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Does the mix of physical and human capital investment matter for growth and the labor share?

Este artículo utiliza un modelo económico real con tipos de tecnología distintos para demostrar que la combinación específica de inversión en capital físico y humano influye significativamente en el crecimiento del PIB y en la participación del trabajo a través de complementaridades asimétricas entre ambas formas de capital.

Autores originales: Guay Lim, Paul McNelis

Publicado 2026-09-09
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Autores originales: Guay Lim, Paul McNelis

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El crecimiento económico se imagina a menudo como una ecuación simple: más máquinas y más trabajadores conducen a más riqueza. Durante décadas, los economistas han entendido que la tecnología desempeña un papel protagónico en esta historia, actuando como el motor que permite a una sociedad producir más con la misma cantidad de esfuerzo. Pero una pregunta más profunda ha persistido: ¿importa cómo una sociedad elige construir su futuro? Específicamente, ¿cambia el resultado el equilibrio entre invertir en cosas físicas —como fábricas, carreteras y maquinaria— e invertir en personas —a través de la educación, la salud y el desarrollo de habilidades—? Esta pregunta no trata solo de la cantidad total de dinero gastado, sino de la receta misma. Si una nación vuelca recursos en la construcción de nueva infraestructura mientras descuida la formación y la salud de su fuerza laboral, ¿rinde frutos esa inversión? Y cómo influye esta mezcla en la proporción de la renta nacional que va a los trabajadores frente a la de los propietarios del capital.

Dos investigadores, Guay Lim de la Universidad de Melbourne y Paul McNelis de Boston College, se propusieron responder a estas preguntas analizando la economía de los Estados Unidos durante un largo periodo de tiempo, desde 1960 hasta 2023. Construyeron un modelo matemático detallado de la economía que trata el capital físico y el capital humano como fuerzas distintas pero vinculadas. En su marco, el capital humano no es solo el número de horas que las personas trabajan, sino el conocimiento, las habilidades y la salud acumulados que hacen que esas horas sean productivas. También tuvieron en cuenta el hecho de que los gobiernos desempeñan un papel masivo, destinando ingresos fiscales tanto a la infraestructura como a los servicios sociales como la educación y la salud. Al introducir décadas de datos del mundo real en su modelo, pudieron rastrear cómo diferentes tipos de choques —cambios repentinos en la tecnología, cambios en la política fiscal o fluctuaciones en la eficiencia con la que el dinero se convierte en activos útiles— repercutieron en la economía para afectar tanto al crecimiento general como a la parte de la renta que reciben los trabajadores.

Los investigadores descubrieron que la mezcla de inversión importa profundamente, y no de una manera menor. Su análisis revela una clara asimetría en la forma en que estos dos tipos de capital interactúan. Aumentar el stock de capital físico, como construir más fábricas o actualizar la maquinaria, no conduce automáticamente a un mayor crecimiento económico si el capital humano disponible para operar esas máquinas no mejora al mismo tiempo. En otras palabras, una máquina nueva es menos productiva si los trabajadores que la operan carecen de las habilidades o la salud necesarias para usarla eficazmente. Por el contrario, el estudio sugiere que aumentar la inversión en capital humano —gastar más en educación y salud— puede sustentar el crecimiento económico incluso cuando la acumulación de capital físico es relativamente lenta. Este hallazgo desafía la visión tradicional de que la simple construcción de más infraestructura es el principal motor de la prosperidad, resaltando en cambio que ambas formas de capital son profundamente complementarias.

Esta dinámica tiene consecuencias significativas para la participación laboral, que es la fracción de la renta total de la nación que va a los trabajadores en forma de salarios. Los investigadores descubrieron que la eficiencia con la que la inversión se convierte en capital real es un motor importante de los cambios cíclicos en esta proporción. Por ejemplo, durante el periodo posterior a la crisis financiera global, una disminución en la eficiencia de la inversión en capital físico desempeñó un papel importante en empujar la participación laboral por debajo de su promedio a largo plazo. El estudio también examinó el papel de la política gubernamental, específicamente las tasas impositivas y cómo se asignan los fondos públicos entre proyectos físicos y humanos. Sus simulaciones indican que las políticas fiscales que fomentan una mayor proporción de gasto en capital humano pueden impulsar la producción total, mientras que las políticas que se inclinan fuertemente hacia la inversión física sin un aumento correspondiente en el capital humano pueden no generar los mismos beneficios de crecimiento.

Los autores también observaron el panorama general del poder de mercado y la concentración, señalando que la brecha entre lo que se paga a los trabajadores y el valor que producen se ha ampliado en las últimas décadas, una tendencia asociada a menudo con un mayor poder de mercado entre las grandes empresas. Sin embargo, su contribución central sigue siendo la demostración de que la composición de la inversión es una variable crítica, aunque a menudo pasada por alto. El estudio sugiere que, en condiciones normales, las innovaciones en infraestructura y tecnología tienden a ocurrir junto con mejoras en la educación y la salud, reforzando la idea de que estos elementos se desarrollan de forma conjunta. Pero cuando estas tendencias divergen, como ocurrió drásticamente durante la pandemia, las consecuencias económicas son distintas. En última instancia, el trabajo implica que la política macroeconómica tiene un papel vital junto con las intervenciones microeconómicas. Al reequilibrar el gasto público y ajustar los parámetros fiscales para favorecer el desarrollo de las capacidades humanas, los responsables políticos pueden influir no solo en la velocidad del crecimiento económico, sino también en cómo se distribuyen los frutos de ese crecimiento entre los trabajadores y los propietarios del capital. La evidencia apunta a una conclusión clara: el camino hacia una economía próspera depende tanto de la calidad de la fuerza laboral como de la cantidad de las máquinas que utilizan.

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