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Climate-smart healthcare waste management in urban primary health care facilities in Abuja, Nigeria: A situation analysis, proof-of-concept comparative baseline assessment of environmental sustainability practices and system readiness across four facilities

Este estudio de prueba de concepto que evalúa cuatro centros de atención primaria de salud en Abuja, Nigeria, revela que, si bien la segregación de residuos es mayoritariamente funcional, las brechas críticas en el tratamiento y la eliminación —específicamente la dependencia de la quema a cielo abierto y la falta de energía renovable— resultan en riesgos ambientales y climáticos significativos, validando así la necesidad de la intervención propuesta por ClimateSENSE para mejorar las prácticas de gestión de residuos climáticamente inteligentes.

Autores originales: Glory Nwakaogor, Dominic Gulak, Loveth Metiboba, Joshua Ogundairo, Onche Ogbole, Adedayo Odukoya, Fatimah Howeidy, Gift Abudar, David Akpan, Ota Akhigbe, Atef Fawaz, Nemi Ishaku

Publicado 2026-09-09
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Glory Nwakaogor, Dominic Gulak, Loveth Metiboba, Joshua Ogundairo, Onche Ogbole, Adedayo Odukoya, Fatimah Howeidy, Gift Abudar, David Akpan, Ota Akhigbe, Atef Fawaz, Nemi Ishaku

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada día, las clínicas de atención primaria en ciudades como Abuja, Nigeria, atienden pacientes, reciben bebés y realizan pruebas de laboratorio. Este trabajo esencial genera un flujo constante de desechos médicos, que van desde vendajes usados y frascos de medicinas vacíos hasta agujas afiladas y guantes contaminados. Aunque gran parte de esta basura es inofensiva, una parte significativa es peligrosa. Si no se maneja correctamente, puede propagar enfermedades a las personas que la recolectan, a los pacientes que visitan la clínica y a la comunidad circundante. Más allá del riesgo inmediato de infección, la forma en que se eliminan estos desechos tiene un impacto creciente en el planeta. En muchos entornos de bajos recursos, la forma más común de deshacerse de la basura médica es quemarla en pozos abiertos. Esta práctica libera humos tóxicos y gases de efecto invernadero al aire, contribuyendo al cambio climático y a la contaminación del aire local. A medida que la comunidad de salud global reconoce cada vez más que la lucha contra las enfermedades y la protección del clima son objetivos vinculados, existe una necesidad urgente de comprender cómo gestionan actualmente sus desechos estas clínicas y dónde podrían estar fallando.

Un equipo de investigadores de eHealth Africa recientemente entró en este vacío para observar de cerca cuatro instalaciones de atención primaria en Abuja. Su objetivo no era encuestar a todas las clínicas de la región, sino probar una nueva forma de medir qué tan preparadas están estas instalaciones para manejar los desechos de manera segura y sostenible. Querían ver si una lista de verificación estructurada podía revelar las fortalezas y debilidades ocultas del sistema, desde el momento en que se crea un desecho hasta el momento en que es destruido. Los investigadores visitaron cuatro clínicas distintas: dos centros gestionados por el gobierno en zonas periurbanas concurridas, uno en un barrio de menor densidad y una clínica privada operada por la propia organización de investigación. A lo largo de su evaluación, observaron cómo trabajaba el personal, entrevistaron a médicos y limpiadores, revisaron libros de registro e inspeccionaron los espacios físicos donde se almacenaban y trataban los desechos. Buscaron desde la disponibilidad de contenedores codificados por colores hasta la funcionalidad de las máquinas diseñadas para esterilizar materiales peligrosos.

El estudio reveló un sistema que funciona bien en algunos lugares pero que falla en los momentos más críticos. Las clínicas fueron sorprendentemente buenas en los primeros pasos del proceso. El personal generalmente sabía cómo separar diferentes tipos de desechos, y los contenedores codificados por colores solían estar disponibles en el punto de atención. Los objetos punzantes, como las agujas, se mantenían mayoritariamente en recipientes a prueba de perforaciones. Sin embargo, a medida que los desechos avanzaban más en la cadena, el sistema flaqueaba. Los investigadores descubrieron que, si bien algunas instalaciones tenían máquinas llamadas autoclaves —dispositivos que utilizan vapor y presión para matar gérmenes en los desechos médicos—, muchas de estas máquinas estaban rotas o no se utilizaban correctamente. En varias clínicas, el equipo estaba presente pero silencioso, o el personal carecía de la capacitación y los libros de registro necesarios para asegurar que el proceso de esterilización estuviera realmente funcionando. Sin una forma fiable de tratar los desechos, las instalaciones se veían obligadas a depender de la única opción disponible para ellas: la quema.

La quema a cielo abierto fue el método principal de eliminación en tres de las cuatro clínicas. Los investigadores observaron marcas de hollín y residuos de ceniza que confirmaron que esta era una práctica rutinaria y diaria, en lugar de una medida de emergencia ocasional. Lo que hizo esto particularmente peligroso fue que los desechos que se quemaban eran a menudo una mezcla de plásticos, caucho y materiales orgánicos, y el personal utilizaba aceleradores de combustible como gasolina o aceite de motor usado para iniciar los fuegos. Esta combinación libera un cóctel de sustancias químicas tóxicas al aire. El estudio también destacó un gran punto ciego: las clínicas simplemente no sabían cuántos desechos producían. La mayoría de las instalaciones no pesaban su basura ni llevaban registros del volumen que generaban. Cuando los investigadores intentaron estimar la cantidad de dióxido de carbono que estas clínicas liberaban a la atmósfera basándose en el número de pacientes que atendían, los resultados fueron desoladores. Las cuatro instalaciones emitieron aproximadamente 7,7 toneladas de dióxido de carbono al año solo por sus desechos. Esta cifra se basó en un cálculo estándar, pero los investigadores señalaron que las propias suposiciones de las clínicas sobre sus volúmenes de desechos eran sumamente inconsistentes y poco fiables, lo que sugiere que el impacto ambiental real podría ser incluso más difícil de rastrear de lo que se piensa actualmente.

A pesar de estas brechas significativas, el estudio ofreció un rayo de esperanza al mostrar que un mejor desempeño es posible dentro del mismo contexto. Una de las clínicas privadas, que contaba con más recursos y un equipo de gestión dedicado, obtuvo una puntuación mucho más alta en la evaluación de preparación. Esta instalación tenía equipos de tratamiento funcionales, llevaba registros de sus desechos e incluso comenzó a rastrear sus emisiones de carbono. Demostró que, con el apoyo adecuado, un centro de atención primaria en Abuja puede gestionar sus desechos de una manera que proteja tanto a las personas como al planeta. Los investigadores concluyeron que los mayores fallos no se debían a la falta de conocimiento entre el personal, sino a la falta de infraestructura funcional y sistemas fiables. Las clínicas tenían las herramientas para separar los desechos, pero carecían de las herramientas para tratarlos de forma segura sin recurrir a la quema.

Los hallazgos sugieren que solucionar este problema requiere más que solo capacitación; requiere un cambio estructural. Los investigadores están diseñando ahora una intervención que proporcionará autoclaves alimentados por energía solar para reemplazar la dependencia de la quema a cielo abierto. Al utilizar energía renovable para alimentar las máquinas de esterilización, el proyecto pretende reducir tanto los riesgos para la salud como la huella de carbono de estas clínicas. El estudio también enfatiza la necesidad de mejores datos. Hasta que las clínicas comiencen a pesar y registrar sus desechos, será imposible medir el progreso o exigir responsabilidades a los sistemas. Esta mirada inicial a cuatro instalaciones sirve como una prueba de concepto, demostrando que una auditoría detallada puede señalar exactamente dónde está fallando el sistema. Muestra que, si bien la realidad actual involucra fuegos abiertos y máquinas rotas, un futuro más limpio, seguro y climáticamente inteligente está al alcance si se realizan las inversiones adecuadas en la infraestructura que se sitúa entre el paciente y el cubo de la basura.

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