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Criminal Order, Ports, and Coca Booms: The Onset, Amplification, and Persistence of Ecuador’s Territorial Homicide Divide (2014–2025)

Este artículo utiliza microdatos administrativos y estudios de eventos de diferencias en diferencias para demostrar que la brecha territorial de homicidios en Ecuador entre la Costa y el interior surgió a finales de 2020, se amplificó a través de 2023 y persistió hasta 2025 como resultado de un choque transnacional en el suministro de coca que fue transmitido solo después del colapso previo del orden criminal del país.

Autores originales: Juan Pablo Jaramillo-Ramón, Juan Federico Pino-Uribe, Juan Manuel Caicedo-Atehortúa

Publicado 2026-11-02
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Juan Pablo Jaramillo-Ramón, Juan Federico Pino-Uribe, Juan Manuel Caicedo-Atehortúa

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La violencia en un país rara vez es una única ola uniforme que se desplaza sobre todo el territorio a la vez. En cambio, a menudo se mueve como una marea, subiendo en algunos lugares mientras retrocede en otros, impulsada por la geografía específica y las reglas ocultas de las personas que controlan esos espacios. En el estudio del crimen organizado, los investigadores han entendido desde hace tiempo que la mera presencia de mercados ilegales, como el comercio de la cocaína, no garantiza automáticamente un aumento de los asesinatos. Para que la violencia estalle, algo más debe suceder: los delicados, y a menudo invisibles, acuerdos que mantienen bajo control a los grupos criminales rivales deben romperse. Cuando esos arreglos colapsan, la competencia se vuelve letal, y la violencia que sigue no es aleatoria; se concentra en los lugares que más importan para el comercio, como los puertos y los corredores de transporte. Comprender exactamente cuándo y por qué ocurre este cambio es crucial, porque nos dice si una crisis es causada por un cambio repentino de gobierno, una nueva ola de drogas o la fractura interna del mundo criminal.

Un nuevo estudio de Ecuador, un país que alguna vez disfrutó de una de las tasas más bajas de muertes violentas en América del Sur, ofrece un mapa preciso de cómo se desarrolla tal crisis. Entre 2010 y 2018, la nación había logrado reducir su tasa de homicidios a aproximadamente 5,8 muertes por cada 100.000 personas. Solo cinco años después, esa cifra había superado las 45 por cada 100.000, acompañada de masacres carcelarias, el asesinato de un candidato presidencial y la toma armada de medios de comunicación. Sin embargo, observar el promedio nacional oculta una verdad más profunda: la violencia no se extendió de manera uniforme. Creó una división pronunciada entre las provincias costeras y el resto del país. Para entender esta división, los investigadores Juan Pablo Jaramillo-Ramón, Juan Federico Pino-Uribe y Juan Manuel Caicedo-Atehortúa examinaron casi 40.000 registros individuales de homicidios intencionales de 2014 a 2025. No solo analizaron las cifras totales; desglosaron los datos por mes, por trimestre y por pueblos específicos para rastrear el momento exacto en que la trayectoria de la costa se desvió de la del interior.

Los investigadores encontraron que la división comenzó en el último trimestre de 2020. Este momento es significativo porque descarta varias explicaciones populares para la crisis. La división se abrió antes de que el nuevo presidente asumiera el cargo en mayo de 2021, lo que significa que el cambio de gobierno no fue el detonante. También comenzó antes del asesinato del líder de un importante grupo criminal, Los Choneros, que ocurrió a finales de diciembre de 2020. En cambio, la evidencia sugiere que el asesinato no fue el disparo de salida, sino un evento ruidoso en un proceso que ya estaba en marcha. El orden criminal que había mantenido contenida la violencia ya se estaba erosionando en la segunda mitad de 2020, y el asesinato del líder fue un síntoma de ese colapso más que su causa. Una vez que la división se abrió, no se cerró. La brecha de violencia entre la costa y el interior creció constantemente a través de 2023 y se mantuvo amplia hasta finales de 2025, sin mostrar señales de regresar al estado anterior, más calmado.

El estudio también investigó el papel del suministro de cocaína, que proviene principalmente de Colombia. Colombia experimentó dos grandes aumentos en el cultivo de coca durante el periodo estudiado: uno de 2014 a 2019 y un segundo, más grande, de 2020 a 2025. Si la violencia en Ecuador fuera simplemente una reacción mecánica a la cantidad de drogas que pasan por sus puertos, ambos aumentos deberían haber producido el mismo resultado. No lo hicieron. Durante el primer auge, el nivel de producción de cocaína no tuvo conexión con las tasas de homicidios en la costa. Los grupos criminales fueron capaces de manejar el flujo incrementado sin un pico de violencia letal. Sin embargo, durante el segundo auge, la relación cambió por completo. A medida que el suministro de cocaína crecía, la tasa de homicidios en la costa aumentaba al mismo ritmo. Esto sugiere que la violencia no fue causada por las drogas en sí mismas, sino por el estado del orden criminal. Una vez que los viejos arreglos se habían roto, los mismos puertos que anteriormente manejaban el comercio de forma silenciosa se convirtieron en los campos de batalla para una nueva y caótica competencia.

Los investigadores también observaron qué tan cerca estaban los pueblos del puerto marítimo más cercano. Encontraron que los pueblos más cercanos a los puertos sí registraron una mayor violencia, pero este efecto fue absorbido en gran medida por el hecho de que estaban en la costa. Ser parte de la región costera importaba más que la distancia específica a un solo puerto, lo que sugiere que toda la zona costera había desarrollado un complejo conjunto de condiciones —infraestructura, densidad urbana y redes criminales— que la hacían únicamente vulnerable una vez que el orden criminal se fracturaba. El estudio concluye que la crisis en Ecuador no es un evento único, sino un proceso con tres fases distintas: el inicio, donde el orden criminal se rompe; la amplificación, donde la brecha se ensancha debido a la competencia y el débil control estatal; y la persistencia, donde nuevas estructuras criminales se arraigan y mantienen la violencia. Los hallazgos muestran que para entender tal crisis, uno debe mirar más allá de la superficie de los números e identificar el momento preciso en que las reglas del juego cambiaron.

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