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📄 ciencias de la Tierra

Butterfly diversity is lower in historically redlined neighborhoods: evidence from 151 US cities

Este estudio demuestra que los barrios históricamente sujetos a la práctica de "redlining" en 151 ciudades de EE. UU. sustentan una diversidad de mariposas significativamente menor que las zonas con calificaciones más altas, una disparidad impulsada principalmente por la falta de espacios abiertos desarrollados y el desarrollo de alta intensidad en las zonas anteriormente objeto de "redlining", lo que sugiere que el verdor urbano en estas áreas podría abordar simultáneamente la pérdida de biodiversidad y la injusticia ambiental.

Autores originales: Meghan Clark, Natasha Gownaris, Andrew M. Wilson

Publicado 2026-09-09
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Meghan Clark, Natasha Gownaris, Andrew M. Wilson

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Las ciudades suelen verse como selvas de concreto, lugares donde la naturaleza se retira ante la presencia de edificios y carreteras. Sin embargo, incluso dentro de estos paisajes densos, persisten reductos de vida. Las aves, los árboles y los insectos aún encuentran formas de sobrevivir, pero no prosperan con la misma intensidad en todas partes. En años recientes, los ecólogos han notado un patrón que a menudo llaman el "efecto del lujo": los vecindarios más ricos tienden a albergar más especies y una mayor abundancia de vida silvestre que los más pobres. Esta disparidad no se trata solo de dinero; se trata del entorno físico. Las zonas más ricas suelen tener más parques, patios más grandes y más árboles, mientras que las zonas más pobres frecuertemente sufren la falta de espacios verdes y un exceso de superficies pavimentadas. Esto plantea una pregunta difícil sobre la historia y la justicia: ¿cómo llegaron a ser estas diferencias y siguen moldeando el mundo natural hoy en día?

La respuesta reside en una práctica de hace décadas conocida como redlining (exclusión financiera por zonas). En la década de 1930, una agencia federal llamada la Home Owners' Loan Corporation trazó mapas de las ciudades estadounidenses para guiar la concesión de préstamos hipotecarios. Calificaron los vecindarios de la A a la D según el riesgo percibido. Los criterios eran explícitamente raciales; las zonas con residentes negros, inmigrantes o de clase trabajadora fueron marcadas como peligrosas y coloreadas de rojo en los mapas. Los bancos utilizaron estos mapas para denegar préstamos y rechazar la inversión en las zonas marcadas con redlining, mientras vertían dinero en los vecindarios de mayor calificación, predominantemente blancos. Aunque la práctica fue prohibida en la década de 1960, su legado físico permanece. Los vecindarios sujetos al redlining todavía tienden a ser más calurosos, tienen menos árboles y contienen más concreto y asfalto que sus contrapartes de mayor calificación. Pero si bien sabemos que estas áreas difieren en temperatura y espacio verde, no había estado claro si estas disparidades ambientales habían dejado una huella duradera en la diversidad de los insectos, el grupo de animales más numeroso y vital de la Tierra.

Para averiguarlo, un equipo de investigadores del Gettysburg College se propuso examinar las poblaciones de mariposas en todo Estados Unidos. Las mariposas son ideales para este tipo de estudio porque son sensibles a su entorno. Como orugas, comen plantas específicas, y como adultos, necesitan flores para alimentarse. Si un vecindario carece de las plantas adecuadas, las mariposas no pueden sobrevivir. Los investigadores recopilaron una enorme cantidad de datos, extrayendo casi 59,000 observaciones de alta calidad de mariposas de una plataforma de ciencia ciudadana llamada iNaturalist. Estos registros provinieron de personas de todo el país que tomaron fotos de mariposas entre 2016 y 2025. El equipo luego superpuso estos avistamientos sobre versiones digitalizadas de los mapas originales de redlining para 151 ciudades diferentes. Trataron cada zona de color distinta de los viejos mapas como una unidad de vecindario separada, lo que permitió comparar la vida de las mariposas en áreas que alguna vez fueron calificadas como "Mejores" frente a aquellas marcadas como "Peligrosas".

Los resultados fueron claros y consistentes. Los vecindarios que habían sido calificados como "Mejores" en la década de 1930 sustentaban comunidades de mariposas significativamente más diversas que aquellos que habían sufrido el redlining. En las zonas de mayor calificación, la variedad de especies de mariposas era notablemente más alta, y la mezcla de especies comunes y raras era más equilibrada. En contraste, las zonas de redlining, que históricamente fueron privadas de inversión, albergaban menos especies y una comunidad menos diversa. Este patrón se mantuvo incluso después de que los investigadores tomaran en cuenta el tamaño del vecindario y cuántas personas estaban buscando mariposas en cada área. La diferencia no fue un error en la recolección de datos; era una brecha ecológica real arraigada en la historia.

Sin embargo, el estudio fue más allá para preguntar por qué existe esta brecha. Los investigadores sospechaban que el tipo de cobertura terrestre —la composición física del vecindario— era la clave. Analizaron el paisaje actual de cada zona, observando qué parte de él estaba cubierta por edificios de gran altura, viviendas densas, parques abiertos o bosques. Encontraron que las zonas de redlining estaban dominadas por desarrollos de alta intensidad, como núcleos urbanos y áreas industriales, con muy poco espacio abierto. Las zonas de mayor calificación, por el contrario, contenían más de cinco veces más "espacio abierto desarrollado", que incluye parques, grandes jardines y otras áreas verdes que pueden sustentar la vida silvestre. Cuando los investigadores incluyeron estos detalles de cobertura terrestre en su análisis, el vínculo directo entre la antigua calificación de redlining y la diversidad de mariposas desapareció en gran medida. Esto sugiere que la política histórica no dañó a las mariposas directamente; más bien, moldeó el entorno construido de una manera que dificultó la supervivencia de las mariposas. La falta de espacios verdes en las zonas de redlining, un resultado directo de décadas de desinversión, es lo que impulsó la pérdida de diversidad.

El estudio también analizó los bosques y encontró que incluso pequeños parches de árboles dentro de un vecindario ayudaban a sustentar más especies de mariposas. La cobertura forestal fue el único tipo de cobertura terrestre que consistentemente predijo una mayor diversidad por sí solo. Sin embargo, el factor más poderoso fue la presencia de espacios verdes desarrollados y abiertos. Los datos mostraron que la diferencia en la diversidad de mariposas entre vecindarios ricos y pobres no es un hecho inmutable de la naturaleza, sino una consecuencia de cómo se construyeron y mantuvieron esos vecindarios. Los investigadores descartaron la idea de que los resultados se debieran simplemente a que había menos personas buscando mariposas en las zonas más pobres o a la presencia de una única especie migratoria como la Monarca. Incluso cuando eliminaron los registros de la Monarca o ajustaron por el número de observadores, el patrón permaneció: las zonas de redlining tenían menos diversidad, y esto estaba vinculado a la falta de espacios verdes.

Este hallazgo ofrece un camino específico para solucionar el problema. Debido a que la brecha de diversidad es impulsada por la falta de espacios verdes abiertos, la solución reside en el reverdecimiento urbano. Plantar flores y árboles nativos en los vecindarios que anteriormente sufrieron el redlining podría restaurar la diversidad de las mariposas y proporcionar los servicios ecosistémicos que sus residentes actualmente carecen. Esto no solo ayudaría a los insectos, sino que también enfriaría las ciudades, mejoraría la calidad del aire y ofrecería a los residentes de estas comunidades los beneficios mentales de la naturaleza. El estudio demuestra que las cicatrices ecológicas de la injusticia social son visibles en las alas de una mariposa, pero también son sanables. Al comprender cómo la historia moldeó el paisaje físico, los planificadores urbanos y las comunidades pueden ahora dirigir sus esfuerzos para reparar el medio ambiente donde más se necesita, convirtiendo el legado del redlining en una oportunidad para la renovación ecológica.

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