← Últimos artículos
📄 ciencias de la Tierra

A delivery gap in electricity grid expansion

Este artículo analiza un nuevo conjunto de datos de más de 900 inversiones en transmisión europeas para revelar que los retrasos administrativos y la tendencia a tratar los proyectos como opcionales en lugar de comprometidos han causado que los plazos de puesta en servicio superen las estimaciones oficiales en un promedio de 4,1 años, resultando además en altas tasas de cancelación, lo que infla las carteras de inversión y socava la fiabilidad de los planes de expansión de la red necesarios para alcanzar los objetivos climáticos de 2040.

Autores originales: Damiano Alessi, Behnam Zakeri, Kavita Surana

Publicado 2026-10-07
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Damiano Alessi, Behnam Zakeri, Kavita Surana

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El mundo está intentando cambiar la forma en que produce y utiliza la energía. El objetivo es alejarse de la quema de combustibles fósiles y avanzar hacia la energía limpia, como la eólica y la solar. Este cambio requiere una actualización masiva de la red eléctrica, la vasta red de cables y torres que transporta la electricidad desde donde se genera hasta donde se utiliza. Para que esta transición funcione, deben construirse nuevas líneas eléctricas para conectar los parques eólicos y los campos solares remotos con las ciudades y las fábricas. Sin embargo, construir estas líneas no es solo cuestión de tender cables; es un viaje legal y administrativo complejo que atraviesa muchos pueblos, regiones y países. Si la red no se construye lo suficientemente rápido, la energía limpia que debe transportar no tendrá a dónde ir, dejando fuera de alcance los objetivos climáticos.

Un nuevo estudio de investigadores de Viena ha analizado de cerca cuánto tiempo toma realmente este proceso en Europa, la región con la planificación de red más avanzada y coordinada del mundo. Al examinar más de 900 proyectos de inversión específicos planificados durante un periodo de 16 años, el equipo descubrió una brecha significativa entre lo que los funcionarios dicen que sucederá y lo que realmente se construye. Encontraron que el tiempo promedio para tener una nueva línea de transmisión lista para su uso es de aproximadamente 14,1 años, lo cual es significativamente más largo que las estimaciones oficiales de 10 años. Más importante aún, descubrieron que el acto físico de construir la línea toma menos de tres años. La gran mayoría del tiempo —más del 70 por ciento— se dedica al papeleo, la planificación y la obtención de permisos de diversas autoridades.

Los investigadores no solo observaron proyectos terminados; rastrearon todo el ciclo de vida de estas inversiones, desde el momento en que se consideraron por primera vez hasta el día en que fueron completadas o abandonadas. Encontraron que el proceso está lleno de incertidumbre. Cerca del 55 por ciento de los proyectos que rastrearon enfrentaron retrasos, con un promedio de casi cinco años más allá de sus plazos originales. Más sorprendente aún, casi la mitad de todas las inversiones que fueron anunciadas y puestas en la fase de planificación fueron finalmente canceladas o retiradas antes de que pudieran construirse. Esto sugiere que la lista de proyectos actualmente en papel es mucho mayor que la lista de proyectos que realmente se entregarán.

Una de las razones clave para esta alta tasa de cancelación es cómo las personas a cargo de construir la red abordan su trabajo. El estudio sugiere que los operadores de la red a menudo tratan estos proyectos planificados como opciones en lugar de compromisos firmes. Debido a que la ubicación futura de las plantas de energía y la demanda de electricidad son inciertas, los operadores aseguran el derecho a construir una línea, pero esperan a ver si las condiciones son las adecuadas antes de gastar el dinero para hacerlo realmente. Si las condiciones cambjan o el proyecto se vuelve demasiado difícil, dejan que la opción expire y cancelan el plan. Si bien esto protege a los operadores del riesgo financiero, crea una imagen engañosa para todos los demás. Los planes oficiales muestran una cartera de capacidad futura que parece robusta, pero en realidad, una gran parte de esa capacidad podría no materializarse nunca.

El estudio también analizó por qué se estancan los proyectos. Aunque la oposición pública y las preocupaciones ambientales se citan a menudo como grandes obstáculos, los datos mostraron que los mayores retrasos ocurren al principio, durante las fases de planificación y permisos. Incluso cuando los proyectos son transfronterizos, lo que normalmente implica un mayor nivel de coordinación política, siguen enfrentando retrasos significativos. Los investigadores señalaron que los cambios recientes en las leyes europeas destinadas a acelerar el proceso han ayudado, pero no han sido suficientes para superar la lentitud estructural del sistema. El tiempo de espera para las aprobaciones es tan largo que crea un cuello de botella, impidiendo que la red se expanda lo suficientemente rápido para satisfacer las necesidades urgentes de la transición energética.

Las consecuencias de estos retrasos no son solo teóricas; tienen costos económicos y ambientales reales. Los investigadores calcularon que, si la actual tasa de fracaso y retraso continúa, el mundo podría perder cientos de miles de millones de euros en bienestar económico para el año 2040. También significaría que una cantidad masiva de energía limpia, equivalente a todo el consumo eléctrico de la Unión Europea en un solo año, se desperdiciaría porque no hay una red para transportarla. Además, la incapacidad de construir la infraestructura necesaria obligaría al uso continuo de combustibles fósiles, lo que provocaría un aumento significativo en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esta investigación resalta una falla crítica en la forma en que planeamos el futuro. El sistema actual depende de cronogramas optimistas que no tienen en cuenta la alta probabilidad de que los proyectos sean retrasados o cancelados. Los autores argumentan que necesitamos cambiar la forma en que vemos estos planes de inversión. En lugar de tratar la lista de proyectos anunciados como una garantía de capacidad futura, deberíamos tratarla como una lista de posibilidades, muchas de las cuales no sucederán. Para solucionar esto, sugieren que los reguladores necesitan mejores datos y reglas más estrictas. Proponen que los promotores de proyectos sean responsables de sus plazos y que el público reciba una imagen más clara y realista de lo que realmente se puede construir. Sin estos cambios, la brecha entre nuestros objetivos climáticos y nuestra capacidad para construir la infraestructura necesaria solo se ampliará, amenazando el éxito de la transición energética global.

¿Ahogado en artículos de tu campo?

Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.

Probar Digest →