnico de copiar imágenes; es un acto de archivo que moldea nuestra comprensión del pasado. La interfaz digital es donde se ensambla la historia de estos manuscritos, y las elecciones realizadas por las bibliotecas determinan qué podemos ver. Al hacer que estas descripciones sean más estratificadas, más transparentes y más conectadas con las comunidades que crearon los manuscritos, las bibliotecas europeas pueden convertir sus plataformas digitales en puentes en lugar de barreras. Esto permitiría que los manuscritos Jawi sean vistos no solo como objetos de una colección europea, sino como partes vivas de una historia humana compartida que continúa conectando a personas en todo el mundo.

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