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Between Mandate and Practice: A Scoping Review of Early Childhood Counselling Needs in Indonesia and Lessons from Eight Education Systems

Esta revisión de alcance identifica una brecha crítica entre el mandato regulatorio de Indonesia para el asesoramiento en la primera infancia y su práctica con escasos recursos, proponiendo un Marco Integrado de Asesoramiento en la Primera Infancia (IECCF, por sus siglas en inglés) que se nutre de lecciones de ocho sistemas educativos globales para cambiar el enfoque de los déficits individuales hacia un apoyo relacional y de múltiples niveles.

Autores originales: MA Muazar Habibi, Jundu Muhammad Mufakkirul Islami

Publicado 2026-10-14
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: MA Muazar Habibi, Jundu Muhammad Mufakkirul Islami

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina a un niño pequeño sentado en un aula, luchando por gestionar un repentino estallido de ira o una profunda tristeza que parece surgir de la nada. Durante décadas, los expertos han observado estos momentos a través de un lente médico, preguntándose si el niño está enfermo y qué medicina podría curarlo. Pero un creciente cuerpo de pensamiento sugiere que estas luchas a menudo no se deben solo a la química interna del niño. En cambio, están moldeadas por el mundo que los rodea inmediatamente: el estrés en su hogar, las relaciones con sus maestros y los sistemas de apoyo disponibles en su comunidad. Este cambio de perspectiva desplaza el enfoque de tratar un trastorno una vez que este se ha arraigado hacia la construcción de un entorno de apoyo que ayude a los niños a navegar sus sentimientos antes de que esos sentimientos se conviertan en patrones permanentes. Es una cuestión de cómo cuidamos a los más jóvenes, no solo en los hospitales, sino en los lugares donde pasan sus días.

En Indonesia, la cuarta nación más poblada del mundo, el gobierno ya ha escrito las reglas para este tipo de cuidado. Las regulaciones nacionales establecen que cada escuela debería tener servicios de orientación y asesoramiento, con el objetivo de tener un consejero por cada ciento cincuenta estudiantes. En el papel, el sistema parece listo para ayudar. Sin embargo, en el mundo real, la mayoría de las escuelas primarias y preescolares operan sin un solo consejero dedicado. La responsabilidad recae, en cambio, en los maestros de aula, quienes a menudo se espera que gestionen estas complejas necesidades emocionales sin una formación específica. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Mataram, liderado por MA Muazar Habibi y Jundu Muhammad Mufakkirul Islami, se propone comprender esta brecha entre lo que dice la ley y lo que realmente sucede. Querían saber qué necesidades emocionales enfrentan los niños pequeños indonesios, por qué surgen esas necesidades y qué puede aprender Indonesia de otros ocho sistemas educativos de todo el mundo que han establecido un apoyo para la salud mental de los niños pequeños.

Los investigadores no realizaron un nuevo experimento con niños. En su lugar, realizaron una búsqueda amplia, conocida como revisión de alcance, para reunir y organizar la evidencia existente. Examinaron cientos de estudios publicados entre 2015 y principios de 2026, que cubrían Indonesia y otros ocho países: Finlandia, Australia, Singapur, Canadá, el Reino Unido, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur. Filtraron datos de clínicas de salud, escuelas e informes gubernamentales, seleccionando finalmente treinta y ocho fuentes que ofrecían la imagen más clara de la situación. Su objetivo era mapear el panorama del asesoramiento en la primera infancia, identificando patrones en lo que los niños necesitan, qué condiciones crean esas necesidades y cómo diferentes países organizan sus sistemas de apoyo.

La revisión reveló una realidad sorprendente: las necesidades de los niños pequeños en Indonesia son visibles, pero en gran medida no se contabilizan. En varios estudios locales, los investigadores encontraron que un número significativo de niños pequeños muestra signos de dificultades conductuales y emocionales. En un estudio comunitario en Yogyakarta, casi el dieciocho por ciento de los niños entre los dos y cinco años presentaba tales problemas. En un cribado de niños de jardín de infancia en Banjarmasin, la cifra era incluso mayor, con hasta un sesenta por ciento mostrando probables dificultades mentales o emocionales. Estos números varían porque diferentes estudios utilizaron diferentes herramientas y analizaron distintos grupos, pero todos apuntan a la misma conclusión. Los problemas son reales y generalizados, pero a menudo son registrados por servicios de salud que no se comunican con las escuelas, dejando al sistema educativo inconsciente de la magnitud total del desafío.

El estudio también encontró que estas dificultades rara vez existen de forma aislada. Son producidas por las relaciones que rodean al niño. La investigación destacó que la depresión parental es un factor poderoso; cuando un padre lucha contra la depresión, la probabilidad de que su hijo pequeño tenga problemas de conducta aumenta dramente. Esto sugiere que ayudar a un niño a menudo requiere ayudar a la familia. En la escuela, la situación es similarmente tensa. Aunque las normas nacionales dicen que las escuelas deberían tener servicios de asesoramiento, la mayoría de las escuelas primarias carecen de ellos. En su lugar, los maestros de aula se ven obligados a llenar ese vacío. Las encuestas muestran que, si bien casi todos los maestros aceptan que el asesoramiento es parte de su trabajo, la mayoría siente que carece de los conocimientos y habilidades para hacerlo bien. Dependen de sus propios instintos y experiencia personal en lugar de métodos estructurados, lo que los deja mal equipados para manejar las complejas necesidades emocionales de los niños a los que enseñan.

Cuando los investigadores compararon a Indonesia con los otros ocho sistemas educativos, surgió un patrón claro. La diferencia no estaba en lo que decían las políticas, sino en cómo se financiaban y se dotaban de personal. En países como Finlandia y Australia, el asesoramiento no es solo una regla en el papel; es un sistema con profesionales dedicados, formación clara para los maestros y fuertes vínculos entre las escuelas y los servicios de apoyo familiar. Finlandia, por ejemplo, utiliza equipos multiprofesionales que incluyen consejeros, trabajadores sociales y profesionales de la salud para apoyar a las familias. Australia ha construido plataformas nacionales que capacitan a los maestros y conectan las escuelas con expertos en salud mental. En contraste, Indonesia tiene el mandato pero carece de la maquinaria. El gobierno ha establecido una proporción de consejeros, pero no hay suficientes puestos financiados para cubrir esa proporción, y no existe un flujo constante de formación para preparar a los maestros para este trabajo.

Los investigadores argumentan que la solución no es simplemente copiar un modelo extranjero, sino construir un sistema que se ajuste a la realidad local. Proponen una nueva forma de pensar llamada Marco Integrado de Asesoramiento en la Primera Infancia. Este marco ve el bienestar del niño como el resultado de seis capas conectadas: el propio niño, su familia, su maestro, los servicios escolares, la comunidad más amplia y la política nacional. Sugiere que no se puede solucionar las luchas emocionales de un niño mirando solo al niño. También se debe mirar la salud mental de la familia, la formación del maestro, la disponibilidad de apoyo comunitario como los puestos de salud locales y si el gobierno proporciona el dinero y la coordinación para que todo funcione.

El estudio concl이가 que el desafío de Indonesia no es la falta de buenas ideas o leyes, sino una brecha entre esas leyes y la realidad diaria de las escuelas. Las necesidades de los niños pequeños son claras, y las relaciones que dan forma a esas necesidades se comprenden. Lo que falta es la infraestructura para convertir el mandato en práctica. Al financiar puestos específicos de consejeros, capacitar a los maestros desde el inicio de sus carreras y organizar el apoyo familiar a través de diferentes sectores, el país podría cerrar esta brecha. El camino a seguir implica construir un sistema donde el cuidado de la mente de un niño esté tan integrado y apoyado como el cuidado de su cuerpo, asegurando que las dificultades emocionales se aborden antes de que se conviertan en obstáculos duraderos en la vida de un niño.

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