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📄 ciencias de la Tierra

Marine resources exploitation between Final Pleistocene and Early Holocene (25 – 9 cal kBP). Data from an inland mid-mountain site: Coves de Santa Maira (Valencia region, Spain, Western Mediterranean)

Este estudio analiza aproximadamente 2.500 restos de peces y moluscos de la zona interior de las Coves de Santa Maira para reconstruir la movilidad humana y la importancia de la explotación de recursos marinos en el Mediterráneo occidental durante el Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano, teniendo en cuenta los sesgos geológicos y los cambios paleogeográficos.

Autores originales: J Emili Aura Tortosa, Vanessa Extrem-Membrado, Balcázar-Campos Nicole, Maestro-González Adolfo, Marlasca-Martín Ricard, León-castelao Antonio, Cuenca -Solana David, Avezuela-Aristu Bárbara, Jordá Pard
Publicado 2026-09-08
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: J Emili Aura Tortosa, Vanessa Extrem-Membrado, Balcázar-Campos Nicole, Maestro-González Adolfo, Marlasca-Martín Ricard, León-castelao Antonio, Cuenca -Solana David, Avezuela-Aristu Bárbara, Jordá Pardo Jesús F., Pardo-Gordó Salvador, Verdasco Cebrián C. Carlos, Soler Mayor Begoña

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En lo profundo de las montañas del este de España, lejos del mar, una cueva guarda un secreto sobre cómo vivían los antiguos cuando el mundo era muy diferente. Durante miles de años, los humanos han dependido de la tierra que los rodea para alimentarse, pero también miraron hacia el agua. La historia de cómo los primeros cazadores-recolectores de la región mediterránea utilizaron el océano es a menudo incompleta. Muchos de los campamentos antiguos construidos justo en la línea de costa han desaparecido, tragados por el aumento del nivel del mar que ha desplazado la costa a lo largo de milenios. Esto deja a los arqueólogos con un rompecabezas: cómo accedían al mar las personas que vivían en el interior y qué hacían con los peces y las conchas que traían de vuelta. Para resolver esto, los investigadores deben reconstruir la forma cambiante de la línea de costa y los restos diminutos y dispersos dejados en cuevas como las Coves de Santa Maira.

Un equipo de científicos centró recientemente su atención en esta misma cueva, situada en la región de Valencia. El sitio se encuentra en lo alto de las montañas, aproximadamente a treinta kilómetros de la costa actual. Sin embargo, el mundo no siempre fue como es hoy. Entre hace veinticinco mil y nueve mil años, el clima cambió drásticamente, provocando que los niveles del mar bajaran y luego volvieran a subir. Al reconstruir la geografía antigua, los investigadores descubrieron que durante la parte más fría de la última Edad de Hielo, la costa estaba en realidad mucho más lejos, casi a sesenta kilómetros de la cueva. A medida que el clima se calentó, el mar se acercó, reduciendo esa distancia a unos cuarenta kilómetros. El equipo cribó las capas de sedimentos en la cueva, buscando huesos de peces y conchas de moluscos, para ver cómo cambiaba el comportamiento humano a medida que variaba la distancia al océano.

Lo que encontraron fue una clara historia de adaptación. En las capas más profundas y antiguas de la cueva, que datan del apogeo de la Edad de Hielo, la evidencia de vida marina era escasa. Las pocas conchas y huesos encontrados aquí se utilizaron principalmente como decoraciones. La gente que vivía allí, conocidos como Solutreanos, transportaban conchas desde la lejana costa para fabricar cuentas y colgantes, pero no parecían depender del océano para sus comidas diarias. El viaje era demasiado largo y los recursos demasiado difíciles de transportar en grandes cantidades. En su lugar, estos primeros habitantes se centraron en la tierra y los ríos cercanos.

A medida que el clima se calentó y el nivel del mar subió, acercando la costa, la historia en la cueva cambió. Durante los períodos posteriores, conocidos como el Último Glacial y el Holoceno Temprano, la cantidad de alimento marino encontrado en la cueva aumentó significamente. Las personas que vivían allí, ahora identificadas como grupos Magdalenenses, Epipaleolíticos y Mesolíticos, comenzaron a traer de vuelta muchos más peces y mariscos. Capturaban una variedad de criaturas marinas, incluyendo lisas, doradas y anguilas, a menudo en las lagunas poco profundas y las desembocaduras de los ríos que se formaban donde el río Gorgos encontraba el mar. Estos peces no eran solo caprichos ocasionales; se convirtieron en una parte regular de la dieta. Los investigadores identificaron cientos de huesos de peces, mostrando que estos grupos eran hábiles en la captura de peces tanto pequeños como medianos en los humedales costeros.

La forma en que estas personas utilizaban las conchas también evolucionó. En los tiempos más remotos, las conchas eran casi exclusivamente ornamentos. Pero a medida que el mar se acercó y la captura se volvió más fácil, las conchas adquirieron nuevas funciones. Los investigadores descubrieron que la gente comenzó a usar las conchas duras de mejillones y otros bivalvos como herramientas. Las daban forma para crear raspadores y alisadores, utilizándolos para trabajar pieles de animales y materiales vegetales. Algunas de estas herramientas se usaban incluso con ocre, un pigmento rojo natural, lo que sugiere que formaban parte de tareas cotidianas complejas como la preparación de la ropa o la creación de arte. Este cambio del uso de las conchas solo para la belleza al trabajo práctico muestra cómo los grupos humanos adaptaron su tecnología a los recursos disponibles.

El estudio también reveló que la gente de Coves de Santa Maira no eran solo observadores pasivos de su entorno; eran viajeros activos que comprendían el paisaje. Al analizar los tipos de peces y conchas encontrados, el equipo pudo determinar exactamente de dónde provenían los recursos. La presencia de especies específicas indicaba que los grupos viajaban a las desembocaduras de los ríos y a las lagunas costeras, áreas que ahora están bajo el agua. El hecho de que trajeran estos recursos de vuelta a una cueva de montaña, viajando a veces más de cuarenta kilómetros, demuestra que tenían una comprensión sofisticada de la geografía de la región y de los movimientos estacionales de la vida marina.

Esta investigación llena un vacío significativo en nuestra comprensión de la vida prehistórica en el Mediterráneo occidental. Durante mucho tiempo, se pensó que esta zona estaba en el límite de la historia de la temprana adaptación humana al mar, con la mayor parte de la evidencia proveniente del sur de España. Los hallazgos en Coves de Santa Maira muestran que, incluso en el interior montañoso, las personas estaban profundamente conectadas con el océano. No solo visitaban la costa; integraban sus recursos en sus vidas, cambiando cómo comían, qué herramientas fabricaban y cómo se decoraban a medida que el mundo a su alrededor cambiaba. La cueva permanece como un testimonio de la resiliencia e ingenio humanos, mostrando cómo los grupos antiguos navegaron un mundo cambiante para sobrevivir y prosperar.

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