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The Gap between ESG Disclosure and Actual Performance: Evidence from India’s BRSR Core Reporting

Este estudio de las empresas del NIFTY 50 de la India revela que, si bien la calidad de las divulgaciones obligatorias de BRSR Core ESG es alta y convergente, esta no refleja el desempeño real en materia de ESG, mostrando una relación inversa donde la información exhaustiva no equivale a mejores resultados de sostenibilidad.

Autores originales: Kanika Jindal

Publicado 2026-10-20
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Kanika Jindal

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo de la responsabilidad corporativa, la promesa de una empresa de ser buena se mide a menudo por lo que dice que está haciendo. Durante años, reguladores e inversores han operado bajo la creencia simple de que, si se obliga a una empresa a registrar sus impactos ambientales y sociales de una manera estandarizada, esa transparencia presionará a la empresa para que mejore realmente. Esta idea se basa en el supuesto de que un informe detallado es una ventana a la realidad, donde la calidad de la escritura refleja la calidad del trabajo. Sin embargo, existe la sospeión creciente de que esta ventana podría estar empañada, o incluso ser un espejo que solo muestra lo que la empresa quiere ver, en lugar de lo que realmente está sucediendo. Esta sospecha se conoce como "greenwashing" (lavado de imagen verde), donde una firma proyecta una imagen de sostenibilidad que no coincide con su verdadero desempeño. Para entender si este vacío es real, los investigadores necesitan observar los datos brutos de lo que las empresas informan frente a lo que realmente logran, eliminando el relleno publicitario para ver si los números cuentan una historia coherente.

Un estudio reciente de Kanika Jindal, profesora asistente en el Aryabhatta College de Delhi, investiga precisamente este desencuentio dentro de las empresas más grandes de la India. La investigación se centra en un nuevo y estricto sistema de reporte llamado BRSR Core, que fue introducido por el regulador de mercado de la India. Este sistema exige que las 1,000 empresas cotizadas más importantes informen sobre nueve áreas específicas de responsabilidad, que van desde las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso del agua hasta la seguridad de los empleados y la diversidad de género. A diferencia de los informes voluntarios anteriores, estas nuevas reglas exigen que las empresas proporcionen números específicos y verificados en un formato legible por máquinas, y las firmas más grandes deben hacer que estos números sean revisados por auditores independientes. El objetivo era crear una imagen clara y comparable del comportamiento corporativo. El equipo de Jindal tomó los registros de las 50 empresas más grandes de la India, conocidas como NIFTY 50, durante los dos primeros años en que este estricto sistema estuvo en vigor. No dependieron de calificaciones o puntuaciones externas; en su lugar, midieron dos cosas directamente de los documentos oficiales: qué tan bien seguían las empresas las reglas de reporte y qué tan bien se desempeñaban realmente en las métricas que reportaban.

Los investigadores descubrieron que las empresas eran increíblemente buenas siguiendo las reglas del informe. La calidad de la divulgación fue muy alta, con una puntuación promedio de 0.92 en una escala de cero a uno, y mejoró ligeramente en el segundo año. Casi todas las empresas proporcionaron los números requeridos, y muchas fueron más allá de los requisitos mínimos para incluir detalles adicionales. En las áreas sociales, como el bienestar de los empleados y la diversidad de género, el reporte fue casi perfecto, con casi todas las empresas alcanzando la puntuación máxima posible. Sin embargo, esta alta calidad de reporte no le dijo casi nada a los investigadores sobre qué tan bien estaban desempeñándose realmente las empresas. Cuando el equipo comparó la calidad del reporte contra los datos de desempeño real, no encontraron un vínculo positivo. De hecho, la brecha entre lo reportado y el desempeño de la empresa era tan grande que parecía como si los dos estuvieran emparejados al azar. En ocho de las nueve categorías estudiadas, una empresa que redactaba un reporte perfecto no tenía más probabilidades de ser una de alto desempeño que una empresa que redactaba uno deficiente.

El estudio descarta explícitamente la idea de que las empresas con mejor desempeño utilicen estos informes para señalar su excelencia. En un sistema voluntario, una empresa que lo está haciendo bien podría optar por publicar datos detallados para demostrar su superioridad, mientras que una empresa que lo hace mal podría ocultarlos. Pero bajo este sistema obligatorio, cada gran empresa debe publicar los mismos datos, por lo que el acto de informar ya no separa a las buenas de las malas. Los investigadores también probaron si la brecha era mayor para empresas en industrias "sucias", como el petróleo y el gas, o para cuestiones ambientales como las emisiones de carbono. No encontraron evidencia de esto tampoco; el desencuentio era igual de fuerte para los temas sociales y para las empresas en industrias limpias. La única ligera excepción fue en el área de la energía, donde las empresas que desempeñaban mejor presentaron informes de calidad ligeramente inferior, pero este fue un signo débil y no la historia principal.

Quizás el hallazgo más sorprendente fue que el desencuentio no fue causado por empresas mintiendo u ocultando malas noticias. En cambio, el estudio encontró que muchas empresas simplemente cometían errores de cálculo que hacían que sus informes parecieran inconsistentes. Aproximadamente una cuarta parte de los archivos contenían números que no cuadraban; por ejemplo, una empresa podría reportar una cifra de intensidad energética que era matemáticamente imposible dado su uso total de energía y sus ingresos. Estos errores eran tan comunes que aparecían incluso en reportes que habían sido revisados y aprobados por auditores independientes. Esto sugiere que los auditores podrían estar verificando que los números existan, pero no necesariamente que la matemática dentro del reporte tenga sentido. El resultado es un sistema donde las empresas son cumplidoras y están aseguradas, pero los datos que proporcionan no revelan de manera confiable su verdadero impacto ambiental o social.

El estudio concluye que, si bien la India ha logrado con éxito un estándar uniforme para lo que las empresas dicen, aún no ha logrado un sistema donde lo que dicen revele lo que hacen. Las reglas obligatorias han forzado a las empresas a completar los formularios correctamente, pero no han forzado a los formularios a reflejar la realidad. Los investigadores sugieren que, para que la transparencia sea significativa, los reguladores y auditores deben ir más allá de verificar si se marcan las casillas. Necesitan asegurar que los números dentro de las casillas sean consistentes y precisos, y que los reportes conecten los datos con los objetivos reales. Hasta entonces, los informes de alta calidad de las mayores empresas de la India siguen siendo un testimonio de su capacidad para seguir instrucciones, más que una ventana clara hacia su desempeño.

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