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‘London Goodbye’: How Russian Social Media Users Perceive the Securitisation of English

Basándose en la teoría de la securitización y en un análisis de los comentarios en redes sociales, este artículo sostiene que los esfuerzos del Estado ruso por securitizar el inglés como parte de su confrontación geopolítica con Occidente han fracasado en gran medida al no lograr la aceptación pública, provocando, en cambio, una deslegitimación y un rechazo generalizados de estas políticas.

Autores originales: Natalia Wright

Publicado 2026-09-22
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Natalia Wright

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El lenguaje rara vez es solo una herramienta para la conversación; es a menudo un espejo que refleja quién ostenta el poder, quién pertenece y quién es visto como una amenaza. En el estudio de cómo las sociedades gestionan estas tensiones, los investigadores observan un concepto llamado securitización. Esto no se trata de cerraduras físicas o guardias, sino de un proceso político donde los líderes declaran que un tema específico —como un idioma extranjero— es un peligro existencial para la supervivencia de la nación. Al hacer esta declaración, argumentan que las reglas normales deben dejarse de lado para tomar medidas extraordinarias, como prohibir ciertas palabras o cambiar los currículos escolares. Sin embargo, para que este proceso funcione verdaderamente, el pueblo gobernado debe aceptar la amenaza como real. Si el público no compra la historia, el movimiento político no logra convertirse en una realidad social duradera. Esta dinámica se convirtió en un punto focal en Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022, cuando el Estado comenzó a enmarcar el idioma inglés no como un puente hacia el mundo, sino como un arma de influencia occidental que necesitaba ser neutralizada para proteger la identidad rusa.

Un estudio reciente de Natalia Wright, investigadora de la Universidad Americana del Medio Oriente, investiga cómo reaccionaron los ciudadanos rusos comunes ante este cambio repentino. La investigación se centra en una serie de acciones gubernamentales tomadas entre 2022 y 2026, que incluyen la reducción de las horas de enseñanza de inglés en las escuelas, la prohibición de exámenes internacionales como el IELTS y el TOEFL, la eliminación del inglés de los exámenes de ingreso obligatorios a la universidad y la restricción del uso de palabras en inglés en la publicidad pública. Para comprender el estado de ánimo del público, la investigadora no se basó en encuestas oficiales o informes gubernamentales. En su lugar, recopiló 309 comentarios de cinco plataformas en línea rusas diferentes, que van desde redes sociales convencionales hasta foros especializados para profesores y profesionales de la tecnología. Al leer estas reacciones sin filtrar, buscó responder a una pregunta sencilla: ¿aceptó el público ruso la afirmación del gobierno de que el inglés era una amenaza para la seguridad, o lo veían de otra manera?

Los hallazgos revelan una desconexión sorprendente entre la narrativa del Estado y la realidad del público. La estrategia del gobierno se basaba en la idea de que el inglés era una fuerza poderosa y omnipresente que necesitaba ser contenida. Sin embargo, los comentarios de profesores y padres contaban una historia diferente. Muchos describieron el inglés en las escuelas rusas como una "materia fantasma". Explicaron que, aunque la asignatura aparecía en el horario, a menudo no existía en la práctica debido a la falta de profesores cualificados, la instrucción inconsistente y un sistema que ya había colapsado antes de que se anunciaran las nuevas restricciones. Un profesor señaló que los estudiantes a menudo se quedaban en un nivel principiante después de años de escolaridad, no por falta de capacidad, sino porque la enseñanza misma era ineficaz. Para estos ciudadanos, el gobierno estaba luchando una guerra contra un fantasma; estaban securitizando un idioma que, para muchos niños, apenas se enseñaba en absoluto.

Más allá de los fallos prácticos del sistema escolar, el público veía las restricciones a través del lente de la libertad personal en lugar de la seguridad nacional. En los comentarios, el inglés se enmarcaba consistentemente como una herramienta para la evasión y la oportunidad. Padres y jóvenes describieron el idioma como una llave para dejar el país, encontrar trabajo en el extranjero o acceder a la tecnología y la cultura globales. Cuando el gobierno prohibió los exámenes internacionales o redujo las horas escolares, muchos ciudadanos interpretaron esto no como una protección, sino como un intento deliberado de atraparlos. Un comentario en un foro de tecnología capturó este sentimiento, sugiriendo que las prohibiciones estaban diseñadas para que los niños no pudieran "huir a la pequeña y civilizada Europa" cuando crecieran. Esta perspectiva dio la vuelta a la narrativa de seguridad del Estado; donde el gobierno veía una amenaza a la unidad nacional, el público veía una barrera para su propia movilidad futura.

El estudio también descubrió una marcada división de clase en cómo se experimentaron estas políticas. Un tema recurrente en los comentarios fue la hipocresía de la élite. Muchos ciudadanos señalaron que los políticos y funcionarios que aprobaban estas leyes restrictivas enviaban a sus propios hijos a escuelas privadas o al extranjero para su educación, a menudo con acceso a tutorías de inglés de alta calidad que no estaban disponibles para el público general. Para las familias comunes, las nuevas reglas significaban que aprender inglés se convertía en un artículo de lujo, accesible solo para aquellos que podían permitirse tutores privados. Esta dinámica privatizó efectivamente el idioma, ampliando la brecha entre los ricos y el resto de la sociedad. La investigación sugiere que, en lugar de crear una identidad nacional unificada, las políticas estaban reforzando la estratificación social, con la élite exenta de las consecuencias de su propia legislación.

Quizás el hallazgo más significativo fue el rechazo generalizado a la historia del gobierno. El proceso de securitización requiere que la audiencia acepte que existe una amenaza, pero el análisis de los comentarios en las redes sociales mostró que este acuerdo estaba mayormente ausente. En lugar de miedo, la respuesta dominante fue la deslegitimación. Los ciudadanos utilizaron la ironía, comparaciones históricas con la era soviética y contradicciones lógicas para burlarse de la posición del Estado. Algunos señalaron lo absurdo de prohibir palabras extranjeras cuando los mismos títulos de los funcionarios gubernamentales, como "presidente" o "diputado", fueron ellos mismos tomados prestados de lenguas extranjeras. Otros compararon la situación actual con periodos pasados de aislamiento, señalando que el corte del acceso al mundo históricamente había llevado a la ignorancia en lugar de a la fortaleza. Aunque una pequeña minoría de comentaristas apoyó las restricciones, citando un deseo de proteger la lengua rusa o expresando sentimientos antioccidentales, la gran mayoría de las voces analizadas rechazó la idea de que el inglés representara un peligro para Rusia.

En última instancia, la investigación indica que el intento del Estado ruso de securitizar el idioma inglés no ha tenido éxito de la manera en que predice la teoría política. El gobierno hizo el movimiento, declarando el idioma como una amenaza y promulgando medidas extraordinarias, pero el público no aceptó la premisa. En lugar de unirse tras una defensa común, la población vio las políticas principalmente como impracticables, hipócritas y perjudiciales para sus propias perspectivas. El estudio concluye que, sin la aceptación del pueblo, un movimiento de securitización sigue siendo solo una actuación política en lugar de una verdadera transformación social. El "Adiós de Londres" del titular, que evocaba una sensación de pérdida nostálgica, no fue recibido con resolución patriótica, sino con el reconocimiento lúcido de que el país estaba cerrando una puerta que muchos todavía necesitaban mantener abierta.

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