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📄 ciencias de la Tierra

Urban green space research, knowledge gaps and opportunities for advancing nature-based solutions: Lessons from Bangladesh

Este artículo analiza la disminución de los espacios verdes urbanos en Bangladesh impulsada por la rápida urbanización, identifica brechas críticas de conocimiento y deficiencias en las políticas para el avance de las Soluciones basadas en la Naturaleza, y propone cinco estrategias integrales —que abarcan la planificación, la política, la colaboración, la equidad y la ciencia— para guiar futuras mejoras.

Autores originales: Ronju Ahammad, Maruf Rahman Maxim, Arif M. Faisal, Panna Husnain

Publicado 2026-10-23
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Ronju Ahammad, Maruf Rahman Maxim, Arif M. Faisal, Panna Husnain

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Las ciudades están creciendo más rápido que nunca, devorando la tierra que las rodea para hacer espacio para viviendas, carreteras y fábricas. A medida que estas selvas de concreto se expanden, a menudo desplazan al mundo natural: los árboles, la hierba, los humedales y los espacios abiertos que antes refrescaban el aire y absorbían la lluvia. Esta pérdida crea un problema específico conocido como el efecto de isla de calor urbana, donde una ciudad se vuelve significativamente más caliente que el campo circundante porque el concreto y el asfalto atrapan el calor mientras que la falta de vegetación impide el enfriamiento. Para combatir esto, los científicos y planificadores están mirando cada vez más hacia las soluciones basadas en la naturaleza. Estas son estrategias que utilizan sistemas vivos —como plantar árboles, restaurar humedales o crear techos verdes— para resolver problemas ambientales, en lugar de depender únicamente de máquinas o estructuras de concreto. La idea es que, al tejer la naturaleza de nuevo en la ciudad, podemos reducir las temperaturas, gestionar las aguas de inundación y mejorar la calidad de vida de todos los que viven allí. Sin embargo, aunque este enfoque se comprende bien en las naciones ricas, existe una brecha significativa de conocimiento sobre cómo funciona en los países en desarrollo, donde la presión por construir es inmensa y los recursos para gestionar la naturaleza suelen ser escasos.

Un equipo de investigadores de la Universidad Charles Darwin y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo decidió llenar este vacío analizando de cerca a Bangladesh, una de las naciones más densamente pobladas y que se urbaniza más rápidamente en la Tierra. Querían entender exactamente cómo están cambiando sus espacios verdes, qué está impulsando esos cambios y si los esfuerzos actuales son suficientes para proteger el medio ambiente y a las personas que viven allí. Para hacer esto, no salieron a medir árboles en persona; en su lugar, recopilaron y analizaron docenas de estudios científicos e informes existentes sobre los espacios verdes urbanos en Bangladesh. Se centraron en las principales ciudades, incluyendo Dhaka, Chittagong y Khulna, para ver el panorama general de lo que ha estado sucediendo durante las últimas décadas.

La imagen que surgió de su análisis es desoladora. Los investigadores descubrieron que, a medida que las ciudades de Bangladesh han crecido, sus espacios verdes se han reducido drásticamente. En la parte norte de Dhaka, por ejemplo, la cantidad de vegetación que cubría la tierra cayó hasta un 66 por ciento entre 1990 y 2022, mientras que el área urbana construida se expandió un 95 por ciento. En Chittagong, el área construida de la ciudad creció un 18 por ciento en un solo año, reemplazando campos y humedales con edificios. Esta tendencia no se trata solo de perder unos pocos parques; es un cambio fundamental donde los paisajes naturales están siendo pavimentados para acomodar a una población en auge y nuevas industrias. Los impulsores son claros: la gente necesita vivienda, las empresas necesitan espacio y el gobierno está construyendo carreteras e infraestructura. Desafortunadamente, esta expansión ocurre a menudo sin un plan que proteja las áreas verdes restantes, lo que lleva a una situación en la que solo alrededor del 16 por ciento del área total de Dhaka está cubierta por vegetación, muy por debajo del 17 por ciento necesario para una ciudad sostenible.

Las consecuencias de esta pérdida ya se están sintiendo en el entorno físico y en la vida diaria de los residentes. Los investigadores descubrieron que, a medida que la cubierta verde desaparece, la temperatura de la superficie de la ciudad aumenta. En Dhaka, el efecto de isla de calor se ha intensificado, con temperaturas diurnas que han subido significativamente. En Khulna, la temperatura media de la superficie aumentó dos grados Celsius en veinte años, y para 2020, más de la mitad de la ciudad experimentaba temperaturas superiores a los 33 grados Celsius, una condición que no existía en el año 2000. Este calor no se distribuye de manera equitativa. El estudio destacó que los barrios más pobres, que a menudo son asentamientos informales con la menor cantidad de árboles y espacios abiertos, son los que más sufren. Estas áreas, que frecuentemente se encuentran en zonas bajas o en colinas inestables, enfrentan una doble amenaza: son los lugares más calurosos de la ciudad y son los más vulnerables a las inundaciones y deslizamientos de tierra. La falta de espacio verde significa que estas comunidades pierden la sombra refrescante, el aire limpio y el alivio mental que la naturaleza proporciona, profundizando la desigualdad entre ricos y pobres.

A pesar de estos peligros evidentes, los investigadores encontraron que las soluciones que se discuten actualmente en Bangladesh son a menudo demasiado pequeñas o demasiado simbólicas para marcar una diferencia real. Si bien algunos estudios mencionan los jardines en las azoteas o las paredes verdes verticales como ideas útiles, estas prácticas aún no son generalizadas ni cuentan con reglas sólidas de apoyo. La literatura existente sugiere que plantar un jardín en un techo puede bajar la temperatura de un edificio y ahorrar energía, pero estos esfuerzos siguen siendo experimentos aislados en lugar de una estrategia a nivel de toda la ciudad. Los autores argumentan que el enfoque actual está perdiendo la visión de conjunto. Existe una falta de conocimiento detallado sobre cómo la urbanización está cambiando el paisaje en los pueblos más pequeños y en las áreas justo fuera de las grandes ciudades. Además, no hay una política clara y unificada que indique a los planificadores urbanos cómo equilibrar la necesidad de nuevos edificios con la necesidad de mantener viva la naturaleza. La ciencia existe para demostrar que los espacios verdes funcionan, pero ese conocimiento no se está utilizando para guiar las decisiones de la manera en que debería.

Para avanzar, los investigadores proponen cinco cambios clave que podrían ayudar a Bangladesh y a otras naciones en desarrollo a cambiar el rumbo. Primero, las ciudades necesitan integrar la planificación de espacios verdes desde el inicio de cualquier proyecto de desarrollo, en lugar de intentar añadirla después. Esto significa crear reglas estrictas que protejan los humedales y los bosques de ser pavimentados. Segundo, el gobierno necesita crear políticas que incentiven a las personas a mantener la naturaleza en sus tierras, quizás ofreciendo beneficios fiscales a quienes planten árboles o mantengan techos verdes. Tercero, diferentes grupos que usualmente trabajan por separado —como el departamento de silvicultura, los planificadores urbanos y las agencias ambientales— deben trabajar juntos para crear un plan unificado. Cuarto, las necesidades de los residentes más pobres deben colocarse en el centro de estos planes, asegurando que los espacios verdes se construyan donde más se necesitan para enfriar los barrios más calurosos. Finalmente, las decisiones deben basarse en datos sólidos, utilizando imágenes satelitales y monitoreo científico para rastrear los cambios en la temperatura y la vegetación, de modo que los líderes puedan ver el problema claramente y actuar antes de que sea demasiado tarde. El estudio concluye que, si bien el desafío es inmenso, el camino a seguir es claro: si las ciudades quieren sobrevivir y prosperar, deben aprender a crecer con la naturaleza, no solo sobre ella.

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