Prevalence, Clinical Presentation Antifungal Susceptibility Profiles and Factors Associated with Chronic Pulmonary Aspergillosis among Pulmonary Tuberculosis Suspects in Uganda: A Cross- sectional study
Este estudio transversal realizado en el Hospital Nacional de Referencia Mulago en Uganda revela que el 13,3% de los sospechosos de tuberculosis pulmonar presentan aspergilosis pulmonar crónica, una condición causada frecuentemente por *A. fumigatus* y *A. niger* con patrones de susceptibilidad distintos y significativamente asociada con una mayor duración de los síntomas, dolor torácico y exposición a la TB, lo que destaca la necesidad de un tamizaje de rutina en este entorno de alta carga.
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En muchas partes del mundo, una tos persistente, fiebre y pérdida de peso son a menudo los primeros signos de una infección pulmonar grave. Durante décadas, los médicos se han centrado intensamente en la tuberculosis, una enfermedad contagiosa causada por bacterias que prosperan en condiciones de hacinamiento y sigue siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Sin embargo, los pulmones también son vulnerables a un tipo diferente de invasor: el moho. Específicamente, un hongo llamado Aspergillus, que vive invisiblemente en el aire que respiramos, puede asentarse en pulmones que ya han sido debilitados por otras enfermedades. Cuando esto sucede, crea una condición conocida como aspergilosis pulmonar crónica. El problema es que los síntomas de esta infección fúngica se parecen casi exactamente a los de la tuberculosis. Un paciente podría toser sangre, perder peso y sentirse exhausto, lo que lleva a un médico a tratarlo por la enfermedad equivocada. Esta confusión es peligrosa porque los medicamentos utilizados para matar bacterias no hacen nada para detener un hongo, y la demora permite que la infección empeore.
Investigadores en Uganda recientemente se propusieron desatar este nudo diagnóstico. Trabajaron en el Hospital Nacional de Referencia Mulago en Kampala, un importante centro médico que atiende a una población donde la tuberculosis es común. El equipo se centró en adultos que acudían a la clínica con síntomas respiratorios que hacían a los médicos sospechar de tuberculosis. En lugar de detener su investigación una vez que descartaban o confirmaban la tuberculosis, los investigadores también buscaron signos de la infección fúngica. Recolectaron muestras de esputo de 135 pacientes y las probaron utilizando herramientas moleculares avanzadas para detectar las bacterias de la tuberculosis, mientras simultáneamente cultivaban las muestras en medios especiales para ver si algún moho crecía. También examinaron radiografías de tórax para buscar patrones específicos de daño en los pulmones y probaron los hongos aislados para ver qué medicamentos podían detenerlos.
El estudio reveló que el solapamiento entre estas dos enfermedades es significativo y a menudo pasado por alto. Entre los 135 pacientes evaluados, se encontró que aproximadamente el 13 por ciento tenía la infección fúngica. Este grupo incluía a personas que tenían tuberculosis activa junto con el hongo, así como a aquellos que tenían el hongo pero ninguna tuberculosis en absoluto. Los tipos más comunes de moho encontrados fueron Aspergillus fumigatus y Aspergillus niger. Cuando los investigadores analizaron los síntomas de los pacientes, encontraron que aquellos con la infección fúngica a menudo sufrían de dolor en el pecho y habían estado enfermos durante un tiempo más largo que aquellos que solo tenían tuberculosis. De hecho, cuanto más tiempo llevaba un paciente tosiendo y sintiéndose mal, más probable era que tuviera la infección fúngica. Las radiografías de tórax de estos pacientes mostraban frecuentemente cicatrización o fibrosis en los pulmones, un signo de daño a largo plazo.
Quizás lo más importante es que el estudio proporcionó una imagen clara de cómo tratar a estos pacientes. Los investigadores probaron los hongos aislados contra fármacos antifúngicos comunes y encontraron que todas las muestras eran sensibles a un medicamento llamado voriconazol, lo que significa que el fármaco detendría eficazmente el crecimiento del hongo. Sin embargo, también descubrieron que alrededor del 31 por ciento de las muestras fúngicas eran resistentes a otro fármaco, la anfotericina B, lo que sugiere que no todos los tratamientos funcionan para cada paciente. Los hallazgos sugieren que en regiones donde la tuberculosis es común, los médicos deberían considerar la detección de esta infección fúngica en pacientes que no responden al tratamiento estándar para la tuberculosis o que presentan síntomas que persisten durante semanas. Al identificar la causa fúngica tempranamente, los clínicos pueden prescribir la medicación adecuada más pronto, potencialmente previniendo un mayor daño pulmonar y salvando vidas en un entorno donde el diagnóstico erróneo es un problema frecuente y costoso.
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