← Últimos artículos
📄 social_science

Sacred Ground and Suspect Neighbor: The Misaligned Memory of 9/11 in American Civil Religion and American Muslim Thought

Este artículo sostiene que la memoria pública estadounidense del 11 de septiembre como un evento de religión civil sacralizado y la memoria musulmana estadounidense de este como el origen de una securitización racializada están estructuralmente desalineadas, centrándose respectivamente en los muertos santificados y los vivos sospechosos, y propone el pluralismo de pacto como un marco para reconciliar estas narrativas divergentes.

Autores originales: Iqbal Akhtar

Publicado 2026-10-08
📖 8 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Iqbal Akhtar

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada nación tiene historias que se cuenta a sí misma sobre quién es y qué significa pertenecer. En los Estados Unidos, una de las más poderosas de estas historias se centra en los ataques del 11 de septiembre de 2001. Para la gran mayoría de los estadounidenses, ese día se recuerda como un momento de duelo compartido y unidad nacional, un evento sagrado que unió a la gente para honrar a los muertos y reafirmar su compromiso mutuo. Esta forma de recordar funciona como una religión civil, un conjunto de rituales y símbolos compartidos que mantienen unida a una sociedad. Implica visitar sitios conmemorativos, leer los nombres de las víctimas y tratar fragmentos de las torres destruidas como reliquias sagradas. Estos actos tienen como fin sanar a una comunidad herida y definir su futuro.

Sin embargo, para muchos musulmanes estadounidenses, el recuerdo de ese mismo día cuenta una historia diferente. Si bien comparten la conmoción y la tristeza de los ataques, su experiencia se define menos por la unidad nacional y más por una súbita e intensa ola de sospecha. En su visión, el 11 de septiembre marcó el inicio de una era en la que fueron tratados como posibles enemigos en lugar de conciudadanos. Se enfrentaron a una mayor vigilancia, requisitos de registro especiales y un clima de miedo que los etiquetó como una amenaza para la seguridad. Esto crea un profundo desencuentro: dos grupos que viven en el mismo país, recordando el mismo evento histórico, pero viendo dos realidades completamente diferentes. Uno ve un momento de pérdida sagrada; el otro ve el origen de su propia persecución.

Este artículo explora ese desencuentro, argumentando que estas dos formas de recordar no son solo opiniones diferentes, sino que están estructuralmente desalineadas. El autor, Iqbal Akhtar, sugiere que la memoria estadounidense convencional se centra en la santidad de los muertos, convirtiendo la tragedia en una fuente de fortaleza nacional. En contraste, la memoria dominante dentro del pensamiento musulmán estadounidense se centra en la sospecha hacia los vivos, convirtiendo la tragedia en una fuente de miedo racializado. Debido a que estas memorias se centran en cosas distintas, a menudo no logran verse entre sí. Cuando los estadounidenses se reúnen para el duelo, muchos musulmanes sienten que están siendo vigilados como sospechosos. Cuando los musulmanes se manifiestan contra esa sospecha, muchos estadounidenses sienten que ellos se niegan a unirse al duelo nacional. Este malentendido mutuo impide un sentido compartido de pertenencia.

Para entender cómo sucede esto, el autor analiza cómo se construyen las memoridades. Los sociólogos explican que un evento traumático no se convierte automáticamente en una memoria compartida; debe ser construido por grupos de personas que deciden qué significa el evento, quiénes son las víctimas y quién es el responsable. En el caso del 11 de septiembre, diferentes grupos han construido memorias distintas. La memoria convencional fue construida por instituciones como el gobierno, los medios de comunicación y las organizaciones conmemorativas, que crearon una narrativa de sacrificio y heroísmo. La memoria musulmana fue construida por académicos, abogados y grupos de defensa que documentaron el aumento de la islamofobia y la expansión de las medidas de seguridad que afectaron a sus comunidades. Ambas memorias se basan en hechos reales, pero están organizadas en torno a prioridades diferentes.

El artículo examina cuatro ejemplos específicos para mostrar cómo este desalineamiento se manifiesta en la vida real. El primero es la controversia sobre Park51, un centro comunitario planeado cerca del sitio del World Trade Center en 2010. Sus opositores lo llamaron la "mezquita de Ground Zero" y argumentaron que construirlo allí sería profanar el suelo sagrado. Para ellos, el sitio era un lugar santo que necesitaba protección de cualquier cosa que pudiera ofender la memoria de los muertos. Para la comunidad musulmana y sus defensores, el tema era la libertad religiosa y el derecho a construir un lugar de culto sin ser tratados como una amenaza. Ambos bandos discutían sin entenderse porque miraban el mismo trozo de tierra con lentes completamente distintos: uno veía un tumba sagrada, el otro un derecho civil.

El segundo ejemplo analiza los discursos y rituales que ocurren cada año en el aniversario de los ataques. Estas ceremonias suelen utilizar un estilo de narración "dualista", que enmarca el evento como una batalla entre el bien y el mal. En esta versión de la historia, debe haber un enemigo, y ese enemigo ha sido a menudo confundido con el Islam. Esto hace que sea muy difícil para los musulmanes sentirse parte del círculo de dolientes, porque la historia los define como la sombra contra la cual se mide la unidad de la nación. Sin embargo, el autor señala que existe otra forma en que se cuentan estas ceremonias, una que se centra en la pérdida compartida y la finitud humana en lugar de en los enemigos. Este estilo de narración "trágico" existe dentro de las mismas ceremonias, pero suele pasarse por alto, a pesar de que podría permitir a los musulmanes participar como co-dolientes sin tener que estar de acuerdo con las narrativas políticas que siguieron a los ataques.

El tercer caso involucra las piezas de acero del World Trade Center que fueron distribuidas a estaciones de bomberos, departamentos de policía y pueblos de todo el país. Estos fragmentos de metal se han convertido en reliquas locales, tratadas con reverencia y exhibidas en ceremonias que refuerzan los lazos comunitarios. Para la gente de estos pueblos, el acero es un símbolo de fortaleza y un recordatorio de la tragedia nacional. Pero debido a que la memoria de estas reliquias está tan ligada al estado de seguridad y a la narrativa de la Guerra contra el Terrorismo, las comunidades musulmanas estadounidenses se han mantenido mayoritmente alejadas de ellas. No han visto estas ceremonias locales como lugares donde sean bienvenidos, y las comunidades locales rara vez los han invitado. El resultado es que el vecino musulmán permanece ausente de estos momentos de duelo compartido, reforzando la idea de que son extraños.

El cuarto y quizás más conmovedor ejemplo es la historia de Mohammad Salman Hamdani, un joven pakistaní-estadounidense que murió mientras intentaba ayudar en el World Trade Center. Era un cadete de policía y técnico de emergencias médicas que corrió hacia el peligro. Sin embargo, a pesar de su heroísmo, su historia suele estar ausente de la narrativa principal nacional del sacrificio. Una ley federal que condenaba la discriminación contra los musulmanes también lo nombró como un héroe, creando una extraña contradicción: el mismo sistema legal que expandió la vigilancia contra los musulmanes también intentó honrar a uno de los suyos. Esto resalta el problema central: la memoria convencional lucha por encajar un cuerpo musulmán en su historia de sacrificio, mientras que la memoria musulmana, centrada en la sospecha hacia los vivos, no siempre ha encontrado la manera de reclamar plenamente a los muertos como parte de su propia historia.

El autor argumenta que esta división no es solo un malentendido, sino una barrera para una sociedad sana. Cuando los musulmanes son vistos únicamente como sospechosos, quedan excluidos del duelo compartido que une a una nación. Cuando la corriente principal ignora la realidad de esa sospecha, no logra ver la verdad completa de la tragedia. El artículo sugiere un camino a seguir basado en la idea del "pluralismo de pacto" (covenantal pluralism), que es un marco para vivir juntos en una diversidad profunda. Este enfoque pide trabajo a ambas partes. Pide a los musulmanes estadounidenses que reconozcan la naturaleza sagrada del duelo nacional y que se vean a sí mismos como participantes en ese dolor, no solo como críticos del estado de seguridad. Pide a la corriente principal que reconozca que los musulmanes también fueron víctimas y héroes en ese día, y que su presencia en el círculo de dolientes es un derecho, no una concesión.

En última instancia, el artículo propone que un recuerdo compartido es posible si ambos bandos pueden sostener dos verdades a la vez. Es posible recordar que los musulmanes estuvieron entre los muertos y los rescatistas, y también recordar que fueron erróneamente señalados como sospechosos. Esto no requiere elegir una historia sobre la otra. En cambio, requiere una nueva forma de mirar el pasado que reconozca simultáneamente el dolor de la nación y el dolor de la comunidad. Al abrazar una visión "trágica" del evento —una que se centre en la pérdida compartida en lugar de en los enemigos—, los estadounidenses y los musulmanes estadounidenses podrían finalmente encontrar una manera de llorar juntos, reconociéndose mutuamente como vecinos y coherederos de una historia compartida, rota, pero aún esperanzadora.

¿Ahogado en artículos de tu campo?

Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.

Probar Digest →