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Interdependent Sages are Capable of Object-Subject Reversal—with Dōgen and Barad

Al sintetizar el concepto de la práctica continua de Dōgen con la teoría de los cortes agenciales de Karen Barad, este artículo argumenta que la verdadera sabiduría surge de la capacidad responsable de efectuar una «reversión sujeto-objeto», transformando así la manera en que se trazan las distinciones entre sujeto y objeto para fomentar modos de vida más inclusivos.

Autores originales: Chiara Robbiano

Publicado 2026-10-01
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Chiara Robbiano

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina un mundo donde la línea entre "tú" y "el mundo" no es un muro fijo, sino una línea trazada en la arena que puede ser borrada y redibujada. Este es el punto de partida para una nueva forma de pensar sobre la sabiduría, una que une a dos pensadores muy diferentes: el monje japonés del siglo trece, Dōgen, y la contemporánea física y filósofa, Karen Barad. Durante siglos, se nos ha enseñado a ver el mundo como una colección de cosas separadas: personas activas que piensan y deciden, y objetos pasivos como árboles, montañas o incluso otras personas que simplemente están ahí para ser usadas u observadas. Asumimos que algunos seres tienen voz y otros no. Pero, ¿y si esta separación no es un hecho de la naturaleza, sino un hábito de nuestra propia creación? ¿Y si la capacidad de ser sabios depende de nuestra capacidad para romper este hábito y ver el mundo de manera diferente?

Este ensayo explora una pregunta profunda: ¿Cómo puede una persona convertirse en un sabio? No busca una fórmula secreta o una lista de reglas para seguir. En su lugar, argumenta que la sabiduría es un proceso activo y continuo de cambiar cómo interactuamos con el mundo. Al entrelazar las antiguas intuiciones de Dōgen sobre cómo todas las cosas están conectadas y las ideas modernas de Barad sobre cómo nuestras acciones dan forma a la realidad, el autor sugiere que la verdadera sabiduría reside en un tipo específico de reversión. Es la capacidad de mirar algo que solemos tratar como un objeto silencioso —un árbol, un río, una persona con discapacidad o un extraño— y reconocerlo como un sujeto con su propia perspectiva, su propia agencia y su propia voz.

El viaje comienza con una observación simple sobre cómo vivimos. Constantemente realizamos acciones que dan forma a nuestra realidad. Cuando caminamos por un bosque, podemos verlo como un recurso para la madera, un telón de fondo escénico para una foto o un hogar para la vida silvestre. Cada una de estas visiones es una práctica, una forma repetida de ver y actuar que trae a la existencia una versión específica del mundo. El ensayo se basa en el concepto de "originación dependiente", una idea antigua de que nada existe de forma aislada; todo surge debido a sus conexiones con todo lo demás. Un pez no es un pez sin el agua, y un pájaro no es un pájaro sin el cielo. Del mismo modo, la física moderna sugiere que las partículas no tienen propiedades fijas hasta que interactúan con algo más. En esta visión, el mundo no es un escenario con actores y utilería; es un flujo continuo de relaciones donde los "actores" y la "utilería" emergen juntos.

El autor argumenta que, debido a que nuestra realidad se construye a través de estas interacciones repetidas, tenemos la responsabilidad de cómo trazamos las líneas entre nosotros y el resto del mundo. A menudo trazamos una línea que nos pone a nosotros de un lado como sujetos activos y a todo lo demás del otro lado como objetos pasivos. Esta línea es lo que el ensayo llama un "corte agencial". Es una decisión, a menudo tomada sin pensar, que determina quién tiene derecho a hablar y quién se espera que escuche. Cuando tratamos a una persona en silla de ruedas como un objeto de lástima, o a un bosque como una mera colección de árboles, estamos reforzando un corte que los excluye de la conversación. Estamos decidiendo que ellos no son parte del "nosotros" que da forma al futuro.

El ensayo sugiere que la sabiduría es la valentía de redibujar esta línea. Utiliza un ejemplo poderoso de niños jugando al baloncesto. Cuando una pelota rueda hacia un niño en silla de ruedas, los otros niños podrían simplemente invitarlo a mirar o quedarse a un lado. Pero en un momento de verdadera sabiduría, hacen algo distinto. Se dan cuenta de que el juego actual lo excluye no por su cuerpo, sino por las reglas del juego. Así que, cambian la práctica. Encuentran juguetes con ruedas para que todos puedan sentarse, transformando el juego para que el niño en silla de ruedas no sea un espectador, sino un cojugador. No solo lo añaden al círculo existente; remodelan el círculo mismo. Esto es lo que el autor llama "reversión objeto-sujeto". Es el acto de ver a alguien o algo no como una cosa que debe ser gestionada, sino como un compañero en la creación del mundo.

Esta idea no trata solo de relaciones humanas. El ensayo recurre a los escritos de Dōgen, donde afirma que los "seres insensibles" —cosas como árboles, montañas y ríos— dicen la verdad del universo. Para un oído moderno, esto podría sonar como una metáfora o un capricho poético. Pero el autor lo toma en serio. Dōgen sugiere que los sabios son aquellos que pueden escuchar estas voces. Esto no significa que los árboles estén susurrando palabras en lenguaje humano. Significa que, si dejamos de tratar a un árbol como un objeto silencioso y empezamos a tratarlo como un sujeto con su propia forma de ser, podemos aprender de él. Podemos aprender cómo responde al viento, cómo sostiene el suelo o cómo existe en una red de vida que no podemos ver. El ensayo argumenta que este tipo de escucha requiere un cambio en toda nuestra forma de ser. No podemos simplemente usar nuestras mentes para descifrarlo; tenemos que usar todo nuestro cuerpo para estar presentes de una manera nueva, dejando caer nuestras viejas categorías y expectativas.

El autor también incorpora el trabajo de Karen Barad, quien muestra que nuestras prácticas científicas y sociales no son neutrales. Cuando vemos un feto en una pantalla de ecografía, la forma en que lo vemos —como una futura persona o como un objeto biológico— cambia la realidad de la situación. Cambia los derechos y la agencia de la mujer embarazada. El ensayo enfatiza que estos cortes no son fijos. Son realizados por nosotros, a través de nuestras acciones repetidas, y pueden ser deshechos y rehechos. La responsabilidad recae en nosotros para notar cuándo estamos haciendo un corte que excluye a alguien, y para tener la valentía de hacer uno diferente.

El ensayo concluye que ser un sabio no se trata de alcanzar un estado final de perfección o de conocer todas las respuestas. Se trata de la práctica continua y diaria de cambiar cómo vemos y cómo actuamos. Se trata de reconocer que el mundo es un espacio compartido donde todos y todo tienen un papel que desempeñar. Cuando revertimos el hábito de ver a los demás como objetos, abrimos la puerta a un mundo donde nadie está en el centro, y donde todos aprendemos a vivir juntos de una manera que permita que todos florezcan. La sabiduría del sabio es la sabiduría del niño que cambia el juego para que todos puedan jugar. Es el entendimiento de que el mundo no es un producto terminado, sino una historia que escribimos juntos, y que cada vez que elegimos escuchar una voz que previamente ignorábamos, cambiamos la historia para todos.

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