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Time and landscape context shape insular bat responses to wildfire

Cinco años después de los incendios forestales de Madeira en 2016, se encontró que la actividad de los murciélagos en la isla era dinámica y específica de cada especie, con una mayor actividad general en los sitios quemados resultante principalmente de declives poblacionales en las áreas no quemadas más que de incrementos inducidos por el fuego, lo que subraya la necesidad crítica de una gestión post-incendio que preserve paisajes heterogéneos con refugios no quemados.

Autores originales: RYM NOUIOUA, DIOGO F. FERREIRA, RICARDO ROCHA

Publicado 2026-09-10
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Autores originales: RYM NOUIOUA, DIOGO F. FERREIRA, RICARDO ROCHA

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

El incendio forestal es una fuerza poderosa que transforma el mundo, despojando la vegetación y dejando tras de sí un paisaje de cenizas y espacios abiertos. Para muchos animales, este cambio repentino es una crisis, pero para otros, puede crear temporalmente nuevas oportunidades. Los murciélagos, los únicos mamíferos capaces de un vuelo verdadero, dependen en gran medida de la estructura de su entorno. Navegan y cazan utilizando el sonido, emitiendo llamadas de alta frecuencia que rebotan en los objetos para revelar la ubicación de los insectos. La forma en que utilizan estas llamadas depende de su forma corporal y su estilo de caza: algunos están construidos para la velocidad en espacios amplios y abiertos, otros para zigzaguear por los bordes de los árboles, y otros para maniobrar estrechamente dentro de la densa vegetación. Cuando un fuego recorre una isla, altera este mundo físico instantáneamente, y la pregunta sigue siendo: ¿ayudan estos cambios a las poblaciones locales de murciélagos o las perjudican en los años siguientes?

En la parte sur de Madeira, una isla en el océano Atlántico, un grave incendio forestal en 2016 consumió bosques y plantaciones, dejando un paisaje cicatrizado. Cinco años después, los investigadores regresaron a los mismos lugares para escuchar a los murciélagos. Querían saber si el fuego había creado un refugio duradero para algunas especies mientras alejaba a otras, o si los efectos se habían desvanecido a medida que la tierra comenzaba a recuperarse. Al registrar los sonidos de tres especies diferentes de murciélagos en sitios que se habían quemado y en sitios que no, el equipo descubrió que la historia del fuego no era un relato simple de destrucción o renovación. En cambio, el impacto dependía enteramente del tipo específico de murciélago y del paisaje circundante, revelando una dinámica compleja donde los sitios quemados no necesariamente se volvieron mejores para todos, sino que simplemente permanecieron estables mientras que las áreas no quemadas se volvieron más silenciosas.

El estudio se centró en tres especies distintas que llaman a Madeira su hogar. La primera es el pipistrelo de Madeira, un murciélago pequeño que caza a lo largo de los bordes de los bosques y en áreas abiertas como granjas y pueblos. El segundo es el noctuelo de Madeira, un murciélago más grande diseñado para un vuelo rápido y eficiente en espacios amplios y abiertos. El tercero es el murciélago de orejas largas gris, un especialista que prefiere cazar en espacios apretados y congestionados cerca de la vegetación densa. Los investigadores instalaron grabadoras acústicas en 58 ubicaciones en la parte sur de la isla. Originalmente habían visitado estos puntos en 2016, apenas un mes después del incendio, y regresaron en 2021, cinco años después. En cada ubicación, contaron cuántas veces pasaron murciélagos frente al micrófono, una medida de qué tan activos estaban los murciélagos en esa zona. También observaron el paisaje alrededor de cada punto, señalando qué tanta parte era bosque, tierras de cultivo o terreno abierto.

Los resultados mostraron una diferencia sorprendente en cómo respondieron los murciélagos con el tiempo. En las áreas no quemadas, la actividad de las tres especies de murciélagos disminuyó significamente entre 2016 y 2021. Los murciélagos simplemente se volvieron menos activos en esos lugares. En contraste, en los sitios que se habían quemado en 2016, los niveles de actividad del pipistrelo de Madeira y del noctulo de Madeira no cambiaron mucho durante los cinco años; se mantuvieron al mismo nivel que habían tenido en 2016. Debido a que los sitios no quemados se volvieron más silenciosos mientras que los sitios quemados se mantuvieron estables, las áreas quemadas terminaron pareciendo mucho más atractivas para estos murciélagos en 2021. De hecho, el número total de movimientos de murciélagos registrados en los sitios quemados fue aproximadamente seis veces y media mayor que en los sitios no quemados en 2021. Esto no significó que el fuego hubiera convertido repentinamente la tierra quemada en un paraíso que atrajera a más murciélagos; más bien, significó que los murciélagos que ya estaban allí se habían quedado, mientras que sus vecinos en los bosques no quemados se habían ido o se habían vuelto menos activos.

El murciélago de orejas largas gris contó una historia diferente. Esta especie, que prefiere la vegetación densa, resultó ser más activa en los sitios quemados que en los sitios no quemados tanto en 2016 como en 2021. Sin embargo, a diferencia de las otras dos especies, su actividad disminuyó tanto en los lugares quemados como en los no quemados a lo largo de los cinco años. La brecha entre los sitios quemados y los no quemados se mantuvo aproximadamente igual, lo que sugiere que la preferencia de este murciélago por las áreas quemadas se estableció temprano y no cambió a medida que el paisaje evolucionaba. Los investigadores señalaron que esta especie es más difícil de detectar porque vuela silenciosamente y cerca de la vegetación, por lo que sus números totales eran mucho menores que los de las otras dos especies, lo que hace que sus patrones sean más difíciles de rastrear.

El paisaje que rodeaba a los murciélagos también desempeñó un papel crucial en la configuración de estos comportos. Para el pipistrelo de Madeira y el noctulo de Madeira, el tipo de tierra junto a los sitios quemados importaba mucho. En las ubicaciones quemadas, tener más tierras de cultivo cerca estaba vinculado con menos murciélagos, mientras que en los sitios no quemados, las tierras de cultivo no parecían tener un efecto negativo fuerte. Esto sugiere que la forma en que el fuego interactúa con las tierras agrícolas puede crear condiciones que son menos adecuadas para estos murciélagos que otras áreas abiertas. Por el contrario, la presencia de bosques y zonas boscosas se vinculó con una mayor actividad para el noctulo de Madeira en áreas no quemadas, pero este vínculo desapareció en los sitios quemados. Esto indica que el valor de un bosque para un murciélago depende de si ese bosque ha sido quemado; un bosque previo al fuego puede proporcionar recursos que se pierden o se alteran una vez que el fuego pasa.

Quizás el hallazgo más revelador provino de escuchar específicamente los "zumbidos de alimentación". Estos son llamadas rápidas de alta frecuencia que los murciélagos hacen cuando están persiguiendo y atrapando activamente un insecto, un sonido que confirma que no solo están volando por allí, sino que están cazando activamente. En 2021, los investigadores encontraron que los zumbidos de alimentación eran aproximadamente tres veces más comunes en los sitios quemados que en los no quemados. Esto confirmó que los murciélagos no solo estaban transitando por las áreas quemadas; estaban alimentándose activamente allí. La frecuencia de estas llamadas de caza también aumentó con la cantidad de bosque y zonas boscosas cercanas, lo que sugiere que, incluso en un paisaje quemado, la presencia de árboles cercanos ayuda a concentrar los insectos de los que se alimentan los murciélagos.

El estudio concluye que las secuelas de un incendio forestal no son una historia única de recuperación o ruina. Para el pipistrelo de Madeira y el noctulo de Madeira, los sitios quemados permanecieron como un recurso estable mientras que los sitios no quemados declinaron, creando una situación donde la tierra dañada por el fuego se convirtió en el principal campo de caza cinco años después. Para el murciélago de orejas largas gris, los sitios quemados siempre fueron preferidos, pero la actividad de la población general disminuyó en todas partes. La investigación sugiere que la gestión de estos paisajes requiere un enfoque matizado. Simplemente dejar que un bosque se queme o intentar restaurarlo a un estado único no es la respuesta. En cambio, mantener una mezcla de refugios no quemados, junto con una variedad de espacios abiertos, bordes y hábitats boscosos, es esencial. Esta diversidad asegura que diferentes tipos de murciélagos, con sus diferentes estilos de caza, tengan lugares para vivir y alimentarse, independientemente de cómo el fuego cambie la tierra a su alrededor. El fuego no solo destruyó; remodeló el mapa de oportunidades, y los murciélagos se adaptaron al nuevo mapa de maneras que fueron específicas para sus propias necesidades y para el parche de tierra específico que llamaban hogar.

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