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A 20-year indwelling dual-coil passive-fixation ICD lead complicated by CIED pocket infection in an 85-year-old patient: a rare case report

Este reporte de caso describe la extracción transvenosa exitosa de un cable de DAI de fijación pasiva de doble bobina de 20 años de antigüedad en un paciente de 85 años con una infección del bolsillo mediante una vaina de dilatación mecánica rotacional tras el fallo de una vaina láser, seguido de la implantación de un DAI subcutáneo.

Autores originales: Yue Bao, Qingquan Zhang, Lei Li, Hongwei Han

Publicado 2026-10-18
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Yue Bao, Qingquan Zhang, Lei Li, Hongwei Han

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los dispositivos de ritmo cardíaco, conocidos como desfibriladores cardioversores implantables, son máquinas que salvan vidas al monitorear el corazón y administrar una descarga si ocurre un ritmo peligroso. Con el tiempo, estos dispositivos pueden infectarse, una complicación grave que requiere la extracción de todo el sistema para curar al paciente. Retirar el dispositivo es sencillo cuando es nuevo, pero la tarea se convierte en una operación delicada y peligrosa cuando los cables, o electrodos, han estado dentro del cuerpo durante muchos años. A medida que pasa el tiempo, el cuerpo desarrolla naturalmente capas de tejido cicatricial alrededor de estos cables, anclándolos firmemente al corazón y a los vasos sanguíneos. Cuanto más tiempo permanece un cable en su lugar, más se arraiga, lo que convierte la extracción en un procedimiento de alto riesgo donde incluso un pequeño desliz podría desgarrar un vaso sanguíneo o dañar el corazón. Este desafío se agrava cuando el paciente es muy anciano, ya que sus vasos sanguíneos suelen ser más frágiles y menos capaces de soportar el estrés de la cirugía.

En un caso raro y complejo, médicos del Hospital del Corazón Asia de Wuhan se enfrentaron exactamente a este escenario con un hombre de ochenta y cinco años. Tenía un electrodo de desfibrilador que había estado dentro de su cuerpo durante veinte años, una duración excepcionalmente larga para tal dispositivo. El electrodo era de un tipo específico con dos bobinas metálicas diseñadas para mantenerlo en su lugar sin tornillos activos, un diseño que a menudo fomenta que el cuerpo desarrolle un tejido fibroso grueso alrededor de él. El paciente desarrolló una infección en el bolsillo donde el dispositivo se encuentra bajo la piel, una condición que hizo necesaria la extracción completa del sistema. El equipo médico sabía que extraer un cable que ha permanecido en su lugar durante dos décadas en un octogenario sería increíblemente difícil, pero la situación presentó un giro único que hacía imposible las técnicas de extracción estándar.

Cuando los cirujanos comenzaron el procedimiento, intentaron utilizar una vaina de láser, una herramienta comúnmente utilizada para cortar el tejido cicatricial. Esta herramienta requiere un cable delgado y rígido que debe enhebrarse a través del centro hueco del viejo electrodo para guiar el láser de forma segura hasta la punta. Sin embargo, cuando el equipo intentó pasar este cable guía, descubrieron que el interior del electrodo estaba completamente bloqueado. Después de veinte años, el canal interno se había obstruido con desechos y comprimido por el tejido cicatricial circundante, impidiendo que el cable guía alcanzara el extremo del electrodo. Sin este guía, la vaina de láser no podía usarse de forma segura, ya que forzarla hacia adelante supondría el riesgo de cortar la pared del vaso sanguíneo en lugar del tejido cicatricial. El equipo tuvo que abandonar el enfoque de láser por completo para evitar una lesión catastrófica.

En su lugar, los cirujanos cambiaron a una herramienta mecánica diferente, una vaina dilatadora rotatoria, que actúa como un taladro especializado que puede cortar material resistente mientras gira. Avanzaron cuidadosamente esta herramienta sobre el electrodo bloqueado, utilizando una cuchilla rotatoria en su punta para cortar las capas de tejido cicatricial endurecido que envolvían el cable. El equipo trabajó de manera lenta y metódica, cortando las capas fibrosas pulgada a pulgada mientras tiraba suavemente hacia atrás del cable para mantenerlo estable. Esta disección capa por capa permitió liberar el electrodo del corazón y de los vasos sanguíneos sin dejar fragmentos detrás ni dañar las estructuras circundantes. Toda la operación duró dos horas y media y, durante todo el proceso, las constantes vitales del paciente se mantuvieron estables, sin que se produjeran desgarros en el corazón o en los vasos sanguíneos.

Una vez que el electrodo infectado y el dispositivo fueron extraídos con éxito, los médicos tuvieron que decidir cómo proteger al paciente de futuros problemas de ritmo cardíaco. El paciente aún tenía un alto riesgo de latidos peligrosos, pero colocar un nuevo cable en las venas no era una opción segura. El riesgo de que el nuevo cable se infectara de nuevo era demasiado alto, y el paciente no necesitaba un dispositivo que pudiera estimular el corazón para ritmos lentos, que es la única razón por la que normalmente es necesario un cable dentro del corazón. En consecuencia, el equipo implantó un desfibrilador subcutáneo, un dispositivo que se sitúa enteramente bajo la piel sin que ningún cable entre en el corazón o en los vasos sanguíneos. Este nuevo sistema proporciona la misma capacidad de descarga vital pero elimina el riesgo de infecciones en las venas profundas y la dificultad de retirar los cables en el futuro.

La exitosa extracción de este electrodo de veinte años en un paciente de ochenta y cinco años resalta la importancia de disponer de múltiples herramientas y estrategias para casos médicos complejos. El resultado no estaba garantizado, ya que la obstrucción dentro del electrodo no se pudo predecir antes de que comenzara la cirugía. El equipo médico dependió de un plan cuidadoso que incluyó apoyo de respaldo de cirujanos cardíacos y un monitoreo continuo de la función del corazón durante la operación. Al adaptar su técnica cuando el método estándar falló, pudieron limpiar la infección y proporcionar al paciente una solución más segura a largo plazo. Este caso demuestra que incluso en situaciones donde los riesgos son extremos y la anatomía está fuertemente alterada por el tiempo, un enfoque personalizado puede conducir a una recuperación exitosa.

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