Do start-ups follow their industry? Sectoral bases and start-up location in southern Brazil
Este estudio de 483 empresas emergentes en el sur de Brasil encuentra que los nuevos emprendimientos tienen una probabilidad significativamente mayor de ubicarse en municipios con una base productiva existente sólida para su sector específico, mientras que la base de conocimiento local (matrícula universitaria) no muestra una asociación independiente con la formación de empresas emergentes.
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Las nuevas empresas no aparecen de forma aleatoria en un mapa. Tienden a agruparse en lugares específicos, siguiendo a menudo un patrón familiar: se reúnen en grandes y ricas ciudades donde la gente tiene dinero, educación y conexiones. Sin embargo, bajo esta tendencia general de que las grandes ciudades atraen todo, hay una geografía más específica en funcionamiento. Los emprendedores suelen fundar empresas en los mismos sectores en los que trabajaron anteriormente, cerca de las fábricas u oficinas que los formaron, y cerca de los clientes que ya conocen. Esta idea constituye la columna vertebral de la política de innovación moderna. Los gobiernos y los planificadores regionales intentan a menudo impulsar sus economías locales identificando aquello en lo que su zona ya es buena —ya sea la agricultura, la medicina o la tecnología— y luego destinando recursos a esos sectores específicos. La suposición es que los nuevos proyectos surgirán naturalmente donde las herramientas, los trabajadores y los conocimientos existentes para esa industria sean más fuertes. Pero si esta suposición se cumple en el mundo real, especialmente en las economías en desarrollo, rara vez ha sido probada directamente.
Un investigador de una universidad del sur de Brasil se propuso probar esta suposición analizando la ubicación real de las nuevas empresas. El estudio se centró en el estado de Rio Grande do Sul, una región con una economía diversa que va desde vastas tierras agrícolas hasta un importante centro metropolitano. El investigador examinó 438 nuevas empresas registradas en tres campos distintos: tecnología de la salud, tecnología agrícola y tecnología de la información y la comunicación. Estas empresas estaban repartidas en 497 pueblos y ciudades diferentes del estado. El objetivo era ver si estas nuevas empresas elegían su ubicación basándose en dos tipos diferentes de activos locales. El primer activo es la "base productiva", que se refiere a la infraestructura física y comercial de una industria, como el número de camas de hospital, la cantidad de dinero generado por las granjas locales o el recuento de empresas tecnológicas existentes. El segundo activo es la "base de conocimiento", que se refiere a la presencia de universidades y al número de estudiantes matriculados en programas de grado relacionados con ese campo específico.
Para encontrar la respuesta, el investigador comparó pueblos que eran similares en tamaño y riqueza pero que tenían diferentes fortalezas en estas áreas. Por ejemplo, el estudio analizó si un pueblo con muchos hospitales pero pocas empresas tecnológicas tenía más empresas emergentes de tecnología que de salud, y viceversa para un pueblo con muchas empresas tecnológicas pero pocos hospitales. Al utilizar un método estadístico que tenía en cuenta factores generales como la población y los ingresos, el estudio aisló el efecto de los activos específicos de la industria. Los resultados fueron claros y consistentes. El estudio encontró que un pueblo con una base productiva más fuerte para un sector específico tenía significativamente más empresas emergentes en ese mismo sector. Específicamente, por cada incremento estándar en la fuerza de la base productiva de una industria local, el número de empresas emergentes en ese campo aumentó un 42 por ciento. Este patrón se mantuvo incluso cuando los investigadores eliminaron la ciudad más grande del estado de los datos e incluso cuando analizaron definiciones más amplias de estas industrias.
En contraste, la presencia de universidades y el número de estudiantes que estudian en un campo específico no mostraron un efecto independiente similar. Si bien las universidades suelen ser vistas como motores de innovación, los datos sugirieron que el simple hecho de tener un campus con estudiantes en salud, agricultura o tecnología no predecía, por sí solo, dónde se ubicarían las nuevas empresas. La conexión entre un programa universitario local y el nacimiento de una nueva empresa en ese campo no fue lo suficientemente fuerte como para ser detectada una vez que se tuvieron en cuenta los activos físicos y comerciales de la industria. Este hallazgo desafía la creencia común de que construir un programa universitario es la forma principal de impulsar una industria tecnológica o médica local. En cambio, la evidencia sugiere que los nuevos proyectos están más estrechamente ligados a las industrias existentes a las que sirven —los hospitales, las granjas y las empresas establecidas— que a las instituciones académicas que forman a sus fundadores.
El estudio también reveló que estos patrones locales están profundamente entrelazados con las regiones más amplias. Cuando los investigadores analizaron los datos a una escala mayor, agrupando los pueblos en los ocho ecosistemas de innovación regionales del estado, el vínculo específico entre los activos de un pueblo y sus empresas emergentes se volvió menos preciso. Esto sugiere que, si bien un pueblo específico puede tener una industria local fuerte, la decisión de emprender un negocio allí también está influenciada por la especialización regional más amplia. Por ejemplo, se encontró que las empresas emergentes agrícolas estaban más dispersas por todo el estado, reflejando la amplia distribución de las granjas, mientras que las empresas emergentes de salud estaban fuertemente concentradas en la capital, donde se encuentran los complejos hospitalarios más grandes. Esto indica que las nuevas empresas tienden a seguir el paisaje físico de su industria, buscando a los usuarios y clientes que necesitan para sobrevivir.
En última instancia, la investigación proporciona una guía clara sobre cómo los lugares pueden apoyar a las nuevas empresas. Sugiere que las políticas destinadas a ayudar a las empresas emergentes son más efectivas cuando se basan en las fortalezas industriales existentes en lugar de intentar crear nuevas desde cero. Conectar los nuevos proyectos con los hospitales, las granjas y las empresas tecnológicas establecidas en una región parece ser un camino más fiable hacia el crecimiento que centrarse únicamente en la matrícula académica. Los hallazgos indican que, en el sur de Brasil, y probablemente en economías emergentes similares, la geografía de la innovación está impulsada más por la presencia tangible de una industria y sus clientes que por la proximidad de un campus universitario. Esta visión ayuda a explicar por qué las nuevas empresas suelen aparecer donde ya se está realizando el trabajo, siguiendo el camino de menor resistencia hacia los recursos y las redes que necesitan para tener éxito.
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