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Beavers and marmots in a Neanderthal cave palimpsest: small-prey consumption at Valdegoba Cave (Burgos, Spain)

Este estudio presenta un análisis zooarqueológico de un rico conjunto de roedores de gran tamaño de la Cueva de Valdegoba, demostrando que, si bien la acumulación fue el resultado de una mezcla compleja de procesos naturales y de carnívoros, la presencia de marcas de corte en castores y marmotas proporciona evidencia excepcional de la explotación neandertal de estas especies de presas de tamaño mediano durante la transición del final del MIS 6 al principio del MIS 5.

Autores originales: Ona Redon, J. Carlos Díez, César Laplana

Publicado 2026-10-15
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Autores originales: Ona Redon, J. Carlos Díez, César Laplana

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Durante décadas, la historia de la supervivencia de los neandertales se ha contado a través del prisma de la caza de grandes animales. Los imaginamos rastreando manadas de ciervos o bisontes a través de las llanuras abiertas, dependiendo de estas presas masivas para obtener la mayor parte de sus calorías. Este enfoque en la caza mayor ha creado un punto ciego en nuestra comprensión de su dieta, dejando un vacío entre los animales grandes bien documentados y las criaturas diminutas como conejos, aves y tortugas que sabemos que también comían. La pregunta sigue siendo: ¿llenaron alguna vez el término medio? ¿Cazaron o procesaron regularmente animales que eran demasiado pequeños para ser un objetivo principal pero demasiado grandes para ser un mero bocadillo? Comprender esto nos ayuda a ver a los neandertales no solo como cazadores de piezas mayores, sino como recolectores flexibles que podían adaptar su dieta a lo que el paisaje ofreciera, una habilidad que habría sido crucial para sobrevivir a los duros y cambiantes climas de la Edad de Hielo.

En una cueva situada en lo alto de las montañas del norte de España, investigadores han hallado evidencia de que los neandertales, en efecto, recurrieron al término medio. En la Cueva de Valdegoba, un equipo de científicos descubrió una colección mixta de huesos pertenecientes a dos roedores muy diferentes: el castor europeo y la marmota alpina. Estos no son los ratones o topillos diminutos que se encuentran a menudo en sitios antiguos, ni son los enormes ungulados que dominan el registro arqueológico. En cambio, representan una clase de tamaño que había sido ampliamente pasada por alto. El estudio revela que, si bien estos animales no eran el plato principal para los neandertales que vivían allí, formaban parte del menú. Los investigadores hallaron pruebas directas de que los humanos habían procesado estos animales, cortando su carne y piel, añadiendo una nueva capa de complejidad a nuestra imagen de cómo vivían estas personas antiguas.

La propia cueva, situada cerca del pueblo de Huérmeces en Burgos, se encuentra en un estrecho cañón tallado por un río. Alberga capas de tierra y piedra que se remontan a un tiempo de hace aproximadamente 140.000 a 120.000 años, un periodo en el que el clima oscilaba entre fases frías y otras ligeramente más cálidas. Durante años, los arqueólogos han sabido que los neandertales vivieron aquí, dejando tras de sí herramientas de piedra y los huesos de rebecos, conejos y aves. Pero cuando el equipo comenzó a clasificar los restos de animales, encontró algo inusual: una cantidad significativa de huesos de castor y de marmota. La colección era sorprendentemente rica, conteniendo 171 fragmentos identificables de castor y 60 de marmota. No se trataba de un evento único donde un animal murió; era un palimpsesto, una compleja estratificación de la historia donde diferentes fuerzas habían llevado a estos animales a la cueva a lo largo del tiempo.

El desafío para los investigadores consistía en averiguar quién trajo estos animales allí. Las cuevas son trampas naturales. Los castores viven cerca del agua y no hibernan, por lo que encontrar sus huesos en una cueva suele significar que un depredador los arrastró hacia adentro, o que una inundación los llevó allí. Las marmotas, por el contrario, viven en madrigueras y hibernan durante meses. A menudo mueren en sus hogares subterráneos, y sus cuerpos pueden terminar en cuevas mediante colapsos naturales o al ser transportados por otros animales. El equipo tuvo que desentrañar si estos huesos estaban allí debido a una muerte natural, por depredadores como lobos o hienas, o si los neandertales los habían traído para comer.

La respuesta residía en los detalles de los propios huesos. Los investigadores examinaron cada superficie en busca de signos de cómo murieron los animales y qué ocurrió con ellos después. Descubrieron que los huesos de castor mostraban signos de haber sido masticados por carnívoros, con marcas de dientes y hoyos que coincidían con la mordida de zorros y otros depredadores más grandes. Algunos huesos incluso mostraban signos de haber sido digeridos, lo que sugiere que habían pasado por el estómago de un depredador. Los huesos de marmota, sin embargo, consistían principalmente en cráneos y dientes, con muy pocas partes del cuerpo, un patrón que ocurre frecuentemente cuando los animales mueren naturalmente en una madriguera y solo se recuperan parcialmente. Pero entre esta mezcla de actividad natural y de carnívoros, el equipo encontró la prueba irrefutable: marcas de corte.

En algunos huesos específicos, los investigadores vieron líneas claras talladas en el hueso por una herramienta de piedra afilada. Estas marcas se encontraron en un hueso de la pata de un castor, un hueso de la cadera y una mandíbula, así como en una mandíbula de marmota. Cuando observaron estas marcas bajo un microscopio potente, vieron pequeños rasguños y formas específicas que solo pueden ser hechas por un cuchillo humano, no por un diente o una roca. Estas marcas estaban situadas en lugares donde una persona desollaría un animal o cortaría la carne del hueso. Esto proporcionó evidencia directa e innegable de que los neandertales habían procesado tanto al castor como a la marmota. Fue la primera vez que se encontró una evidencia tan clara del procesamiento neandertal de estos dos animales específicos juntos en el mismo sitio.

El estudio también analizó las edades de los animales para ver si los neandertales los cazaban de forma selectiva. Para los castores, los huesos pertenecían a una mezcla de animales jóvenes y adultos, con una concentración de aquellos de alrededor de dos años. Esta es la edad en la que los castores jóvenes abandonan sus grupos familiares para buscar su propio territorio, un momento en el que podrían ser más vulnerables ante los cazadores. Para las marmotas, los huesos pertenecían principalmente a adultos mayores y ejemplares muy jóvenes, un patrón que se asemeja más a la muerte natural a lo largo del tiempo que a una caza dirigida. Esto sugiere que, si bien los neandertales aprovechaban estos animales, no se especializaban en ellos. No tenían una granja de castores o una caza de marmotas; eran oportunistas. Tomaban lo que estaba disponible, quizás cuando un castor era capturado cerca del río o una marmota era hallada en una madriguera, añadiendo una fuente valiosa de carne y piel a su dieta sin que fuera su foco principal.

La presencia de estos animales también cuenta una historia sobre el paisaje alrededor de la cueva en aquel tiempo. Los castores necesitan ríos permanentes y vegetación exuberante en las orillas, mientras que las marmotas necesitan laderas rocosas abiertas y praderas. Encontrar ambos en la misma cueva indica que los neandertales vivían en un entorno diverso que ofrecía tanto zonas boscosas y húmedas como colinas secas y abiertas. Esta variedad de hábitats habría sustentado una amplia gama de fuentes de alimento, permitiendo a los neandertales ser flexibles en sus elecciones.

En última instancia, esta investigación completa una pieza faltante en el rompecabezas de la vida neandertal. Muestra que su dieta no se limitaba a los animales más grandes o a los bocadillos más pequeños. Eran capaces de explotar presas de tamaño medio, utilizando herramientas de piedra para procesar castores y marmotas tal como hacían con ciervos y conejos. La evidencia de la Cueva de Valdegoba sugiere que estas personas antiguas eran hábiles leyendo su entorno y utilizando cada recurso que podían encontrar. No dependían de una única estrategia para la supervivencia; en cambio, se adaptaron al complejo y cambiante mundo que las rodeaba, convirtiendo incluso a los grandes roedores de la Edad de Hielo en parte de su sustento diario.

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